abril 7, 2021

Cómo la pandemia nos dividió

A más de un año de la pandemia que ha cobrado más de 2.8 millones de vidas alrededor del mundo, recordamos que también ha dejado a México más dividido que nunca.

La división ideológica no es nada nuevo en México y en el mundo: diferencias religiosas, filosóficas y culturales han establecido barreras entre las personas. No por nada se exigen cambios en cada esquina del mundo: los seres humanos tienen opiniones, y por más que quieran estar del mismo lado, no hay una sola persona que comparta absolutamente todas las opiniones de su vecino. La pandemia no ha sido una excepción a esta regla, y ahora más que nunca, las diferencias de opinión en torno a la procedencia del virus, si existe o no, si las vacunas son legítimas o las ideas descabelladas sobre un Nuevo Orden Mundial han encontrado su lugar en los hogares y las mentes mexicanas.

Como medio de defensa, los mexicanos cambiaron su comportamiento desde el inicio. Organizaciones mundiales de la salud recomendaron prácticas de autocuidado y distanciamiento social, incluso imponiendo cuarentenas para mitigar la propagación de Covid-19. Estas medidas demostraron ser eficaces para proteger a la población, pero no fáciles de realizar. El aislamiento social causó polémica, frustración, dolor y miedo, convirtiéndose en el caldo de cultivo perfecto para las teorías conspirativas y las ideas erróneas sobre la pandemia. En tiempos de incertidumbre y turbulencia, el deseo de conocer la certeza aumenta. Las personas buscan información que les proporciona afirmación y paz, evitando ideas que no caben en su visión de realidad.

La división comenzó en cuanto el Covid-19 tocó tierra en México, forzando a los gobiernos a tomar acción y a enfrentarse a una pandemia con un sistema de salud en caos, mostrando la fea realidad que muchos de los que han pasado por el sistema han conocido, pero de la que nadie se preocupó hasta que los hospitales se vieron desbordados de pacientes en su lecho de muerte (si es que tenían la suerte de tener una cama) y faltantes de material médico y medicación adecuada. Aún con los hospitales llenos de pacientes sufriendo de Coronavirus, la gente empezó a colocarse en casillas imaginarias con etiquetas de “creo en Covid», “no creo en Covid», “creo en él pero no me importa», o en el peor de los casos, “el gobierno quiere apoderarse de nuestras vidas y controlar todos nuestros movimientos y por eso crearon este virus y la vacuna para implantarnos un chiptal y como lo dice nuestro libro religioso».

Las redes sociales se convirtieron en cámaras de eco, resonando ideas sin fundamento más allá de la especulación, pero poniendo raíz en las mentes donde el temor y la incertidumbre residen. Los humanos son seres susceptibles y los algoritmos se aprovecharon de esta debilidad para crear grupos ideológicos, fomentando la división entre quienes creen en la ciencia, y quienes creen que hay algo más allá de la verdad. El resultado: comunidades y familias polarizadas, cada quien con temor por su lado pero externalizando el miedo de formas racionales o irracionales, según su opinión.

Si bien los primeros meses de la pandemia dieron lugar a la creatividad a la hora de socializar mediante reuniones de Zoom, celebraciones a distancia y regalitos enviados a las puertas de las casas, otro sector de la sociedad mexicana se vio en problemas al enfrentar esta “nueva normalidad». En un país donde la mayoría vive en condición de pobreza, fue cruel exigirles a los ciudadanos los cuidados necesarios sin asegurar su accesibilidad a ellos. Las divisiones se hicieron cada vez más profundas y visibles al tiempo que la gente manejó a su forma la pandemia, convirtiéndose en una fuente de tensión cada vez mayor, resultando incluso en conflictos abiertos.

¿Cómo enfrentar la división que nos está dejando la pandemia en México? Quizás aún no haya una varita mágica que llegue a reparar relaciones, amistades, comunidades y regiones, pero sí hay esperanza para el futuro. Identificar objetivos en común es un buen lugar para empezar. Por ejemplo, la gran mayoría de las personas quieren mantener a sus seres queridos inmunocomprometidos a salvo y no quieren propagar el virus, y para eso existe la vacuna. Aún así, la vacuna también ha demostrado ser una fuente de tensión. Muchas personas y familias se debaten entre vacunarse o no, y es comprensible de dónde vienen estos temores cuando los algoritmos y la información falsa se han convertido en el refugio de la gente que duda de su efectividad y seguridad. Sin embargo, la ciencia habla por sí sola: la vacuna acerca la noción de una normalidad donde la tensión acerca de Covid-19 se puede dejar en el pasado.

La pandemia continúa rediseñando el sentido de identidad y comunidad de formas sin precedentes, llevando a la humanidad a un terreno social desconocido. A las personas les corresponde reflexionar estos cambios y estar atentos a las consecuencias, pensando más allá de la inmediatez. La división política y social que se ha fomentado durante el último año será una cuestión de sanación mundial, y la única forma de salir de una división que parece profundizar en México, es educando y afirmando la verdad de la mentira. Nada fácil de hacer, pero no imposible en una nación que siempre se ha caracterizado por guardar la esperanza sin límites.

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