octubre 13, 2020

Cuando Paul Simon volvió a ‘Graceland’

Creatividad, controversia y un icónico LP: Simon mira al pasado.

EXTRAÍDO DE RS110, JULIO 2012

Simon finalmente se vio cara a cara con uno de sus más acérrimos críticos. Para conmemorar el 25 aniversario de su emblemático disco Graceland, Simon voló hacia Johannesburgo, acompañado del cineasta Joe Berlinger, mejor conocido por sus cintas Metallica: Some Kind of Monster y Paradise Lost. Berlinger concertó una cita improvisada entre Simon y Dali Tambo, activista anti-apartheid que se opusiera explícitamente al trabajo de Simon –desacreditando la colaboración entre el músico y artistas locales, considerándola una violación del boicot cultural contra el apartheid entonces establecido en Sudáfrica.

Simon y Berlinger fueron a casa de Tambo y las cámaras comenzaron a rodar. “En verdad me entrevisté con la persona que representó la mayor objeción a mi trabajo en ese tiempo y pude pedir su opinión”, comenta Simon. “No cambió su posición. Jamás dijo: ‘En retrospectiva, estoy de acuerdo contigo’. Yo tampoco cambié mi posición al respecto. Lo que pudimos concluir fue simplemente: ‘Mira, al final funcionó y estuvo bien’. No hay remanentes de lo que sentíamos en 1987”. Su intensa (pero cándida) oposición es uno de los momentos más emotivos de Under African Skies, filme de Berlinger sobre el nacimiento de Graceland.

Cautivado inmediatamente por la canción que da nombre al disco, Simon la tocó para el presidente de Warner Bros., Lenny Waronker, agregando sus propias letras al tema acústico. “Cuando terminó, le dije: ‘Paul, esto es fenomenal; fácilmente podrías recrearlo con la banda de Nueva York’”, cuenta Waronker. “Él sólo me miró y dijo: ‘¡No! ¡Voy a ir a Sudáfrica!’”.

Al lado del ingeniero Roy Halee, Simon viajó a los Ovation Studios en Johannesburgo a inicios de 1985. Un manager local ayudó a Simon a localizar a los músicos, incluyendo al grupo vocal Ladysmith Black Mambazo y al guitarrista Ray Phiri. La mayoría de los músicos no hablaban inglés y debían obedecer el toque de queda impuesto por el apartheid, y al menos uno de ellos, el bajista Bakithi Kumalo, jamás había escuchado sobre Simon. “Llegué al estudio con mi bajo y mis manos grasosas, no tenía estuche”, recuerda Kumalo. “Pensé que nos iba a pedir que tocáramos música americana”.

En su lugar, Simon improvisó con los músicos tocando ritmos similares a los que había escuchado en Gumboots, deteniéndose periódicamente para estudiar las estructuras. “Algunos de los músicos no estaban acostumbrados a estas cosas”, cuenta Kumalo. “El acordeonista en ‘The Boy in the Bubble’ pasó ratos difíciles por eso mismo: ‘¿Por qué tocamos esta canción por unas cinco horas? ¿Qué tiene de malo la canción? ¡Sólo cántenla y ya!’”.

Dos semanas después, Simon volvió a Nueva York y comenzó el doloroso proceso de editar las improvisaciones para convertirlas en canciones. “Toma tres acordes de aquí y ponlos acá, quita esa guitarra, quita esas voces”, recuerda Halee. “Muy, muy complicado”. Por un tiempo, Simon se retiró a su hogar en Montauk, Nueva York, para adaptar las letras a los ritmos.

Al final, la vibrante mezcla de ritmos sudafricanos, las vocales y letras de Simon resultaron ser imparables; Graceland vendió más de 14 millones de copias y ganó el premio Grammy por Disco del Año. “Aparte de ‘You Can Call Me Al’, no había otras canciones explícitamente pop en el álbum”, afirma Waronker. “Pero una vez que comenzabas a escucharlo, olvídate. Era el tipo de disco que todos querían tener”.

Incluso un cuarto de siglo después, los ataques dirigidos a Simon por parte del Congreso Nacional Africano anti-apartheid tocan una fibra sensible. Cuando alguien le pregunta si hay algo que hubiera hecho de modo diferente, el reflexivo Simon contesta con rapidez: “Es imposible determinarlo. Creo que la pregunta aquí es para el CNA: ‘¿Qué les gustaría haber hecho de manera distinta?’ Pensé: ‘Realmente quieren controlarnos’. No estábamos haciéndole daño a nadie. Al contrario”.

Para Kumalo, dichas críticas no tienen sentido. El bajista –acostumbrado a ganar 5 dólares por su trabajo de estudio– cobró $500 por sesión durante las casi dos semanas con Simon. “La gente que no estaba involucrada en el proyecto lo veía como algo malo”, cuenta el bajista, quien aún forma parte de la banda de Simon. “Pero Paul Simon amaba la música y nos ayudó a todos. Yo tenía que hacer lo que sentía correcto”.

Escucha la edición de lujo por el 25 aniversario de Graceland, de Paul Simon:

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