marzo 25, 2021

Elton John

La entrevista Rolling Stone.

EXTRAÍDO DE RS94, MARZO 2011

Vestido con un holgado traje negro, zapatillas con diseño de piel de leopardo e  incrustaciones doradas y lentes con un tinte ámbar, Elton John me conduce a su condominio en Los Ángeles y me presenta a su familia: su pareja de hace 17 años, David Furnish, de bata a las 10 de la mañana, y sus dos cocker spaniels, Marilyn y Arthur. Dormido en una carreola esta su hijo, Zachary Jackson Levon Furnish-John, quien había sido recibido en el hogar sólo nueve días antes, por medio de una madre  de alquiler, durante Navidad. “Salió corriendo”, dice Elton, viendo a su hijo con adoración. “Era como en El sentido de la vida, de Monty Python. El obstetra lo atrapó en el aire”. Convertirse en  papá, dice, “fue el sentimiento más increíble”. Elton, bastante delicado, normalmente, estaba orgulloso de haber cortado el cordón umbilical: “¡Es como si fuera un calamar!”.

Elton ha tenido esta atalaya de West Hollywood por tres años. Las paredes están alineadas con arte contemporáneo y fotos icónicas: Miles Davis tomado por Lee Friedlander, y retratos de Nina Simone y Billy Preston por William Claxton. “No colecciono nada con más pasión que las fotografías”, dice Elton, que también colecciona porcelana, vidrio y servilleteros. En su casa principal en EE UU, en Atlanta, uno tardaría cuatro horas para ver toda su colección de fotos, que incluye Tears, de Man Ray, la que compró a principios de los años noventa por 126 mil dólares. “Pensé que me había vuelto completamente loco”, dice. Elton tiene propiedades al sur de Francia, Londres y Venecia; y una finca de 14 hectáreas en Old Windsor, Inglaterra.

Atrás del montón de metro y medio de alto de regalos del bebé, está la sala del departamento. Una mesita de vidrio se encuentra cubierta de libros de arte, esculturas de vidrio y varios cráneos, incluyendo algunos de William Morris, Marc Quinn y el brillante “cráneo que explota” de metal, creado por Damien Hirst. “El cráneo es de Venecia”, dice Elton. “Trae buena suerte”.

Los Ángeles amaneció sin contaminación hoy, y la ventana que da al este ofrece una vista reluciente del nevado Monte Baldy, a casi 100 kilómetros. Elton señala hacia Sunset Boulevard, donde hay un anuncio espectacular de la nueva película animada Gnomeo & Juliet, que él produjo con Furnish. Cerca de ahí, hacia el sur, está el club Troubadour, donde Elton dio dos legendarios conciertos en 1970 y arrancó su carrera estadounidense de forma exitosísima. “Nunca paso por ese lugar sin pensar en eso”, dice. En los últimos 40 años – con 35 discos grabados en estudio e incontables sencillos, colaboraciones y paquetes de éxitos– Elton John ha vendido más de 250 millones de discos, colocándolo, cómodamente, entre los 10 artistas de mayor venta en la historia.

En su segunda noche en el Troubadour, Elton vio desde el escenario a su héroe entre el público, al pianista y líder de banda Leon Russell. “Leon era el hombre”, dice Elton. “Yo tuve muchas influencias en el piano: Allen Toussaint, Ian Stewart, Booker T., Little Richard, Fats, Garth Hudson, Jimmy Smith, Jerry Lee… y la lista es interminable. Pero yo quería ser Leon. Tocaba en todo lo que me encantaba: Delaney & Bonnie, todos los discos de Spector, sesiones de Frank Sinatra, y Wrecking Crew. Tenía ese sentir campestre, pero con el rockabilly, el gospel y el soul todos mezclados ahí”. Russell, en su cumbre comercial, gracias a éxitos como “Tight Rope”, se llevó a Elton de gira con él a inicios de la década de los años setenta. Pero poco después, perdieron el contacto.

En diciembre de 2008, John apareció en Spectacle, el programa de variedad musical presentado por Elvis Costello, donde habló mucho sobre Russell, a quien Elton no había visto ni le había hablado en 38 años. Un mes después, en un safari en África, se le ocurrió volver a hacer música con su héroe, que apenas la libraba. “Él estaba de gira sólo para poder poner pan sobre su mesa. Tocaba en lugares pequeños y estaba perdiendo su autoestima”, dice Elton. “Era terrible, como Crazy Heart sin las drogas ni el alcohol”.

Ambos músicos pronto se encontrarían en un estudio angelino con el productor T Bone Burnett y con Bernie Taupin, la pareja de composición de Elton durante 44 años. The Union marca el regreso de Elton a su país y a sus raíces de soul, y las letras de Taupin reviven las imágenes del Viejo Oeste del triunfo en los años setenta del dueto, Tumbleweed Connection. En el último tema de The Union, Russell le agradece a Elton John revivir su carrera al cantar “When you’re in the hands of angels/Life is oh so sweet/And you feel the love, down deep inside”. “Yo pensé, ‘¿Qué le das a una persona que tiene seis casas y 10 de todo?’ ”, dice Russell. “Lo único que le podía dar era una canción”.

“Para el último tercio de mi vida, quiero realizar discos que realmente me nazca hacer”, dice Elton. A sus 63 años, sigue haciendo más de 100 conciertos al año, además de supervisar una empresa de artistas y managers y su fundación para prevenir el SIDA, que ha recaudado más de 220 millones de dólares desde 1992 y beneficia a programas en 55 países.

Durante cuatro horas, Elton rememora a The Union y los altibajos del superestrellato. Se sienta en un sofá en forma de L, con un costado debajo de una pintura de Juang Yi Hi, y la otra bajo una brillante fotografía de Steven Klein, de un modelo en un traje de baño. Sir Elton se sienta con perfecta postura de piano.

¿Y dónde está el piano?

Aquí no tengo pianos. Tengo en Windsor y Atlanta, pero no me gustan mucho los pianos. Miden tres metros, ocupan mucho espacio y nunca los toco. Ser un pianista sobre el escenario es muy frustrante  –y por eso era tan acrobático en aquellos días–. Aprendí de Little Richard, Fats Domino y Jerry Lee Lewis cómo llamar la atención. Fats empujaba el piano por todo el escenario con su estómago. Siempre quise ser alguien como Jimi Hendrix –podías hacer todo tipo de cosas con una guitarra–. ¿Qué puedes hacer con un piano? Lo puedes decorar, saltar sobre él o acostarte debajo de él.

El año pasado, usted dio más de 100 conciertos. ¿Por qué trabaja tanto?

Yo siento un amor incondicional hacia lo que hago. Y desde que estoy sobrio [1990], cada concierto es una ocasión totalmente alegre para mí. No es que no lo haya sido en el pasado, pero puedo bajar del escenario a mi maravillosa vida, con David en mi vida, y con equilibrio. Y las multitudes. Las aprecio mucho más ahora, que las puedo ver. Me hicieron una cirugía correctiva en el ojo hace ocho años, y ya puedo ver las caras y los carteles y los discos que levantan. La gente dice, “Los Stones ya están muy viejos y deberían renunciar”. ¿Qué mierda van a hacer? Digo, ¿te imaginas decirle a Keith: “Deja de tocar la guitarra”? ¿Les dirían eso a Muddy Waters? Es como que, “¡váyanse al carajo!”. Yo hago unos 110, 120 conciertos al año. Hago el concierto de la banda, el de Leon, el de Billy Joel, el de Elton solista, el de Elton/Ray Cooper, el de Elton/orquesta. El año pasado, toqué más de 80 canciones diferentes. Nunca me aburro. Soy inquieto, como Jack White. Me encanta la gente así. Él siempre está haciendo algo. Y Brandon Flowers y Elvis Costello y Dave Grohl. Deberíamos empezar una banda. Nos llamaríamos Los Inquietos. Y yo tocaría el teclado.

¿Ha leído la autobiografía de Keith Richards?

No. Parte de mí quiere, pero a otra parte le suena como que me regresará a todo aquello de las drogas. Me descolocó oír lo del pene de Mick. Yo soy un gran fan de Mick. Si yo dijera que Bernie Taupin es un hijo de puta y que tiene un pene chico, quizá nunca más me vuelva a hablar. Ni es ningún hijo de puta, ni tiene el pene chico –o no lo sé, nunca se lo he visto–. ¿Por qué harías algo así, y sobre todo con alguien con quien trabajas.

¿Cómo ha estado la relación con Bernie Taupin últimamente?

Nunca hemos tenido una discusión sobre la música, y no creo que hayamos tenido una discusión personal, tampoco. Ha habido momentos en los que me he portado muy mal, y él fue muy conciso en decirme que no estaba de acuerdo. Cuando nos separamos por un tiempo [a fines de los años setenta], hubo momentos incómodos. Creo que los dos nos sentimos algo culpables.

Me siento muy orgulloso de que nunca hayamos cruzado malas palabras. Y nunca hemos escrito una canción en el mismo cuarto. Jamás me he sentido diferente escribiendo una canción, ni ahora, que cuando escribía “Your Song”, en 1969. Me sigue dando la misma alegría decir, “Bernie, escucha esto”.

En las notas de la funda de “Captain Fantastic”, hay un renglón de un diario del 12 de enero de 1969 que dice, “Me peleé con Bernie”.

¿En serio? No sé de qué pudimos haber discutido. No me imagino.

Usted solía editar sus letras. ¿Eso nunca hizo enojar a Taupin?

Si algo era muy largo –como “Daniel”– yo lo tachaba con un lápiz. El último verso, sobre lo de Vietnam, alargó demasiado la canción. Él nunca se lo cuestionó ni se quejó de eso.

Su diario también dice que usted solía pasarse “todo el día” en Musicland, su tienda de discos local. ¿Qué hacía ahí todo el día?

Me la pasaba ahí todo el día. Incluso cuando me convertí en Elton John, yo iba ahí. Me pones enfrente una tienda de discos y me vuelvo como perro con dos colas. Me interesaba mucho lo que compraba la gente. El disco que vendió más fue aquél de Soft Machine, importado, porque todos querían la edición norteamericana. Era más duradera.

¿Dónde están sus discos ahora?

Los vendí. Justo antes de quedar sobrio, en 1989, y estaba arrancando con la Elton John AIDS Foundation. Para juntar dinero, los vendí por 250 mil dólares a alguien en St. Louis. Ahora me arrepiento mucho.

Sus manos son algo pequeñas. ¿Cómo le afecta eso en su forma de tocar el piano?

Yo nunca hubiera podido ser un pianista clásico, porque necesitas tener dedos largos para abarcar todas las notas. Yo soy un pianista de poder. Golpeo las teclas con fuerza. Por eso tengo antebrazos muy fuertes, como Popeye.

¿Qué fue lo primero que le hizo escuchar a Zachary?

Volvimos aquí dos días después de que él nació, y le puse unos villancicos del King’s College Choir en Cambridge, mientras lo tuve en mis brazos. Oíamos “Hark! The Herald Angels Sing”, y me volví loco. Lloré y lloré y lloré.

¿Ya tiene su propio iPod?

Sí. Pusimos las versiones canciones de cuna de Led Zeppelin, Bob Marley y The Beatles. Dedicated to the One I Love, de Linda Ronstadt, Tapestry de Carole King, James Taylor, los grandes éxitos de Simon & Garfunkel y Kate Bush, porque la amamos tanto. Luego, algo de Chopin y Mozart.

Usted está al tanto de la música nueva, y hace poco dijo: “Los compositores de hoy día son horribles”. Debe haber alguien que le agrade.

Me gustan las bandas que se han hecho de una reputación tocando en vivo. Bandas verdaderas como Vampire Weekend, Arcade Fire y The Black Keys. Tocamos con una banda en el teatro de revista de T Bone, los Punch Brothers, y quiero hacer un disco con ellos. ¡Son increíbles, la mejor banda de rock no profesional que he visto en mi vida! La producción de Jon Brion es impresionante. Para mí, ellos son la próxima gran novedad. Ahí es a donde yo quiero ir.

Usted tocó piano en el último disco de Kanye, en “All of the Light..” ¿Cómo pasó eso?

Me lo topé en Honolulu en enero pasado. Es un genio absoluto. Es como la combinación de Miles Davis y Frank Zappa. 808s & Heartbreak es el disco más sexy desde What’s Going On. Nos tocó la pista de “All of the Lights” y estuvo muy buena. Pensaba: “Esto es algo bien diferente”. Digo, ¡sampleó a Bon Iver! Esa es su genialidad. Su nuevo álbum es una obra maestra.

Al igual que Kanye, usted tiene una historia de salirse del libreto en entregas de premios. En los Q Awards en 2004, dijo: “¿Madonna, mejor presentación en vivo? ¿Desde cuándo el lip syncing es en vivo?”.

Para ser honesto, los Q Awards son una juerga de borrachos. La noche empezó cuando [el anfitrión] Jonathan Ross salió para decir: “Heather Mills, ¡qué estúpida!”. Es muy irreverente. Me subo a dar el premio a la mejor presentación en vivo, Madonna estaba nominada. Digo, “¿Madonna? ¿Ella tiene la mejor presentación en vivo?” .

De hecho, usted dijo: “A cualquiera que hace playback en público, sobre el escenario, cuando uno paga 75 libras para verlo, deberían matarlo”.

Y lo sigo pensando. A cualquiera que haga playback deberían matarlo. ¡Sáquenlos a la calle y dispárenle! Creo que Madonna hace grandes espectáculos y soy muy fan de algunos de sus discos. No quise herir sus sentimientos, y luego me disculpé y nos reconciliamos. Creo que ella sentó las bases para todo, pero tengo razón. Es verdad. En vivo significa en vivo.

Usted ayudó a Eminem a llevarlo a la sobriedad. 

Yo lo quiero mucho. No veo mucho a Marshall, pero hablamos mucho. Ha trabajado mucho para recuperarse, y ha cambiado. Acabo de ver una foto de él en una revista y parece un chico de 17 años. Me da mucho gusto.

¿De qué hablan?

Nos reímos mucho. Nos llamamos “cabrón”. Le pregunto cómo le va y le digo que me siento orgulloso de él. Tiene un gran sentido del humor. Cuando David y yo celebramos nuestro enlace civil, nos envió un regalo. En un estuche, encima de cojincitos de terciopelo, habían dos anillos de diamantes con forma de penes. Así que ahí lo tienes, su homofobia [se ríe].

¿Usted se ve reflejado en Lady Gaga?

Uno siempre tiene cinco años en su vida en la que no puede hacer mal, y trabaja la adrenalina. Así estaba yo del 1970 a 1975. Hicimos dos discos al año, al menos, sencillos separados, lados B, entrevistas para radio y televisión, giras, y nunca lo consideramos trabajo. Era todo dicha, la cumbre de la creatividad. Es un momento mágico.

Eso es lo que está pasando ahora con Gaga. Escuché su álbum nuevo. Es increíble. El primer sencillo, “Born This Way”, es el himno que va a despedazar a “I Will Survive”. No puedo pensar en lo enorme que va a ser.

Cuando está de gira, ¿qué canciones le gusta más tocar?

“The Greatest Discovery”. Toco “Indian Sunset” con Ray Cooper. Nadie conoce esa canción, pero es de Madman Across the Water, y la ovacionan de pie cada noche. Es una película de seis minutos en una canción. Tengo que tocar “Amoreena” tarde o temprano. Pero de todas las canciones que hemos escrito, “Levon” es una de mis preferidas.

El arco de sus primeros tres álbumes –Empty Sky, Elton John y Tumbleweed Connection– es realmente  notable. Apenas si pude oír Empty Sky, y 16 meses después, lanzaron Elton John –con “Your Song” y “Border Song”– y luego Tumbleweed. ¿Cómo explica el crecimiento suyo y de Bernie durante ese periodo?

Nadie me lo había señalado antes, pero tienes toda la razón. En el disco de Empty Sky sonábamos como roqueritos ingenuos, y de repente… fue como de la noche a la mañana. No sé qué pasó. Finalmente había encontrado mi propia voz, y hubo un cambio sísmico en las letras de Bernie. Y grabar Elton John fue un paso aterrador, porque yo tenía que tocar en vivo con una orquesta, y teníamos un presupuesto de 5 mil libras, así que debíamos hacer tres pistas por la mañana y tres por la tarde. Estaba asustado, porque no quería equivocarme, y eso me armó de valor. Me dio mucha fuerza para el resto de mi vida.

Con respecto a su vestuario, ¿hubo un momento en el que se haya dicho a usted mismo: “Al carajo, voy a hacer esto”?

Fue una evolución natural. Siempre lo había querido hacer, de todas formas. La gente solía decirme: “No puedes salir al escenario con eso”, pero lo hacía. Maxine, la primera esposa de Bernie, me dio un pequeño Santa Claus al que le jalabas una cuerda y se iluminaba, y me lo puse en la ingle cuando toqué en el Santa Monica Civic. Me estaba liberando de mi adolescencia, en la que no podía ni usar Hush Puppies, porque la gente los relacionaba con los fresas. Así que teníamos enanos en el escenario, y Linda Lovelace me presentó en el Hollywood Bowl, porque me encantaba Deep Throat. Yo era completamente libre y fue el sentimiento más estimulante del mundo. Me divertía mucho.

Hace poco le dijo a Lily Allen que podría “inhalar mucho más que él”. En esa época, ¿usted era como una aspiradora?

En los años ochenta, sí. George Harrison me solía decir: “Tranquilo con ese polvo”. Pasaba muchas noches con mis contemporáneos. Recuerdo haber estado con George a las ocho de la mañana [ríe]. El sol estaba saliendo, así que le dije: “¿Sabes qué? ¿Podrías tocar ‘Here Comes the Sun’?”. ¡Y lo hizo! ¡Y fue impresionante! A veces era divertido. Era un afrodisíaco para mí. Pero las últimas dos semanas, yo la estaba usando sólo en mi cuarto. La coca sacó a relucir el lado oscuro de mi alma.

¿Inhalaba coca sobre el escenario?

No durante los conciertos, sino antes. No sabía cómo estar fuera del escenario, así que trabajaba todo el tiempo. Mi trabajo fue lo que me salvó, y sólo Dios sabe cómo sonaba. Pero al menos ahí estaba haciendo discos y tocando. Hasta 1990 mi carrera fue toda mi vida.

¿Qué momentos son inolvidables?

Pasar un rato con Groucho Marx. Conocer a Mae West. Cuando me presentó Neil Diamond en el Troubadour. Cuando la Banda hizo un concierto en Connecticut, fueron a verme a Filadelfia. Cuando George Harrison me mandó un telegrama diciendo: “Bien hecho. Felicidades”, cuando mi álbum llegó a las listas por encima de All Things Must Pass. Cuando conocí a Bob Dylan en el Fillmore East. Él estaba parado en las escaleras y le dice a Bernie, “Me gustaron mucho las letras de ‘Ballad of a Well-Known Gun’”, y Bernie hace [finge un ataque cardiaco]. No hay nada como que tus héroes pongan el sello de aprobación en lo que haces. En 1970, Neil Young llegó a  mi apartamento y tocó todo el álbum de After the Gold Rush en mi piano hasta las tres de la mañana. ¿Cómo se olvida uno de eso?

Usted recibió un voto de confianza de John Lennon en la legendaria entrevista que él dio a la Rolling Stone, en 1970. ¿Dónde lo vio  por primera vez?

Visité a John cuando él hacía un video en Capitol. Yo estaba my nervioso, pero John era accesible y cariñoso, y luego me pidió que tocara en “Whatever Gets You Thru the Night”. Hubo un año o dos en los que nos juntábamos mucho. Nos reíamos mucho, platicábamos mucho, usábamos muchas drogas.

Él prometió que si esa canción llegaba a número uno, haría un concierto con usted. Y llegó. ¿Cómo fueron los días antes de esa presentación con John en Madison Square Garden en 1974?

Primero, John dio un concierto en Boston en el que yo me sentía desquiciadamente extravagante. Cuando el público pedía otra, yo salía con un traje que parecía bikini hecho con cajas de chocolates [ríe]. Él no había estado en un concierto en años, así que estaba sorprendido de todas las luces y el sonido. Se quedó como pensando, “Así que de eso se trata todo esto”. En el Garden, ensayamos y sonaba muy bien todo, pero se enfermó antes del concierto –llevaba mucho sin subirse a un escenario. Yoko llegó al concierto y le trajo una gardenia –nunca olvidaré eso. Tampoco voy a olvidar la respuesta del público esa noche. Unos ocho minutos de ovación que sacudía el suelo. Él estaba realmente conmovido. Salimos todos esa noche al Pierre Hotel, y esa fue su reconciliación con Yoko. Una noche increíble. Luego de esa noche, no volví a saber mucho más de él, ni me hizo falta. Él había regresado con la mujer que amaba, auténticamente feliz.

Así que muchos de sus amigos cercanos han tenido destinos trágicos. ¿Dónde estaba usted cuando le dispararon a John Lennon?

Estaba en Australia, en un avión de Brisbane a Melbourne. Cuando aterrizamos, le anunciaron al grupo que viajaba conmigo que se quedara en el avión, y enseguida pensé, “Es mi abuela”, porque ya era mayor. Cuando dijeron que era John, yo no lo podía creer. Fuimos a la catedral de Melbourne en el mismo momento de la vigila en Nueva York. Cantamos himnos y lloramos. Fue un momento increíble. John realmente me tocó el alma.

Me ha pasado mucho en la vida. Con John, con Gianni [Versace], con la Princesa Diana y mi amiga Linda Stein. Cuatro de mis amigos fueron asesinados. John era encantador. Cuando pienso en él, recuerdo lo bueno que era con mi mamá y papá –digo, los llevó al aeropuerto–. Recuerdo que fuimos a un restaurante ruso en Nueva York, y cuando John fue al baño, mi papá puso sus dientes postizos en la bebida de John. No parábamos de reírnos.

La última canción de The Union, “In the Hands of Angels,” es Leon dándole gracias a usted, básicamente por salvar su vida. Canta, “Johnny and the governor came and brought me to my senses”.

Sí, él me llama ex gobernador y yo le llamo el Maestro. Ese fue la última canción que grabamos. Leon vino al estudio y dijo: “Escribí esta canción anoche en el hotel. Quiero grabarla conmigo y el piano, nada más”. T Bone, Johnny, Cameron y yo estábamos en el cuarto de controles y obviamente supimos enseguida de qué se trataba. Lloramos todos. Fue muy emotivo, un hombre solo, agradeciendo. Fue uno de los momentos más hermosos de mi vida. Leon entró al cuarto de controles y dijo: “Gracias por salvarme la vida”.

¡Qué historia!

La música en The Union es fenomenal, pero ver a alguien recobrar su orgullo fue la mejor experiencia que he tenido en un estudio de grabación, y eso que he tenido unas experiencias maravillosas en el estudio. Cuando ves al hombre que quieres, a tu ídolo, volver a la vida… Por muchos años Leon sólo pagaba la renta, salía de gira en un viejo autobús hecho mierda, que se descomponía a cada rato, y tocando en un pequeño piano eléctrico Yamaha. Pero ya cambiamos todo eso. Le compré un piano de cola y se lo envié a su casa y dije: “Ahora tienes que tocar siempre un piano de cola”. Y consiguió un nuevo autobús. Lo llamé en Año Nuevo, y me dijo: “Ya tengo un autobús nuevo, y está precioso. ¡Ya te puedo invitar al autobús!”. Me dijo: “Tú tuviste un hijo, yo tengo un autobús”.

Escucha The Union, álbum de Elton John y Leon Russell:

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