septiembre 4, 2020

¡Feliz cumpleaños, Beyoncé!

Una mujer poseída.
Por Touré

EXTRAÍDO DE RS17, MARZO 2004

Fuera del escenario, ella es una niña tímida y callada que habla sobre la familia que quiere tener (dos niños y una niña). Pero cuando se sube al escenario, Beyoncé Knowles es poseída por un espíritu tan poderoso, que hasta tiene nombre: Sasha. Desde el momento en que Beyoncé aterriza en Londres, es tratada como una princesa. Un agente de British Airways la recibe en la puerta del avión y la conduce, junto a otros cuatro miembros de su staff, a unas escaleras escondidas y a un coche de la línea aérea. Los demás pasajeros que hacen conexión en el aeropuerto Heathrow tienen que cambiar terminales en un camión. Pero, la nativa de Houston, de 22 años, quien dice ser ahora una neoyorquina, viaja por los caminos traseros del aeropuerto. No utiliza collar o anillos, pero aun así esta vestida de manera infantil: aretes enormes, un suéter de casimir rosa sin hombros, divertidas botas rosas, jeans y una cachucha rosa con brillantina en el frente formando un gato y más en la parte trasera que deletrean “Beyoncé”. Sus hombros y cuello se mueven con gracia y recuerdan a las esculturas francesas que romantizaban las curvas de la figura femenina. Tiene una piel dorada, dentadura perfecta y una postura de bailarina. Sus jeans ajustados muestran que es una chica saludable, de ésas que en el barrio se les llamaría “buena, con una gran trasero”.

En los últimos seis meses, Beyoncé ha tenido un gran desarrollo: de ser la cantante más popular en un grupo de moda, Destiny’s Child, a ser la superestrella solista omnipresente que, con su disco Dangerously in Love, ha vendido dos millones de copias, ganado cinco premios Grammy y lanzado dos de las mejores canciones del año pasado: “Crazy in Love” y “Baby Boy”. Boyoncé se ha convertido en un símbolo sexual estilo Halle Berry (una muchacha negra con facciones que permiten que la gente blanca aprecie su belleza). Es lo que Janet Jackson solía ser: el símbolo sexual que logra éxitos de pop con tintes de R&B, videos artísticos, giras y películas. Este año veremos aún más de Beyoncé: este mes comienza una gira de cinco semanas con Alicia Keys y Missy Elliott, después pretende hacer un nuevo disco con Destiny’s Child y terminar el año con una gira del grupo. Pero, fuera del escenario, es muy cuidadosa en mantener la distancia entra la persona famosa y la que creció antes de la fama. “No quiero volverme adicta a la fama”, dice, “porque cuan- do ya no sea famosa no voy a saber qué hacer, me voy a desesperar y volver loca”. Beyoncé se ha entrenado para ser famosa desde que tenía 10 años, cuando su padre la hacía correr un kilómetro y medio en la mañana mientras cantaba, a fin de que obtuviera la condición necesaria para cantar y bailar al mismo tiempo. El primer disco de Destiny’s Child salió cuando ella tenía 16 años, en 1998, un año antes que Britney Spears y el estallido de pop adolescente (tiene la misma edad que Spears), y no ha parado de trabajar desde entonces. “Pierdes contacto con quien realmente eres”, asegura. “Cuando trabajas tanto como lo hicimos nosotras, se vuelve demasiado”.

Cuando aterriza en Niza, Francia, es recibida por un agente que la lleva directamente a la ventanilla para mostrar su pasaporte. Pero, actualmente, a veces hasta las princesas tienen dificultades. Mientras está esperando su equipaje en el carrusel, cansada y hambrienta después de un largo viaje desde Newark, New Jersey, hasta el sur de Francia, alguien de British Airways anuncia que se han perdido dos maletas. Beyoncé murmura que las maletas seguramente son las suyas. Está molesta. Cualquiera lo estaría. Pero no dice ni una palabra más. “Muchos piensan que es una perra porque es muy guapa”, dice su coreógrafo, Frank Gatson Jr. “Pero nunca he conocido a alguien tan dulce. Me sorprende muchísimo. Aunque se quiera pelear con alguien porque la hizo enojar, siempre se controla. Sabe la importancia de la humildad. Creo que es debido a su educación en la iglesia”.

En el aeropuerto, sólo mueve los ojos y sonríe. Es una sonrisa falsa, pero es educada y profesional. Vive como una princesa, pero no se le ha subido a la cabeza.

Toda princesa debe tener a un príncipe. El de Beyoncé es Jay-Z (recientemente retirado), quien le lleva más de 10 años. “Lo conozco desde hace mucho tiempo”, dice una fuente interna. “Nunca lo había visto así. Ella le importa mucho, le da buenos consejos. Quiere que su mujer se vea bien. Se adoran mutuamente”. Tanto Beyoncé como Jay-Z se rehúsan a hablar sobre su relación. “No digo que no tenga novio”, comenta. “La gente se pregunta: ‘¿Por qué dice que son sólo amigos?’. Yo no dije eso. Simplemente no me gusta hablar al respecto. Quiero proteger mi vida privada”.

No obstante, sí habla sobre el tipo de novia que es. “En mis relaciones sentimentales, pienso como si fuera hombre”, afirma. “Si hago algo mal, no me pongo sentimental. Pienso al respecto, lo cambio y lo arreglo. Siempre he utilizado mucho la lógica”. Pero, hay veces en donde no puede controlar las emociones: “Cuando quiero hacer algo, lo hago. Si me enamoro, lo hago de verdad”. Admite que le gustaría tener hijos algún día. “Si éste fuera un mundo perfecto, tendría dos niños y una niña”, dice. “Adoro a los niños pequeños, pero las niñas son demasiado dramáticas”.

Y también habla de Jay-Z, aunque no dice su nombre (utiliza “nosotros”). Cuando le pregunto en dónde estaba durante el apagón de Nueva York en 2003, me contesta: “Estábamos en el 40/40 Club”, el bar deportivo que Jay-Z abrió el año pasado. Había un generador de electricidad en el lugar, así que la fiesta no paró. “A las cuatro de la mañana tomamos un avión hacia Italia”, dice. “Llegamos a Roma y también había un apagón ahí”.

Los viajes por el mundo de Beyoncé y Jay-Z están muy bien documentados por los paparazzi. Una foto reciente de sus vacaciones de Año Nuevo en St. Barths, muestra a Beyoncé brincado al agua desde un puente en un yate de 43 metros, mientras Jay-Z la grababa con una cámara de video. Una larga caída. “Sí, lo era”, afirma. “No sé qué es lo que me sucede. Cuando vi la foto pensé: ‘eso fue muy tonto’. Lo hago cada año. Es mi salto especial. Es un ritual. Es mi manera de comenzar mis vacaciones y saber que estoy libre. Tengo que brincar de algún lado para olvidar todo lo que sucedió antes de las vacaciones y empezar de nuevo. Como si fuera un bautizo”.

Antes de que Beyoncé fuera bautizada, su padre, Mathew Knowles, era un ejecutivo de ventas médicas en Xerox; promovía piezas de equipo multimillonarias bajo un sueldo de seis dígitos. “Fue una bendición poder ser el representante número uno de la división médica de Xerox por años”, afirma Mathew. Ahora, él es el representante de Beyoncé, el que ha negociado todo, desde sus primeros contratos con Elektra y Columbia, hasta sus recientes tratos con L’Oréal y Tommy Hilfiger. También es el productor ejecutivo de todos sus discos. Es agradable y serio, pero sonríe con facilidad. No hay nada como el éxito público y masivo para que un hombre se sienta bien. Knowles se ríe como un hombre que acaba de salir del banco.

Su esposa, Tina Knowles, es de piel más clara, pelo rubio y largo y ojos verdes. “Beyoncé no es tan bella como su mamá”, dice Mathew. Mientras que Beyoncé usa pocos accesorios, Tina la visitó en Nueva York luciendo un enorme anillo de diamantes en cada mano, una pulsera de diamantes, un reloj de diamantes en su muñeca izquierda y lo que parecía otro reloj de diamantes en la derecha. Es la dueña de una de las estéticas más importantes de Houston, HeadLiners, donde Beyoncé declara haber crecido. “Ella fue muy influida por mis clientes”, dice Tina. “Nosotros trabajamos para la mujer profesionista, así que tenemos muchas juezas y abogadas. Creo que de ahí proviene su ambición. Tenía muchas mujeres geniales a su alrededor que la inspiraron a trabajar duro y lograr cosas fantásticas”.

La familia Knowles vive en una gran casa en Houston, con todas las ventajas de la clase media alta. Probablemente, Beyoncé tuvo una vida más acomodada que la mayoría de estrellas negras recientes. “Vivíamos en una casa del mismo tamaño que la de ahora y en un barrio tan bueno como el actual”, dice.

En 1981, cuando Tina Knowles se encontraba embarazada de su primera hija, se dio cuenta de que su apellido, Beyince, se extinguía. Tina es la más joven de siete, pero sólo uno de sus hermanos tenía un hijo. “Pensé: ‘Nos vamos a quedar sin Beyinces’”, dice Tina. Así que nombró a su hija con una variante de su apellido. El abuelo Lumis Beyince, un criollo que vivió en Nueva Orleans y hablaba francés, no se mostró muy entusiasta. “A mi familia no le gustó la idea”, dice Tina. “Mi papá me dijo: ‘Ella va a vivir enojada contigo porque su nombre es un apellido’. Y yo le contesté que no era un apellido para nadie más que para ellos”.

Beyoncé era una niña callada y tímida. Cuando tenía siete años y cursaba primero de primaria en la escuela católica St. Mary’s, en Houston, su maestra de baile, Miss Darlette Johnson, la animó para que entrara al concurso de talentos de la escuela. “Tenía mucho miedo y no lo quería hacer, pero ella me decía: ‘vamos niña, entra en el concurso’”, afirma Beyoncé. “Recuerdo que cuando entré estaba asustada, pero cuando la música comenzó, algo sucedió. Cambié totalmente”. Sus padres se encontraban en la audiencia. “Ambos pensamos: ‘¿Quién es ésa?’”, dice Tina.

Ésa era Sasha. Esto sucedió muchos años antes de que la personalidad en el escenario de Beyoncé recibiera dicho nombre, pero desde entonces fue obvio que cuando la niña tímida y humilde se subía al escenario, se convertía en otra persona. “No tengo una doble personalidad”, afirma Beyoncé. “Soy muy campirana. Preferiría estar descalza, sin maquillaje y con mi pelo amarrado, pero cuando estoy en el escenario, una confianza y sexualidad que no tengo salen a relucir. Lo puedo sentir, y comienzo a hacer cosas salvajes que no tienen mucho sentido. El espíritu se apodera de mí. Amo esa magia. Si me ves en la televisión, no soy una persona humilde o tímida, pero es debido a la transformación. Es mi trabajo. Así no soy realmente”.

El coreógrafo Gaston dice que, cuando se sube al escenario, le entra el Espíritu Santo: “No tiene miedo. Algo muy poderoso la posee y durante ese periodo es otra. En el pro- grama VH1 Divas, lanzó sus aretes de 250 mil dólares y después dijo que no sabía por qué lo había hecho. Eso es cambiar totalmente. He presenciado shows en donde la gente la abuchea y ella comienza a bailar en sus caras, como si no le importara. La mayoría tendría pánico, pero ella sabe olvidar el miedo”.

De hecho, Beyoncé supo cómo controlarlo desde que entró al con- curso de talentos de la escuela. Al final de su presentación, obtuvo una ovación con el público de pie y ganó el concurso. “Pensé: ‘Dios, esto es grandioso’”, admite. “Me di cuenta de que quería ser una cantante. Creo que lo sabía desde antes, pero nunca me había subido a un escenario”.

Mathew comenzó a llevarla a concursos para talentos locales, en donde ganó 35 veces seguidas y terminó por formar un grupo. “Tenía nueve años en nuestra primera presentación”, dice Beyoncé. “Fue en la guardería. Ni siquiera teníamos un nombre para el grupo. Recuerdo que estábamos en el camerino, bueno no era un camerino, más bien en

un pequeño cuarto (ríe), escribiendo nombres y logos. Algunos niños lloraban durante la presentación, pero me di cuenta de cuánto me gustaba estar en un grupo. Yo estaba muy nerviosa, pero tenía a las otras niñas conmigo antes de entrar al escenario, durante el show y después (donde hablábamos de cómo nos fue); la experiencia fue muy excitante”. El grupo se convirtió en su vida social. “Todas sus amigas, en algún momento, han sido integrantes de su grupo”, dice su prima y asistente personal, Angela Beyince.

Cuando Beyoncé tenía 10 años, el grupo, que en ese entonces se llamaba Girls Tyme, se ganó un lugar en el programa Star Search. Fue un punto clave, pero no el que esperaban. Perdieron. Mientras su hija lloraba tras bastidores, Mathew decidió dejar su trabajo y dedicarse de entero a representarla. “Cuando él dejó su trabajo sentí miedo”, dice Tina. “No conozco a muchas personas que renunciarían a un trabajo con el tipo de sueldo que él tenía. Creí que nos estábamos alocando. Pensé: ‘¿Ahora qué vamos a hacer?’. Yo tenía el salón de belleza, que dejaba bastante dinero, pero estábamos acostumbrados a contar con dos entradas de capital. De repente tuvimos que cambiar nuestro estilo de vida. Pero él es así con todo lo que hace. Es muy apasionado”.

Mathew tomó un curso en el Houston Community College sobre la industria musical,

pero obtuvo el mejor entrenamiento gracias a su pasado corporativo. “Para ser honesto, cuando me metí en esto estaba mejor calificado que el 75 por ciento de los representantes, quienes no tienen ningún pasado en los negocios y no saben cómo moverse con los corporativos”, dice. “Al venir de un gran corporativo, sabía cómo navegar por los temas políticos de los sellos discográficos que no tienen nada que ver con la música”. Dice que la mecánica para vender equipos médicos de alto nivel fue la misma que usó para vender a Beyoncé: “Si eres un buen vendedor, eres un buen vendedor para todo”. Ha sido llamado un “papá del escenario” varias veces y fue demandado en 2000 por dos ex integrantes de Destiny’s Child que fueron despedidas (la demanda se arregló poco después), pero no le da importancia a esto, dice que él simplemente utilizó su expertise para ayudar a que su hija cumpliera su sueño, como lo haría cualquier padre. “Nunca me importó que me hija hiciera música”, afirma. “Si Beyoncé me hubiera dicho que quería ser doctora, hubiera encontrado la manera de comprar un hospital”.

Mathew creó su propio sistema para desarrollar artistas, mismo que Beyoncé sospecha está basado en Motown. Éste enseña a los artistas todo, desde coreografías hasta etiqueta. “Estoy segura de que lo concibió al leer a Berry Gordy”, dice Beyoncé. Durante los veranos, Mathew hacía una especie de campamento en donde Beyoncé, y quienquiera que estuviera en el grupo en esos momentos, comenzaba la mañana corriendo mientras cantaba. Tenían clases de coreografía, entrenamiento vocal, clases sobre los medios y lecciones de cómo caminar impartidas por una modelo. También veían videos de grandes artistas –Michael y Janet Jackson, Whitney Huston, Tina Turner y Madonna–. “Estudiábamos los videos como los equipos de futbol americano lo hacen con los de sus competidores”, dice Mathew. Tina fue presionada para que diseñara el vestuario.

Cuando Beyoncé tenía 13 años, el grupo, que ya se llamaba Destiny’s Child, firmó un contrato con Elektra Records. No obstante, también fue el comienzo de una racha de mala suerte que puso a prueba a la familia Knowles. Las cosas se comenzaron a poner mal con Elektra y el grupo fue despedido. “Después enfrentamos algunos problemas de impuestos y todo se fue abajo”, dice Tina. “Tuvimos que vender la casa por mucho menos de lo que hubiéramos sacado de haber tenido el tiempo de venderla apropiadamente”. Fue un periodo muy emocional, porque mis hijas habían crecido en esa casa y no les dio gusto dejarla. No sabían por qué Mathew había dejado su trabajo por ellas. Eso no se los debes de explicar. Sólo dices: ‘Miren, tenemos que bajar nuestro nivel de vida’”. Compraron otra casa, pero poco después de realizar la transacción, Mathew encontró al pasado dueño muerto en el baño… se había suicidado. Después, la relación entre Mathew y Tina se comenzó a desmoronar.

“En esa época no nos llevábamos bien”, dice Tina. “Pensaba que Mathew estaba obsesionado y debería de ir a buscar un trabajo. Nos separamos por seis meses. El punto más bajo fue cuando me fui de la casa. Me cambié a un departamento, lo que mis hijas nunca habían experimentado. Fue muy difícil para ellas. Nos sentíamos miserables al estar separados, porque siempre habíamos estado juntos”.

Ellos se casaron en 1979. “Él siempre decía que iba a hacer que las cosas funcionaran”, recuerda, “y yo pensaba que tenía que despertar de su sueño”. Aun cuando su mujer e hijas lo dejaron, Mathew siguió moviendo sus contactos en Columbia Records, persiguiendo su sueño. “Yo tenía una visión”, recuerda. “Pero cuando no funciona, tus amigos se preguntan qué te pasa y esto provoca problemas personales, todo se vuelve muy difícil. Estaba más enfocado en la música que en mi trabajo, pero las cuentas seguían llegando. Antes éramos muy exitosos, así que teníamos un nivel de vida muy holgado. Hubo un punto en que Tina pensaba que yo debía olvidar el sueño, pero yo no lo quería hacer”.

Beyoncé no entendió qué pasaba realmente hasta muchos años después, pero decía que el grupo se había convertido en el centro de la familia. No tenía éxito, y podía sentir la presión sobre ella. “El grupo era el punto donde todo giraba”, recuerda Beyoncé. “Así que si no funcionaba, mi vida se había terminado y yo pensaba que era mi culpa. Después me di cuenta de que mi mamá era la dueña de una estética, una de las mejores en Houston, y de que mi papá tenía muchos diplomas e iba a lograr algo. Me di cuenta de que no debía de poner tanta presión sobre mí, porque ellos iban a tener éxito sin importar lo que hicieran”.

Cuando Beyoncé tenía 15 años, Columbia le ofreció a Destiny’s Child un contrato y Mathew y Tina se reconciliaron. Dicen que el contrato no tuvo nada que ver. “Fue una época muy emocionante”, recuerda Tina. “No se trataba de dinero, sino de que por fin iban a hacer lo que querían hacer”.

Es una noche de sábado en Cannes, en el camerino para un programa de premios de radio europeos, un pequeño y brillante cuarto. Beyoncé espera su turno. Dice que sus muelas del juicio le duelen, que ya lleva un buen rato así. Quiere que se las saquen, pero no puede estar dos semanas con la cara hinchada. Tiene la nariz constipada y su espalda le duele mucho, por lo que antes del espectáculo comienza a hacer ejercicios de estiramiento, como una atleta preparándose para la competencia (si la atleta usara aretes caros, una minifalda gris de Armani y tacones de tres pulgadas de Zanotti).

Se toma unos momentos para intercambiar ideas con su staff sobre su próxima presentación. “Es importante dar un gran espectáculo. Lo que la gente recuerda es el espectáculo”. Analizan varias fotos que sacó de diferentes revistas para explicar- les la dirección que quiere tomar. Constantemente menciona aspectos de su carrera. Dice que ya está pensando en el video para el próximo disco de Destiny’s Child. La frustra que la gente aún la considere una marioneta del pop, que no reciba crédito por producir y coproducir todas las canciones de su álbum solista. “Trabajo muy duro”, dice. “Soy una perfeccionista. Entro al estudio y concibo todo”. Fue su idea, asegura, que se reeditara el video de “Me, Myself and I” para que la historia se contara al revés. “No es algo que alguien haya planeado por mí”, dice. “He recibido la ayuda de mi familia, no lo he hecho todo sola, pero yo escribo mis canciones, decido sobre mi imagen y ayudo a diseñar mi ropa. Todas las personas que ves y que siempre hacen lo correcto, es porque lo hacen ellas mismas. No puedes tener un producto consistente si el artista no se mete en el proceso”.

Mientras la hora de su show se acerca, su intensidad aumenta. Se mira en el espejo con fuego en los ojos. Se pone inquieta y sus piernas tiemblan con energía. Se mueve un poco para ver que no se vaya a salir del vestido cuando Sasha aparezca. Aún le duele la espalda.

A punto de salir al escenario, se encuentra sola, con los ojos cerrados y su cabeza agachada como si estuviera rezando. La presentan en francés, la música sale de las bocinas y Sasha explota. Aunque Beyoncé se encontraba adolorida y enferma, Sasha ataca al público. La audiencia se para y aplaude de principio a fin. Beyoncé corre durante media “Baby Boy” y después en “Crazy in Love”, cantan- do y bailando sin parar; después se retira con una sonrisa. Los bailarines se ven apagados, enojados porque se equivocaron en algunos paso, pero Beyoncé está llena de energía. Ahora que ya acabó con el espectáculo, hay un nuevo espíritu dentro de ella. “Es gracioso”, confiesa. “No importa que te duela, cuando te subes al escenario te deja de doler”.

Escucha Dangerously in Love, de Beyoncé:

En este articulo:
https://bit.ly/35NuWfi

Te puede interesar

Video