enero 26, 2021

‘Strippers’, ‘drag queens’ y perros bailando: la salvaje fiesta de 1971 con la que se introdujo a Alice Cooper

El nuevo libro del autor Peter Ames Carlin, 'Sonic Boom', recuenta el ascenso de Warner Bros. Records en colorido detalle.

Habían sellos discográficos, y luego estaba Warner Brothers. Durante la próspera época de la industria musical de los años sesenta y setenta, Warner Brothers —junto a sus sellos asociados, como Reprise y Sire— se ganó una reputación por trabajar con algunos de los artistas más idiosincrásicos y poco convencionales del pop. Pero aún mejor, la empresa —y algunos ejecutivos como Mo Ostin, Joe Smith y Lenny Warner— permitían a estos artistas la libertad de pasar el tiempo y crecer en el estudio con pocas restricciones artísticas. Jimi Hendrix, Joni Mitchell, Neil Young, Van Morrison, The Grateful Dead y Randy Newman figuraron en la primera ola de talento que contrató el sello, seguida en años siguientes por Prince, Madonna, Van Halen, Devo y la agrupación de post-indie, Replacements.

El resultado de esto no fue nada más una serie alucinante de clásicos y música frecuentemente innovadora, sino también vastas ganancias para los involucrados —y múltiples maneras de gastarla y deleitarse con los excesos de ese entonces. En este fragmento del nuevo libro de Peter Ames Carlin, Sonic Boom: El imposible ascenso de Warner Bros. Records, de Hendrix a Fleetwood Mac a Madonna a Prince, el sello —específicamente su principal publicista, Rob Regehr, trabajando con el mánager de talento, Shep Gordon— decide hacer lo inaudito para introducir a una nueva banda, llamada Alice Cooper, en 1971. Tan sólo los trajes de gorila nos hacen extrañar un aspecto ya extinto de la industria.

Alice Cooper, una banda de hard rock de cinco integrantes conocida por su vocalista que se vestía de mujer y que parecía sacado de una película de terror (y quien luego se apropiaría del nombre de la banda como solista), no fue un acto muy cotizado durante sus primeros años en la familia de Warner/Reprise. Firmado por Frank Zappa para su sello distribuido por Warner, Bizarre/Straight, los primeros dos álbumes del grupo fueron un fracaso, lo cual se debía en parte al desinterés que tenía Zappa en ellos. La banda tampoco se ayudó a sí misma en la noche que Gordon acorraló a un grupo de ejecutivos de Warner/Reprise durante su concierto en el Whiskey a Go Go y, en medio de su mediocre interpretación, el baterista se las arregló para caerse del escenario. Fue un concierto terrible.

Pero Gordon, a sus 22 años, estaba convencido de que su grupo estaba destinado al estrellato, así que, cuando se le ofreció a la banda la presentación de apertura en una gira nacional en el verano de 1970, la cual tuvo que rechazar debido a que los socios de Zappa en Bizarre/Straight le negaron el dinero de apoyo que necesitaba para irse de gira, el mánager decidió llevar su caso a la oficina central en Warner Boulevard. Gordon reunió al grupo, compró unos sacos de tacos de camino a Burbank, esperó hasta que Joe Smith hubiera salido a comer, luego reunió a sus tropas para invadir la oficina del director del sello, donde, con su abundante y oloroso almuerzo en mano, se acomodaron en sus sillas y sofás para esperarlo. Cuando el ejecutivo regresó, Gordon lo recibió en su puerta y se presentó. Él y todo su grupo se quedarían ahí, prometió, hasta que Smith llegara con el dinero que necesitaban para embarcarse en su gira de verano. De lo contrario, continuó Gordon, Smith tendría que llamar a la policía y hacer que los echaran. Pero entonces el asunto quedaría en el registro público, ¿y acaso Smith quería leer noticias sobre cómo tuvo que expulsar a una de sus propias bandas del edificio? Smith se lo pensó y luego asintió. “Tienes pelotas”, le dijo a Gordon, con un nuevo respeto en su voz. “Ven conmigo”. Smith llevó al mánager a la oficina de finanzas y pidió que le hicieran el cheque.

A la banda le fue bien de gira, y después de que le dieron el presupuesto para producir un nuevo sencillo, compuso la rockera pero melodiosa “I’m Eighteen”, una historia de frustración adolescente que llegó al Top 20 en la lista de sencillos de Billboard. Reasignado de Bizarre/Straight a Warner/Reprise, el grupo vio su tercer álbum, Love It to Death, subir al puesto Número 35 en marzo de 1971. En este proyecto, la banda cambió sus influencias psicodélicas por un crujiente sonido de hard rock que, junto con su horror de cómic, su sátira y un poco de transgresión sexual distintiva, puso a sus integrantes a la vanguardia del floreciente género glam rock.

Era una combinación potente, ¿pero cómo podría Warner/Reprise destilar su esencia en una campaña promocional que pudiera atrapar a los medios por la oreja? Este era un problema para el que Bob Regehr estaba equipado de manera única. Encorvados juntos en su oficina, Regehr y Gordon iniciaron una lluvia de ideas que comenzó con la posibilidad de lanzar un baile de debutantes para Alice Cooper en el elegante Hotel Ambassador, donde las mejores familias de Los Ángeles organizaban los lanzamientos de la vida social de sus hijas. Los gerentes del Ambassador nunca lo habrían permitido si se hubieran enterado de qué se trataba realmente el evento, por lo que Regehr le pidió a su asistente, Shelley Cooper, que tenía la voz y la actitud más formales en todo el edificio, que tratara directamente con el hotel.

Nadie iba a dar ninguna pista de que la debutante en cuestión era en realidad una de las bandas de rock & roll más extrañas que existen en la actualidad. Para asegurarse de que Mo Ostin y Joe Smith asistieran, Regehr programó el evento para la noche del 14 de julio, de modo que pudiera servir como una fiesta para el cumpleaños de Evelyn Ostin. ¿Sabían que el 14 de julio también era el Día de la Bastilla en Francia? No lo sabían, pero agregaron eso también a la invitación porque… ¿Por qué no? Luego, con todo eso ya resuelto, se pusieron a trabajar en los detalles. Y aquí fue donde las cosas se pusieron interesantes y caras. Después de que las facturas superaron los siete mil dólares, una cantidad enorme para un solo evento en 1971, Smith muy preocupado fue a preguntar qué diablos estaban haciendo. Regehr le ofreció alguna explicación razonable y luego le dijo a Shelley Cooper que dejara de enviar las facturas a la oficina de finanzas hasta que la fiesta hubiera terminado. “Si es un éxito, no les importará”, le explicó. “Si no es así, nos despedirán a todos de todos modos”.

Contrataron a una banda de salón para que tocara los clásicos, compraron un pastel de bodas de gran tamaño diseñado para que alguien pudiera salir de él, alquilaron un par de trajes de gorila y contrataron, entre otros talentos, a un perro entrenado para hacer cosas que los perros no suelen hacer, a una cantante y stripper de 150 kilos llamada TV Mama, y ​​a toda una tropa de drag queens de San Francisco que se hacía llamar The Cockettes. Después, enviaron las invitaciones impresas a cientos de figuras de la industria y a los medios, pidiéndoles que se vistieran formalmente, o “apropiadamente”, lo que podía significar, y significó, muchas cosas para las muchas personas en la esfera de Warner/Reprise.

Fiesta de Alice Cooper de 1971 (1)

Regehr había especificado que su debutante, la joven señorita Cooper, prefería una habitación adornada con candelabros, por lo que los gerentes del Ambassador ubicaron el evento en la majestuosa Sala Veneciana. Cuando la noche llegó, algunos invitados llegaron de esmoquin y vestido formal, otros de traje y vestido de cóctel, y otros con pantalones de mezclilla desgastados y blusas sin mangas que dejaban al descubierto el abdomen. El actor Richard Chamberlain estuvo allí, junto con el poeta pop y artista de grabación de Warner Bros. Rod McKuen, Randy Newman, Gordon Lightfoot, John Kay de Steppenwolf, Donovan, Cynthia Plaster Caster y un puñado de los otros actos de la compañía, así como decenas de escritores, reporteros, críticos y figuras de la industria.

Los trajes de gorila fueron asignados a dos camareros, que saludaban a los invitados con bandejas plateadas de entremeses, los cuales algunos consumían mientras se dirigían a uno de los muchas barras abiertas esparcidas por la habitación. La orquesta de Edward Gould tocó animadas versiones de “Moonglow”, “Somewhere My Love” y otros temas de baile de salón conocidos, mientras que las parejas bailaban a su compás. Cuando llegó la hora indicada, toda la multitud se reunió en el vestíbulo principal, bien para el asombro de las damas de sociedad vestidas de gasa y los caballeros de esmoquin con otros asuntos pendientes. La banda de Gould tocó “Pomp and Circumstance” para dar inicio a la procesión.

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Primero entró The Cockettes, una docena de hombres exageradamente maquillados con vestidos de lentejuelas y tacones gigantescos. Uno de ellos estaba vestido como la chica de los cigarros de un club nocturno, con un cenicero amarrado a su hombro que traía puros, cigarros y tubos de vaselina. A estos les siguió el perro caminando en sus patas traseras y empujando una carriola de bebé con sus patas delanteras. Puede que hubiera tenido un gorro de fiesta puesto; las opiniones difieren al respecto. TV Mama, la cantante/stripper de 150 kilos, llegó después, en un vestido negro de seda con bordeado de pelaje blanco, ajustado para resaltar sus prodigiosos atributos. Finalmente entró Alice Cooper, la banda de cinco miembros vestidos de esmoquin, de los cuales uno resaltaba por su rimel apelmazado, sus trazos de labial y sus mejillas sumamente empolvadas, quien se encontraba agarrando una de las rosas de tallo largo que estaban siendo esparcidas frente a y sobre él.

Fue entonces que comenzó la verdadera juerga, avivada por las salpicantes barras abiertas y lo que sea que estaba causando todos esos resoplidos e inhalaciones en los baños. Mo y Evelyn Ostin llegaron junto a Joe y Donnie Smith, Ahmet Ertegun y quienquiera que sea la persona con la que él estaba saliendo en Los Ángeles en ese momento. La llegada de Evelyn desencadenó un coro de “Feliz cumpleaños”, dirigido por TV Mama, quien se coló para cantar, agitar y mover sus atributos lo más cerca posible del espacio personal de la cumpleañera.

Cuando terminó esa terrible experiencia, Evelyn agarró el hombro de Joe Smith y le gritó al oído: “¿¡Se supone que deberíamos estar aquí!?”

Smith le respondió: “¿En qué otro lugar del mundo preferirías estar?”. Todo lo que dijo Evelyn en respuesta se perdió cuando el colosal pastel de cumpleaños que se encontraba en el centro del escenario voló por los aires. Miss Mercy, la miembro de la banda Girls Together Outrageously [GTO] que habían colocado en el compartimiento interior del pastel, se había cansado de esperar su señal y ascendió explotando preguntándose, a todo pulmón, qué demonios estaba haciendo allí. Luego comenzó a recoger puñados de glaseado y a arrojárselos a los invitados, muchos de los cuales se los arrojaron de vuelta. Alice Cooper tocó un corto set, y cuando el reloj avanzó hasta la medianoche y más allá, prevaleció un caos de risas. El poeta McKuen, un hombre de cabello plateado, nariz aguileña y esmoquin a medida, se subió a una mesa y comenzó a desmantelar uno de los candelabros pieza por pieza cristalina, mientras que las chicas de cigarros Cockettes regresaban con bandejas rebosantes de consoladores multicolores, de los cuales muchos fueron arrebatados por parejas juguetonas, ansiosas por ponerlos a prueba. Y en algún lugar fuera de vista, una Cockette había cambiado su vestido por uno de los trajes de gorila, en el que salió corriendo por la entrada principal del hotel y fue vista por última vez en Sunset Strip galopando hacia el amanecer.

Cuando Regehr regresó a la oficina a última hora de la mañana siguiente, su escritorio se llenó de mensajes enojados del gerente del Hotel Ambassador (“¡Rompiste nuestro candelabro!”), de la compañía de alquiler de disfraces (“¡Robaste nuestro traje de gorila!”), del jefe del gerente del hotel (“¡Destrozaste nuestra dignidad!”), y algunos otros. Pero estos se vieron superados por los mensajes sobre la avalancha de cobertura de Alice Cooper que la fiesta estaba provocando. El Los Angeles Times programó una pieza de primera para el siguiente domingo. Los servicios de cable difundieron la historia en los periódicos de todo el país, mientras que las revistas de la industria publicaron sus propias anécdotas de la fiesta, todas celebrando cómo Warner/Reprise logró lanzar otro acto exitoso.

El tsunami de publicidad llevó al álbum que la banda había estrenado tres meses antes, Love It to Death, de regreso a las listas de éxitos, donde permaneció por el resto del año encaminado a vender 1.2 millones de copias. Killer, lanzado alrededor del Día de Acción de Gracias, escaló al puesto Número 21 en las listas de álbumes. El siguiente sencillo del grupo, “School’s Out”, saltó al Top 10 en mayo, lo cual llevó a su álbum, también titulado School’s Out, lanzado un mes después, a posicionarse en el puesto Número Dos en las listas de álbumes y a vender más de un millón de copias. Como predijo Regehr, nadie preguntó al final cuánto costó la fiesta.

Fragmento extraído de Sonic Boom: El imposible ascenso de Warner Bros. Records, de Hendrix a Fleetwood Mac a Madonna a Prince, escrito por Peter Ames Carlin. Publicado por Henry Holt and Company el 19 de enero de 2021. Copyright © 2021 por Peter Ames Carlin. Todos los derechos reservados.

De Rolling Stone US

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