diciembre 4, 2020

Frank Zappa, a 27 años de su muerte

Durante su vida, Frank Zappa fue nombrado de diversas maneras por sus admiradores y críticos: un genio musical, un brillante satírico, un intrépido iconoclasta, un infatigable innovador, un adicto al trabajo, un maniático del control, un humorista pueril, un dictatorial líder de banda.

EXTRAÍDO DE RS74, OCTUBRE 2008

Sus grabaciones y presentaciones en vivo, como solista y con sus varios grupos, las más infames alineaciones siendo las de The Mothers of Invention, a finales de los años sesenta, abarcaron la gran mayoría de la música contemporánea americana, del grasiento doo-wop de los cincuenta, el jugoso y joven R&B, el estruendoso big-band jazz hasta el agresivo hard rock, el ingenioso electric fusion y los energéticamente complejos arreglos orquestales. Escribió y grabó suites conceptuales, soundtracks, graciosos teen-beats, por lo menos un musical previsto para Broadway (el obscuramente surrealista Thing-Fish de 1984) y las picantes –y a menudo sexualmente gráficas– parodias políticas y sociales. Igualmente, Zappa podía improvisar como loco en una guitarra. Una de mis pistas favoritas de todos los tiempos de Zappa sigue siendo la galopante y para tamborilear excursión “Invocation and Ritual Dance of the Young Pumpkin”, del Absolutely Free de 1967.

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Pero para un hombre de aparentes contradicciones, intereses católicos y extensas ambiciones, Frank Zappa –quien murió el 4 de diciembre de 1993 a los 52 años en su casa de Los Ángeles después de una larga lucha contra el cáncer de próstata– era un artista de singular convicción y energía concentrada. Con excepción del voluminoso libreto anotando el reciente tributo a John Cage de doble CD, A Chance Operation –en el cual Zappa contribuyó con la interpretación de la conocida pieza “silenciosa” de Cage 4’33’’– la biografía que Zappa nos envió consiste simplemente de dos palabras: compositor americano.

Se mantuvo fiel a esa búsqueda de su adolescencia (una tonada conocida de los Mothers, “A Pound for a Brown on the Bus”, originó como una pieza para cuarteto de cuerdas escrita cuando Zappa se graduaba de la preparatoria) hasta el fin de su vida. Apenas un mes antes de su muerte, Zappa sacó un nuevo álbum de música orquestal y de cámara, The Yellow Shark, grabado en vivo por el Ensemble Modern en Alemania y Austria en Septiembre de 1992. A pesar de su enfermedad, Zappa presentó dos funciones en Frankfurt, Alemania, y dirigió dos piezas.

A lo largo de su carrera, varios observadores de Zappa, y hasta algunos de sus fans, tendieron a archivar su música seria bajo “avant-garde marginalia”, a diferencia de sus éxitos (“Don’t Eat the Yellow Snow”, “Dancin’ Fool” y su dueto de 1982 con su hija Moon Unit, “Valley Girl”) que fueron clasificados como novedades de relleno. Pero todo era parte del gran lienzo de Zappa. En su autobiografía de 1989, The Real Frank Zappa Book, Zappa estipula que Cruising with Ruben & the Jets, su impecablemente interpretada parodia de 1968 del R&B de los años cincuenta, fue “concebida por los lineamientos del periodo neoclásico de [Igor] Stravinsky. Si él pudo tomar las formas y clichés de la era clásica y pervertirlas, ¿por qué no hacer lo mismo con las reglas y regulaciones que se aplicaban al doo-wop en los años cincuenta?”, dijo Zappa.

Cuando se trataba de música, Zappa no creía en límites, ni en categorías y sobre todo nada de pendejadas. Después de dos años de guerrillear con los altos puritanos en MGM Records sobre la censura del primer material de los Mothers, Zappa estableció la primera de sus propias disqueras, Bizarre, en 1968. Era franco sobre la plática cháchara (y la contabilidad) en el negocio de la música y trataba sobre asuntos políticos y culturales, y no le importaba litigar para proteger su arte y sus derechos de autor.

Aun así, Zappa tenía los oídos abiertos para talento prodigioso; los músicos que pasaron por sus bandas para seguirle a cosas más grandes incluyen a Lowell George de Little Feat, al baterista Terry Bozzio y a los guitarristas Adrian Belew y Steve Vai. Igualmente, Zappa no tenía problemas en encontrar puntos en común con artistas tan diversos como Captain Beefheart (Zappa produjo su gran éxito Trout Mask Replica), el violinista francés Jean-Luc Ponty (tocó en el clásico instrumental-science Hot Rats de Zappa) y el gran jazzista Rahsaan Roland Kirk (improvisaban juntos en 1968). Y Zappa era completamente devoto a la audiencia que escuchaba y apoyaba su música. Una de mis más vívidas memorias personales de Frank Zappa fue cuando estaba sentado al lado de él en un hotel en 1978, esperando empezar una entrevista mientras revisaba pacientemente unas transcripciones escritas de su música con dos emocionados (y cultos) fanáticos.

Zappa estaría entretenido por el impacto y el reconocimiento de su trabajo, sumamente apreciado a finales de los años setenta y ochenta, que sin duda aumentara en la estela de su pasar. Influenció directa e indirectamente a mucha de la música rock progresivo y experimental de las últimas décadas, incluyendo al ingenio del art rock británico, la profunda investigación art-funk de George Clinton y el cut-and-paste jazz-core de John Zorn, y el ruido de la multitud del centro de Nueva York. Nos dejó mucho qué recordar; Zappa sacó más de 60 álbumes oficiales.

Pero la rigorosa consistencia de su visión todavía asombra. Que Zappa hablara tan fuerte de la censura en la música de los años ochenta no fue ninguna sorpresa. Estaba dándole a los vigilantes de la mente con la canción “Who Are the Brain Police?” en 1966.

En cuanto a la música, siempre satirizaba con el amor. Una de las grandes bromas en la última gira de Zappa, en 1988, fue una sorprendente interpretación de “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin, que cambió por completo al último minuto con la sección de metales, que tocó el clímax original de la guitarra, nota por nota, con lustre Ellingtoniano de cinco partes.

Frank Vincent Zappa nació el 21 de diciembre de 1940, en Baltimore, hermano mayor de cuatro. Su padre, un nacido siciliano inmigrante de descendencia greco árabe que trabajaba para el ejército, mudó a la familia a California a principios de 1950, eventual- mente estableciéndose en Lancaster, en el Desierto de Mojave (donde el joven Zappa conoció a Don Van Vliet, el futuro Captain Beefheart). Zappa empezó a tocar la batería cuando tenía 12 años, y a mediados de su adolescencia perseguía intereses paralelos en música orquestal y R&B escribiendo piezas clásicas originales mientras tocaba localmente con su primera banda, una combinación racialmente integrada llamada The Black Outs.

“No había escena underground,” le dijo Zappa a Rolling Stone en 1968 sobre la vida del rock & roll en los años previos a Freak Out. “Sólo había un bonche de gente mayor que quizá eran más desagradables que tus padres”. Descubrió cuan desagradables a principios de los sesenta; Zappa, en ese entonces, tenía su propio estudio de grabación en Cucamonga, California; fue arrestado por la brigada local del vicio después de que un oficial encubierto encargó unos cassettes para  esta “blue”. Las cintas consistían simplemente de gruñidos y suspiros falsos, pero Zappa fue acusado con conspiración por cometer pornografía. Fue sentenciado a seis meses en prisión cumpliendo 10 días (con el balance suspendido). Zappa apareció por primera vez en disco en un puñado de obscuros sencillos, incluyendo “Memories of El Monte” de The Penguins (co-escrita por Zappa y futuro miembro de The Mothers, Ray Collins) y “Grunion Run” de The Hollywood Persuaders, un instrumental con Zappa en guitarra principal. Al mismo tiempo, estaba recibiendo un frío “no gracias” de las compañías de música de Los Ángeles por sus primeros demos como “Any Way the Wind Blows” y “Take Your Clothes Off When You Dance”, que fueron grabados más tarde por The Mothers. Una copia de una carta de rechazo de 1963 por Dot Records fue usada en uno de los press kits de 1970 de Zappa.

“No me importaba si las compañías disqueras estaban listas para mi música», me dijo en una entrevista en 1978. “Yo sabía que había gente que quería escucharla y que le encantaría si la escuchara. Sólo porque había una tonta en una disquera que no la comprendía, esa no era ninguna razón para no intentar pasarla”.

En 1964 encontró una manera, vía una banda de bares del área de Los Ángeles llamada The Soul Giants, en la cual el saxofonista se fue después de que Zappa convenciera a los demás artistas –Ray Collins, el vocalista, el baterista Jimmy Carl Black y el bajista Roy Estrada– de dejar los covers del Top 40 y tocar sus propias líricamente polémicas, mutant-groove originales. The Soul Giants se renombraron The Mothers (Of Invention llegó más tarde, gracias a un nervioso MGM Records) y se volvieron los terroristas del dance-floor en los clubes de L.A. Su épico debut, Freak Out!, apareció en 1966, el primer doble álbum de estudio de la era moderna del rock, y aun así, un potente panorama de la rebeldía post-adolescente y premoniciones apocalípticas (“The way you lied/ And all the corny tricks you tried/ Will not forestall the rising tide/ Of hungry freaks, daddy”).

En los siguientes años, Zappa y The Mothers dieron un extraordinario salto con grabaciones y conciertos que pusieron a prueba los límites del new rock y que de igual manera satirizaron, con efectos devastadores, la política dirigente y la contracultura. Los tres primeros álbumes de The Mothers –Freak Out!, Absolutely Free y We’re Only in It for the Money de 1968– fueron un provocativo y astuto tríptico de collage musical e inspiró al teatro lunático que marcó el trastorno generacional de los años sesenta (y las hipocresías en movimiento en ambos lados) con una franqueza que no siempre se llevaba con Amorosa América. “La gente que era hippie no le gustaba lo que hacíamos”, Zappa recordaba años después. “Pensaban que éramos mierda cómica. Éramos muy difíciles de escuchar”.

Entonces, ¿quién escuchaba? “Yo sabía con bastante precisión, basado en el correo que recibíamos”, afirmaba. “El 90% eran hombres entre 16 y 20 años de edad, de clase media, principalmente casas judías de los suburbios. Decíamos algo que esos chavos en particular querían escuchar”.

Otros álbumes altamente considerados del periodo incluían el debut orquestal de Zappa, Lumpy Gravy (dosificado con diálogo improvisado grabado dentro de un piano), y Uncle Meat y Weasels Ripped my Flesh de The Mothers. Pero en 1969, Zappa deshizo el grupo, citando la pesadez de las giras, el estrés financiero y lo que él consideraba estrechas evaluaciones críticas de su trabajo. “Me cansé de tocar para gente que aplaude por las razones equivocadas”, le dijo a Rolling Stone en ese entonces.

Apenas era el final del principio. En 1971 estaba de nuevo de gira con un cambiado The Mothers, llevados por las extrañas y chistosas armonías de los ex-Turtles, Mark Volman y Howard Kaylan, conocidos como Flo y Eddie. Estaba formando actos tan diversos como Alice Cooper, Wild Man Fisher y The Persuasions a sus disqueras Bizarre y Straight. El  filme documentario de burla sobre la vida de gira en el rock & roll, 200 Motels, de Zappa, fue lanzado en 1971; el año previo, interpretó pasajes del score en vivo con Los Ángeles Philarmonic, conducida por Zubin Mehta.

A mediados de los años setenta, Zappa recibió su primer disco de oro, por el álbum solista Apostrophe (‘). Anticipados críticos y fanáticos, lamentando la ausencia de energía en sus letras y el pasar de The Mothers, descartaron a Zappa como una fuerza agotada, pero en 1979 logró estar en el Top 30 con Sheik Yerbouti. “El estereotipo de lo que hago va algo así”, me dijo Zappa una vez, en un tono de voz que sugería que ya estaba muy cansado de explicar lo obvio. “Mucha gente con la que hago entrevistas piensan que hice tres buenos discos, los tres primeros álbumes. Y después de eso, me fui para abajo. Los chicos que vienen a estas funciones ni siquiera conocen estos discos. El primer álbum que escucharon es Apostrophe (‘). Y algunos ni siquiera han escuchado eso. No estoy diciendo que soy un hombre para todas las temporadas”, sonrió, “pero estoy haciendo algo de manera correcta”.

Mientras que la nación giraba abruptamente a la derecha políticamente en los años ochenta, y su propia música era marginalizada por la industria de la música, Zappa tomó control total en la producción y publicación de su trabajo (bajo la marca Barking Pumpkin) y se volvió un tenaz oponente –en disco, en entrevistas y en TV– del movimiento PMRC para la censura de la música. Una de sus presentaciones públicas más memorables de la década fue en su testimonio de 1985 delante de una subcomisión de senado que investigaba las letras de la música pop. Extractos del evento aparecieron más tarde en el brillantemente titulado álbum Frank Zappa Meets the Mothers of Prevention.

En los últimos años de su vida, la industria meramente artesanal de Zappa, manejada por su esposa Gail, creció a muy alta velocidad. Él supervisó una exhaustiva reedición de CDs de su catálogo, emprendió una aclamada gira mundial en 1988 y continuó componiendo y grabando nuevas piezas clásicas. Aun cuando su enfermedad se dio a conocer al público en 1991, en un breve comunicado por su hija Moon y su hijo Dweezil en vísperas de un concierto tributo a Zappa en Nueva York, su sentido de misión nunca titubeó.

También dedicó mucha energía a crear música inspirada por el pionero compositor del siglo XX, Edgar Varèse. Zappa descubrió su música cuando era adolescente, y de él tomó prestado el epigrama que se convirtió en su propia tarjeta: “Los compositores de hoy en día se resisten a morir”, dijo. El verano previo a su muerte, Zappa grabó un disco de las obras de Varése con Ensamble Modern.

“Frank no quiso llamarle tributo”, dijo Spencer Chrislu, ingeniero de mezcla de Zappa. “Sintió que Varèse es completamente incomprendido, y no pensó que la música había sido interpretada apropiadamente”. Chrislu recuerda que una vez Zappa le dijo al Ensamble Modern: ‘Todos ustedes son maravillosos, músicos técnicos. Pero ahora es tiempo de poner unos cuantos ojos moretoneados en eso’. Él quería que sintieran la música y conectarán con las emociones que esperaban brotar”.

Zappa trabajó hasta sus últimos días. “Solía hacerlo 12 horas al día”, dice Chrislu. “Y cuando podía trabajar sólo ocho horas, él sentía que no había sido suficiente».

Escucha el soundtrack de Zappa:

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