octubre 28, 2020

Una provocación a la creatividad

Los aspectos socioculturales, políticos y hasta de sanidad, han alimentado el ritmo productivo de Gustavo Santaolalla. Recuerdos desde el lanzamiento de 'Santaolalla', su primer álbum solista.

La industria musical se ha visto golpeada durante esta crisis sanitaria, sobre todo a los grupos donde su mayor ingreso económico proviene de sus conciertos en vivo. Al ser cancelados, mucha gente se quedó sin trabajo (staff) y las bandas se encerraron para componer, grabar y hasta lanzar algunos temas en diversas plataformas digitales.

Este encierro desafió a la creatividad, la mantuvo con dudas pero, finalmente, con la esperanza de abrir nuevos espacios artísticos para seguir adelante y superar una de las tantos altibajos que la música ha tenido a lo largo de su historia. El rock, específicamente, ha sido torturado por diversos aspectos sociopolíticos en diferentes momentos y zonas geográficas. Uno de los protagonistas de esta lucha es Gustavo Santaolalla en Latinoamérica. Este reconocido productor, compositor, músico y hasta vinicultor argentino tiene una sorprendente trayectoria profesional por la que ha vivido cambios culturales, sociales, políticos y tecnológicos alrededor de la música. Afortunadamente, su trabajo no ha parado en estos meses, y entre tantos proyectos, echa un vistazo al pasado cuando lanzó su primer álbum como solista, titulado Santaolalla (1982).

Esta amena plática se llevó a cabo de forma virtual, él desde Los Ángeles y yo desde la Ciudad de México, dejó entrever su pasión por lo que hace, su inquietud de seguir innovando y llevar su identidad en todo proyecto. Un maestro al que se le aprende cuando lo escuchas y el motivo de este nuevo diálogo es la remasterización de Santaolalla que por primera vez, ya se encuentra en formato digital.

Sin tantas pausas, su interesante charla cautivaba como cualquiera de sus discos. “Este álbum es y fue muy importante en Argentina, Rolling Stone ya lo había marcado como un disco que había abierto, de alguna manera, la modernidad. Me había ido a Estados Unidos en 1978, me fui de Argentina donde me metían preso desde los 15 años –no por más de tres días– pero la música tenía un contenido súper contracultural, te metían preso por tener el pelo largo, por tocar rock y tener una guitarra eléctrica. La censura era una de las cosas imposibles para estar en Argentina, porque ya estábamos prohibidos en la radio, y todo eso, tú ya empezabas a componer algo y te decías ‘no, esto no va a pasar’, pero no se puede vivir así. De pronto, llegué a Estados Unidos que tenía el Woodstock Generation y toda esa música donde ya había sido triturada por el sistema. Las bandas del momento eran Boston, Kansas, Styx, Journey… para mí era horrible, era como un corporate rock y no tenía nada que ver con lo que para mí era la música, pero justo en 1978 los Sex Pistols se pararon en un concierto en San Francisco y entre ellos y los Ramones –de cada uno del lado del océano– empezó toda esta movida nueva que fue increíble y yo me abracé a eso totalmente. Finalmente, una música que le dio una cachetada a todos estos tipos que ya estaban corporizados y que la música había perdido el sentido que tenía para mí. Pero también venía el punk y el new wave, porque no hay que olvidarnos que en el new wave había gente más grande que vio en esta oleada interesante para explorar, esta nueva estética…».

Fue en ese momento en que Gustavo formó el grupo Wet Picnic, una agrupación que fusionaba ritmos de punk, new wave y jazz, posteriormente participó en The Plugz, un grupo chicano donde tocaba el bajo y produjo uno de sus álbumes. “Entonces regreso a Argentina a hacer mi disco solista con toda esta impronta, con el pelo corto, mi corbatita, mi saco. La gente mi miraba y decía: ‘¿Qué le pasó?, ¿qué es esto?’ –porque antes yo tenía el cabello largo y barba– y en aquel momento fue una cosa muy fuerte porque no había nada de eso. Los chicos de Virus, que después fue un grupo importantísimo en los años ochenta y nueva oleada, vinieron a ver como yo grababa el disco; yo todavía no tenía ningún disco grabado. Ahí vi por primera vez, en ese viaje, a dos bandas que estaban como recién empezando, vi a Soda Stereo delante de unas 50 personas, que me encantaron y ahí empezó mi relación con Gustavo, y vi a Sumo, una banda con una sensación de peligro –que la había visto en Estados Unidos pero no en Argentina–  y bueno, ese disco Santaolalla marcó un momento importante y hoy me entero de cuanta gente lo escuchaba, cosas que yo no tenía ni idea, como Zeta que había llevado el disco a la sala de grabación y con Gustavo lo escuchaban, cosas así, o el pibe de Adicta que cuenta que era muy joven y que ese disco también lo marcó», recuerda el productor con gran ánimo.

Como algunos países en Latinoamérica, Argentina es la cuna de excelentes propuestas musicales, pero la óptica actual de Gustavo, que ha estado permanentemente en contacto con la producción y gracias a su experiencia, es pieza fundamental del rock latinoamericano. “Argentina es un lugar maravilloso porque tiene una especie de output artístico increíble en muchos rubros y cosas, creo que hay una movida interesante que tiene que ver con la búsqueda de la identidad, que es algo que a mí me acompaña desde que empecé con Arco Iris y que en sus principios fui criticado porque la intelligentsia del rock decía: ‘¿Cómo es eso?, eso no es rock, cómo vas a tocar un ritmo de chacarera, poner una quena o un charango?’. Lo más interesante es realmente seguir en la búsqueda de una música que tenga identidad, que refleje lo que haces, quién eres y de dónde vienes, es muy importante. Yo lo traté de hacer con todas las bandas que he trabajado, el caso máximo es probablemente Café Tacvba. Artistas con una identidad muy fuerte que para mí también es muy fuerte, luego llevas eso a todas las cosas. El tema de la identidad sale en lo que hago y en este momento, en Argentina, en los músicos en general es algo importante. La onda de mirar algo afuera y hacer una versión de YouTube pero cantando en español ya pasó hace tiempo. Ahora sí se están afirmando mucho más los conceptos de hacer una música con identidad».

Esa identidad, que en ocasiones se ha visto frenada por la misma industria musical, aquella que da y quita vida, a la que muchos le rinden culto y otros la desafían, puede tener diversas caídas que hay que levantar. “La industria musical está llena de dificultades en un sentido porque tienes que luchar contra mentalidades que aún, inclusive con logros, es muy difícil de cambiar. Después de que has demostrado que has producido álbumes, que venden millones de discos, igual muchas veces te cuesta que una grabadora entendiera –estoy hablando de donde vengo porque hoy en día ya ha cambiado mucho el negocio– la falta de visión de la gente dentro de la industria. Tanto una discográfica pueda ser, de las radios, de la gente que estaba en la televisión o los medios en general. No puede ser que después de tantos años, de tantas cosas que uno ha probado, sigamos con este tipo de cuestionamientos: ‘Que si no es comercial… ¿dónde está el sencillo?’, todas esas cosas te encontrabas. Pero también, por otro lado, he encontrado gente dentro de la industria que ha confiado y eso también lo viví desde el principio con mi primer álbum de Arco Iris –que ya cumplió 50 años– y donde un señor llamado Fernando Falcón nos dio totalmente carta libre para que hiciéramos lo que quisiéramos. En aquel momento era muy raro, éramos unos chicos de 18 años y entramos al estudio de grabación y no es como ahora, donde todo mundo puede grabar, era todo un tema y una inversión. A veces también las dificultades son dentro del lado nuestro, porque aunque parezca mentira, el rock tiene también personajes que son sumamente conservadores, entonces a veces hemos tenido que luchar contra la crítica misma como lo que te contaba que sufría por la intelligentsia del rock, yo quería hacer música con más identidad, no basta con cantar en español, hay que tocar en nuestro idioma y sentir esa resistencia dentro de tus propios colegas. Esas han sido mis dificultades, pero en realidad no siento que fue algo enorme que me impidió hacer con lo que tuve que luchar, creo que siempre con talento de todos los artistas que tuve la suerte de trabajar, y que también fui muy cuidadoso de elegir. Porque también he dicho que el éxito que he tenido se debe no sólo a las cosas que hice, sino también a las cosas que no hice. Creo que se lograron muchísimas cosas pese a que podrían haberse presentado muchas dificultades. Siempre con talento, determinación. Es tan importante encontrar tu voz y una vez que la encontraste, mantenerte fiel a ella, no salirte del camino», recalca Santaolalla este consejo muy valioso para todos y para cualquier momento.

Ese encefalograma y electrocardiograma son paralelos no sólo en la portada de Santaolalla, sino en cada tema y aspecto de su vida. Su primer álbum solista es una radiografía sociopolítica de lo que sucedía en Argentina, canciones con diversos ritmos y viñetas líricas que siguen vigentes. “’Mamá, amigos tengo una TV color’, es como una pintura de un tipo en Los Ángeles llegado del tercer mundo. Hay otro tema muy borgeano, de cuento fantástico, que se llama ‘Hilda y el hermano’, es la historia de dos hermanos ya ancianos que viven en esas casas de barrio donde los chicos juegan a la pelota en la calle, y que se va la pelota dentro del jardín y hay que ir a pedir la pelota y nadie quiere ir porque son unos viejos que te dan miedo, y está toda la casa oscura; es una descripción muy interesante de esos dos personajes. ‘Compañeros del sendero’ que he hecho una versión con La Santa Banda –que es el grupo con el que toco ahora, que me acompaña en mi fase solista– es una canción que hice yéndome de Arco Iris, es una muy íntima, muy sentida. ‘Vasudeva’, es una versión de un tema viejo de Arco Iris, una reversión, es el tipo de reggae que se grabó en Argentina y otro tema que pinta a esos personajes que ustedes les llaman “fresas» es “María de los Ángeles», es esa chica que va y se analiza dos veces por semana, que en un momento se va a encontrar a su príncipe azul montado en una moto y se van a perder en el horizonte y que no hablan de nada y no se dicen nada porque sobran las palabras, en el amor no, porque no tienen nada qué decirse. ‘Ando rodando’ que es la que cae de Maduro, es el hit [risas]. Es un disco para que lo descubran, hay muy grandes músicos, grabado en 24 canales y muy feliz con la remasterización que suena con todo».

La larga charla seguía, muchos cuestionamientos y opiniones se entrelazaban para formar un diálogo rico. Su trabajo parece infinito, “por suerte, lo de la parte de introspección de la cuarentena a mí no me tocó porque he estado con tanto trabajo y lindos proyectos pero realmente he estado muy atareado», pero hay un lugar que no olvida, y es nuestro país. “México es un lugar que amo profundamente, para mí es como una tierra mía, tengo grandes amigos, adoro la cultura, la gente es hermosa y lo extraño porque solía ir más a México», afirma alegremente.

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Lo único que queda es seguir disfrutando su trabajo, brindar con un buen vino de su bodega, Cielo y tierra (“Estamos sacando uno nuevo que es un corte especial. Es una mezcla de Malbec con Petit Verdot, es una edición limitada y casualmente estamos hablando para ver si podemos exportarlos a México»), y disfrutar que la música siga viva.

Escucha la remasterización del álbum Santaolalla, de Gustavo Santaolalla:

En este articulo: Gustavo Santaolalla.
https://bit.ly/35NuWfi

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