junio 22, 2021

‘In the Heights’ funciona, aunque no es el musical que sus fanáticos estaban esperando

Si bien la cinta logra regresarle un poco de vida al verano, no consigue dar con la grandeza de la obra escrita por Lin-Manuel Miranda.

In the Heights llena todas las casillas que necesita un musical para entrar en los corazones de su audiencia: números de baile impactantes, personajes entrañables y canciones que permanecen en tu cabeza desde el momento en el que dejas la sala de cine, pero lamentablemente el ritmo trazado por Jon M. Chu no se asemeja a la pauta que había marcado la obra en 2008.

Durante más de dos horas de película, la energía del verano desborda desde la pantalla para mezclarse entre una fiesta que celebra la identidad y presencia latina en Estados Unidos. A través de sus canciones los habitantes de Washington Heights cuentan cómo es que llegaron al país americano y la manera en la que piensan cumplir cada uno de sus sueños. Desde una bandera cubana hasta una bandera peruana, los estandartes latinoamericanos decoran la ciudad de Nueva York en un barrio en el que las calles están hechas de música.

In the Heights toma lugar en Washington Heights, un distrito de Manhattan que se caracteriza por la energía de la comunidad latina. Usnavi (Anthony Ramos), un joven carismático y trabajador que opera una tienda de abastecimiento junto a su primo Sonny (Gregory Diaz) sueña con algún día tener lo suficiente para regresar a su natal Republica Dominicana y vivir la vida que le había prometido su padre. A la bodega de Usnavi llegan todos los habitantes Washington Heights, ya sea en búsqueda de una caja de condones o con el último chisme del barrio, pero nadie sale de la tienda sin comprar un boleto de lotería.

En el barrio también vive Vanessa (Melissa Barrera) una joven aspirante a diseñadora de modas que trabaja en el salón de belleza del barrio con el único objetivo de cambiar de código postal. Un día Nina Rosario (Leslie Grace) regresa repentinamente de la universidad para darle la noticia a su padre (Jimmy Smits) que ya no piensa seguir con sus estudios, pero el anuncio se ve interrumpido por su exnovio Benny (Corey Hawkins), quien claramente sigue sintiendo algo por ella. De la misma manera, Abuela Claudia (Olga Merediz), una inmigrante cubana de primera generación, funge como matriarca del barrio y está pendiente de que cada uno de sus habitantes cumpla sus sueños.

Mientras la temperatura sigue subiendo en Washington Heights, los rumores de que alguien había comprado el boleto ganador por 96,000 dólares en la tienda de Usnavi causan furor en los habitantes del barrio, hasta que un apagón (inspirado por un corte de energía que ocurrió en 1999) deja sin energía a las calles de Nueva York, eso sí sin lograr terminar con la fiesta latina.

Como bien lo dijo Rita Moreno recientemente en el programa de Stephen Colbert, Lin-Manuel Miranda llegó al mundo para posicionar lo ‘latino’ en la cultura popular de Estados Unidos. Claro, existen celebridades como Jennifer Lopez o Ricky Martin que lograron hacerse de un nombre en la escena musical estadounidense, pero nadie ha conseguido lo que el escritor de In the Heights ha logrado en los últimos once años.

El musical original de In the Heights comenzó como un proyecto estudiantil en 1999, durante el segundo año de universidad de Miranda. Lo que sonaba como una versión rap del musical Rent terminaría siendo una obra ganadora de cuatro premios Tony, incluyendo el premio al Mejor Musical. Es por eso por lo que resulta un tanto lejana esta nueva adaptación al cine de la obra de 2008.

El guion escrito por Quiara Alegría Hudes, quien también coescribió la obra original junto a Lin-Manuel, se deshace de los puntos principales de su predecesora, al igual que del clímax original. En esta nueva versión, Quiara intentó darle foco a los temas raciales que están viviendo los dreamers hoy en día, pero en lugar de conseguir crear consciencia, la puertorriqueña añade problemas que pierden importancia a los diez minutos de haber aparecido en pantalla. Desde una protesta migrante hasta un cameo superficial por parte de Marc Anthony, Alegría en su ambición por entregar una historia que conecte con la audiencia de hoy en día no consigue dar en el clavo del sentimentalismo y el activismo social.

Y es que la dificultad que implicaba llevar la historia de In the Heights a la pantalla grande recaía en concentrarse en más de cinco líneas argumentales diferentes. Las historias de Usnavi, Vanessa, Nina, Benny y Abuela Claudia en momentos pierden protagonismo y desaparecen para ser reintroducidas a la narrativa principal de una manera un tanto brusca y repentina. Contrario a la obra original, los personajes carecen de un conflicto primordial que haga entender al espectador las dificultades de vivir en un barrio marginado de Nueva York sin perder la dignidad y el orgullo a su ascendencia latina.

Al cambiar el orden original de las canciones la historia pierde un poco su esencia y se aleja de situaciones que fácilmente podrían enternecer de una manera mucho más potente a las personas que están sentadas en la sala de cine. Temas como “Breathe” o incluso la canción más poderosa de la obra original “Paciencia y Fe” carecen de su potencia original debido al desafortunado acomodo establecido por Quiara Alegría. Además, la ausencia de “Sunrise” y “Hundreds of Stories” seguramente afectarán la experiencia de aquellos que han seguido el musical desde sus primeros días.

Las decisiones tomadas por Jon M. Chu de cortar algunas canciones para darle un tiempo innecesario a las reacciones de los personajes rompen con el dinamismo que ya se había establecido con las primeras notas de las pistas. Y mientras que la estética visual que se plantea en In the Heights logra llenar de magia las calles y los locales de Nueva York, en momentos su propuesta fotográfica se ve opacada por una suerte de CGI inoportuno que no aporta nada a la diégesis de la cinta.

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En lo que triunfa Chu es en crear un sentido de pertenencia entre los habitantes de Washington Heights. La convivencia entre los personajes principales e incluso los extras más alejados de escena se siente honesta y plausible, además que la musicalización en las acciones cotidianas de los neoyorkinos fluye de una manera tan meticulosa que el ambiente musical del barrio se entiende en el primer segundo del filme.

Además de los aciertos por Chu, el reparto de In the Heights consigue dar unas interpretaciones que recompensan las fallas infundidas en el guion. Melissa Barrera da una actuación sensacional con su papel de Vanessa, dejándonos una de las mejores canciones de la cinta, “It Won’t Be Long Now”, misma que no le pide mucho a la versión original interpretada por Karen Olivo. La química entre Melissa y Anthony Ramos combinada con la vivacidad del elenco formado por Stephanie Beatriz, Dascha Polanco, Daphne Rubin-Vega, Leslie Grace y Corey Hawkins consigue que las dos horas y veintitrés minutos de película se pasen de manera tan rápida que el final llega cuando menos lo esperas.

Otra de las sorpresas de la cinta es Gregory Diaz, quien con tan solo 16 años entrega una de las actuaciones más memorables entre el elenco. Diaz se adueña de su papel y sabe manejar la energía de su personaje para equipararla con la de Anthony Ramos. Los dos actores, que son primos en el filme, crean una dinámica familiar auténtica que es digna de rescatar.

Quien deja mucho a desear es la veterana Olga Merediz, que repite el trabajo que le mereció una nominación al Tony por Mejor Actriz de Reparto en un Musical. Bajo la dirección de Chu, Abuela Claudia, el personaje de Merediz, termina por ser una simple caricaturización de una persona de la mayor edad. De misma manera se presenta al personaje de Abuela Claudia como la matriarca del barrio, pero en el momento en el que la migrante cubana fallece en el apagón, su historia es dejada de lado para abrir paso a líneas narrativas de menor importancia.

Si bien In the Heights no es el acierto musical de los últimos años y más con la próxima y prometedora versión de West Side Story dirigida por Steven Spielberg en puerta, la cinta llega en el momento indicado. Después de haber batallado contra la pandemia de Covid-19, el musical llega a las salas de cine para que su audiencia se despida del mundo exterior y participe en el carnaval de barrio que es el distrito de Washington Heights. Es imposible objetar en contra de una película que obliga al espectador sonreír de tanta fogosidad que se despide desde la pantalla.

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