diciembre 1, 2020

Janelle Monáe se libera

Surgió como un incesantemente innovador androide de pop. Ahora, está lista para revelar la persona real que hay dentro.

EXTRAÍDO DE RS180, JUNIO 2018

Janelle Monáe está llorando en su traje espacial. Está en Atlanta en uno de los estudios en el sótano de la sede de su [disquera] Wondaland Records, rodeada de monitores de computadora y pantallas de televisión, uno de ellos mostrando un salvapantallas que muestra imágenes de sus héroes: Prince, Martin Luther King Jr., Pam Grier, Tina Turner, Lupita Nyong’o, David Bowie. Está a punto de revelar, por primera vez, algo que el mundo ha supuesto por mucho tiempo, algo que sus amigos más cercanos y familia ya saben, algo que ella ha estado reticente a decir en público. Así como canta en una canción de su nuevo álbum, Dirty Computer, “Let the rumors be true”: Janelle Monáe no es, finalmente admite, el androide inmaculado, el “alien from outer space/ The cybergirl without a face” que ha declarado ser durante una década de álbumes, videos, conciertos e incluso entrevistas –es, en lugar de eso, un ser humano de carne y hueso, desarreglado y con imperfecciones.

Y tiene otro rumor que confirmar. “Ser una mujer queer afroamericana en Estados Unidos”, dice, respirando hondo mientras sale del clóset, “alguien que ha estado en relaciones con hombres y mujeres –me considero a mí misma como una chingona libre”. Inicialmente se identificó como bisexual, aclara: “Pero luego leí sobre pansexualidad y pensé: ‘Oh, estas son cosas con las que me identifico también’. Estoy abierta a aprender más sobre quién soy”.

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Es un adorable traje espacial el que está usando, un artefacto blanco a su medida y de la NASA con un parche que dice commander [comandante] en un brazo y una bandera estadounidense en el otro. Se lo ha puesto sin razón alguna –no hay cámaras frente a ella– mientras se sienta relajada en Wondaland. El atuendo es un remanente, tal vez, de su personaje de androide, conocido como Cindi Mayweather, que nos mostró todos estos años: un robot mesiánico y revolucionario que se enamoró de un humano y juró liberar al resto de los androides.

A inicios de su carrera, Monáe se sentía insegura sobre estar a la altura de los imposibles ideales del mundo del espectáculo; el personaje, los trajes andróginos, el compromiso inflexible a la trama tanto arriba como detrás del escenario, le sirvieron en parte como una armadura protectora. “Tuvo que ver con el miedo de ser juzgada”, dice. “Todo lo que sabía era que yo tenía que verme de cierto modo al estar en esta industria, y sentía que yo no me veía como la estereotípica artista afroamericana”. También es perfeccionista, una tendencia que ha ayudado su carrera y ha entorpecido su vida emocional; ser un autómata sin defectos era también un deseo cumplido. Es una de las muchas razones por las que ella pensó que tenía un “virus de computadora” que necesitaba limpiarse, lo que la llevó a años de terapia, empezando antes del lanzamiento de su debut en 2010, The ArchAndroid. “Me sentía incomprendida”, acepta. “Pensaba: ‘Antes de autodestruirme, antes de convertirme en una persona confundida frente al mundo, déjenme buscar ayuda’. Tenía miedo de que alguien no me viera en mi máximo. Esa obsesión fue demasiado para mí”.

Entonces lo compensó al exceso, como ella lo dice, dejando que los fans trataran de entender la visión y el sonido de una mujer afroamericana vestida de forma andrógina creando fantasías afro futuristas tan psicodélicas como los panoramas sonoros de Parliament-Funkadelic que creció escuchando. Se volvió una anomalía pop, una intrusa –algunas veces incongruente– en el universo de sus primeros apoyos, Big Boi y Puff Daddy, el segundo firmándole un contrato con Bad Boy Records en 2008. The ArchAndroid fue una introducción agitada y Electric Lady de 2013 –definitivamente el primer álbum concepto progresivo en la historia de Bad Boy– la estableció como una de las voces más inventivas del siglo XXI. Años antes de que Frank Ocean, Solange, Beyoncé y SZA volvieran mainstream el artístico y alternativo R&B, Monáe ya estaba ahí, construyendo un puente entre el neo soul y todo lo que estaba por venir, sin temor de fusionar rock, funk, hip hop (cuando tiene ganas, como en su reciente sencillo “Django Jane”, es una rapera de primera clase), R&B, electrónica y exagerada teatralidad de niños.

Ella siempre evitó las preguntas sobre su sexualidad (“Sólo salgo con androides” era su respuesta habitual) pero insertaba las respuestas reales en su música. “Si escuchas mis álbumes, está ahí”, dice. Cita “Mushrooms & Roses” y “Q.U.E.E.N.”, dos canciones que hacen referencia al personaje llamado Mary como un objeto de afecto. En el minuto 45 del filme que acompaña a Dirty Computer, “Mary Apple” es el nombre de las dirty computers [computadoras sucias] que fueron capturadas y privadas de sus nombres reales, una de las cuales es interpretada por Tessa Thompson (se ha rumorado que la actriz es novia de Monáe, pero ella no habla sobre su vida amorosa). El título original de “Q.U.E.E.N.”, explica, era “Q.U.E.E.R.” y todavía puedes escuchar la palabra en las armonías corales del tema.

Monáe es la CEO de su propia disquera, una modelo de CoverGirl y una estrella de cine, apareció en la película ganadora del Óscar, Luz de luna y en la nominada al Óscar, Talentos ocultos, dos éxitos con elencos afroamericanos. En ambas cintas, se abordan historias afroamericanas que, comúnmente. no se les da el tratamiento en la pantalla grande. “Nuestras historias están siendo borradas, básicamente”, dice sobre su adición a esos guiones, los cuales hicieron que “quisiera contar mi historia”.

Monáe se preocupa que el humano detrás de sus máscaras no sea suficiente. Ha preguntado en voz alta, también en terapia: “¿Qué pasa si las personas no piensan que soy tan interesante como Cindi Mayweather?”. Va a extrañar la libertad de ser el androide. “Yo la inventé, entonces pude hacer que fuera lo que sea que yo quisiera. No tenía que hablar sobre Janelle Monáe que estaba en terapia. Es Cindi Mayweather. Ella es quien yo aspiro ser”.

En Dirty Computer, las únicas pistas de ciencia ficción están en el título y en la trama de la película acompañante. Las letras son confesiones de carne y hueso de inseguridad tanto física como emocional, enfatizada con liberación sexual. Son los deseos sin filtro de alguien que piensa demasiado y se permite hablar sin pausa, por primera vez. Y quiere ayudar a los escuchas a obtener el coraje de ser “computadoras sucias” también. “Quiero que chicas, chicos, no binarios, homosexuales, heterosexuales, personas queer que están teniendo un mal momento lidiando con su sexualidad, lidiando con sentirse excluidos o intimidados por ser ellos mismos, que sepan que yo los veo”, dice en un tono adecuado para el parche de comandante en su brazo. “Este álbum es para ustedes. Siéntanse orgullosos”.

Janelle Monáe Robinson nació Kansas City, Kansas el 1 de diciembre de 1985, con una mamá que trabajaba como conserje y un papá que estaba a la mitad de una lucha de 21 años contra su adicción al crack. Sus padres se separaron cuando Monáe tenía menos de un año de edad y su madre después se casó con el padre de la hermana menor de Janelle, Kimmy.

Las advertencias de Monáe sobre el gran tamaño de su familia se vuelven realidad cuando llegamos a su vieja colonia. En una calle, su abuela materna era dueña de muchas casas consecutivas en las que vivían primos, tías, tíos y la misma Monáe. A pocos minutos se encuentra la casa color pastel de su bisabuela paterna. Monáe pasó una parte significante de su vida ahí –era su conexión principal con su papá y su familia mientras él entraba y salía de la prisión; su relación fue inestable hasta que dejó las drogas hace 13 años. A otro corto viaje en auto está la casa de su tía materna Glo, donde nos encontramos a su mamá. “Es mi pedazo favorito de pay”, dice su tía Fats refiriéndose al apodo familiar de Monáe “pun’kin” [calabaza].

Monáe fue criada en una comunidad de clase trabajadora llamada Quindaro. Comenzó como un asentamiento establecido por nativos y abolicionistas justo antes de la Guerra Civil y se volvió un refugio para los afroamericanos escapando la esclavitud por el ferrocarril subterráneo. Algunas semanas antes de nuestra visita, vándalos pintaron suásticas y “Salve, Satanás” en una estatua del abolicionista John Brown en la colonia. Desde entonces, se volvió a pintar. “Sé que nadie de aquí hizo eso”, cuenta su bisabuela moviendo la cabeza. “Personas de fuera”.

Del lado de Misuri, Kansas City es predominantemente blanca pero la comunidad de Monáe es realmente afroamericana. “Solía leer sobre el lugar de donde soy”, narra, “y entender quién realmente está en desventaja al venir de estos ambientes. Es horrible. Así es para los afroamericanos”.

Es realmente difícil dejar pasar la devoción de su familia –difícilmente dicen una frase sin mencionar las bendiciones de Dios. A los 91 años, la bisabuela de Monáe todavía monitorea los pasillos de la escuela bíblica local con una vara. Durante nuestra visita, se sienta detrás del piano para dirigir el acompañamiento góspel. Monáe, junto a una tía y una prima, se une cantando “Call Him Up and Tell Him What You Want” y “Savior, Do Not Pass Me By”.

Monáe está más relajada durante nuestro tiempo juntas cuando está en Kansas City. Su pronunciación lenta del medio oeste regresa al gritar y cantar mientras corre a los brazos de sus primos, tías y tíos, muchos de los cuales sólo puede ver durante las vacaciones o paradas cercanas durante sus giras. En algún punto, se acurruca en el regazo de su mamá mientras miran un cartel hecho a mano lleno de fotos en tono sepia de su niñez. “Era una bebé encantadora”, recuerda su tía Fats.

Los miembros de la familia de Monáe comparten diferentes versiones de la misma historia: nació para ser una estrella y lo dejó en claro en cuanto desarrolló sus habilidades motoras. Una vez la escoltaron fuera de la iglesia porque insistió en cantar “Beat It” de Michael Jackson en medio de la misa. Estaban los shows de talento en el Día de la emancipación donde ella hizo el cover de “The Miseducation of Lauryn Hill” por tres años seguidos y ganó cada uno. Era la estrella de los musicales en la escuela, excepto por El mago durante su último año, cuando perdió el rol de Dorothy porque tuvo que salir temprano de la audición para recoger a su mamá del trabajo. Todavía está un poco molesta por no haber obtenido ese papel.

Monáe pronto pasó una audición más importante, para American Musical and Dramatic Academy y se fue a Nueva York. Estudió teatro musical y compartió un pequeño departamento con una prima donde ni siquiera tenía una cama para ella misma. Cuando no estaba en clase, estaba trabajando.

Mientras tanto, una vieja amiga estaba teniendo la experiencia universitaria que Monáe deseaba en Atlanta, entonces se trasladó. El resto es una historia conocida en el mito de Monáe: era una cantante con afro de neo soul rasgueando su guitarra en los patios de escuelas y trabajando en Office Depot. La despidieron de ese trabajo por usar una de las computadoras de la empresa para responder un correo a un fan, un incidente que inspiró la canción “Lettin’ Go”.

Esa canción llamó la atención de Big Boi, quien la incluyó en Idlewild de Outkast y la ayudó a conectar con Sean Combs. “Voy a ser honesto contigo”, dice su papá recordando una invitación a uno de las presentaciones de Monáe en Atlanta, donde Combs supuestamente estaría. “Yo pensé: ‘Sí, claro’. No creí que Puff Daddy iría”.

Dejando el escepticismo a un lado, Michael Robinson estaba orgulloso de la invitación. Había dejado las drogas recientemente y los dos estaban reparando su relación. Pasó mucho tiempo de la niñez de Janelle escuchando sobre sus inmensos talentos de otros miembros de la familia más presentes. Se sentía honrado de que habían llegado tan lejos como para que Monáe quisiera que estuviera ahí para un concierto tan importante. Pero todavía no podía creer que Puffy estaría ahí.

“Voy con mis dos primos y ella dice: ‘Papá, todos sabrán que no eres de aquí. Tus jeans están arrugados’”. Dejando a un lado su paso en falso de moda –insiste que no usa jeans arrugados desde entonces–, Robinson tuvo una sorpresa agradable cuando uno de sus primos vio a Combs y Big Boi en la parte de atrás [del lugar]. Era el principio de la nueva vida de su hija y él estaba justo a tiempo para ser parte de la travesía. “Recuerdo haber pensado: ‘Esto es pasar un buen rato’”, reflexiona. “Tenían todas las cámaras, todas las luces. Todo fue para Janelle”.

Monáe grabó la mayor parte de Dirty Computer aquí, en un pequeño estudio con decoración inspirada en La Habana. Invitados y colaboradores van desde Grimes hasta Brian Wilson, quien añadió armonías al tema del título. Las notas del disco citan versos de la Biblia y una reciente entrevista con Quincy Jones junto a The Great Cosmic Mother de Monica Sjöö y Pantera negra de Ryan Coogler.

Pero ella estuvo particularmente cerca de una inspiración. Monáe era buena amiga de Prince, quien personalmente bendijo el tono brillante y exagerado del álbum. “Cuando Prince escuchó esta dirección particular, me dijo: ‘Eso es todo lo que necesitan hacer’”, dice Chuck Lightning (integrante de Deep Cotton). “Eligió ese sonido como lo que estaba resonando con él”. Prince les dio música muy específica y recomendaciones de equipo de la era que les atraía, incluyendo Gary Numan, a quien él amaba. “Lo más poderoso que pudo darnos fueron los pinceles con los que pintamos”, reconoce Lighnting. Se difundieron rumores de que Prince coescribió el sencillo “Make Me Feel”, el cual contiene un riff de guitarra estilo “Kiss”. “Prince no escribió esa canción”, dice Monáe, quien, con mucho dolor, extrañó sus consejos durante el proceso de producción. “Fue muy difícil escribir este álbum sin él”. Prince fue la primera persona en obtener una copia física de The ArchAndroid –ella le presentó el CD con una flor y los títulos escritos a mano. “Mientras escribíamos las canciones, yo me preguntaba: ‘¿Qué pensaría Prince?’. Y no podía llamarle. Es algo difícil perder a tu mentor a la mitad de un viaje del que él había sido parte”.

Stevie Wonder fue otro de los primeros fans de Monáe, y una conversación entre ellos –Wonder insistió en que ella la grabara– aparece como un interludio en Dirty Computer. En algún punto, años atrás, su amistad con ambas leyendas colisionó: tuvo que elegir entre tocar con Prince en Madison Square Garden o con Wonder en Los Ángeles. Prince la motivó para que eligiera a Stevie.

Ahora está en un hotel de Nueva York, dos semanas antes del lanzamiento de su álbum. “Hay algo de ansiedad ahí pero me siento valiente”, dice, balanceándose entre su típica severidad y un poco de debilidad vulnerable. Hoy no se derramarán lágrimas. “Mis héroes musicales no hicieron los sacrificios que hicieron por mí para vivir con miedo”. Su activismo no es el enfoque de Dirty Computer, pero está ahí, rondando cada nota. Terminó el ensayo con su banda en Atlanta pidiéndoles a los músicos que reflexionaran qué tan estadounidense era este álbum. Los Estados Unidos de Monáe están en las minorías; aceptan a los marginados y las computadoras con virus, como los que ella creyó que tenía.

Ella entiende el significado de hacer ahora su vida personal una parte más grande y más clara de su arte. Menciona la conversación sobre uno de sus filmes como un ejemplo de cómo podría usar su propia historia para involucrar a la audiencia más conservadora. “Cuando hice Talentos ocultos, había algunos hombres blancos republicanos tuiteando sobre eso y sobre cómo se sintieron mal. Podías percibir a través de sus tuitsque ellos pensaban: ‘Estas mujeres afroamericanas sí nos ayudaron a llegar al espacio. ¿Cómo es que podemos tratarlas así?’”.

Mientras tanto, sigue anticipando preguntas de su familia en Kansas. Parece más preocupada sobre ellos que lo que cualquier persona tenga que decir. Aún así, Dirty Computer es una celebración y si pierde algunas personas en el camino, Monáe parece estar bien con ese riesgo. “A través de mis experiencias, espero que las personas sean vistas y escuchadas”, dice. “Tal vez cometa algunos errores. Tal vez tenga que aprender en el camino pero estoy abierta a esta travesía”. Suspira, con voz segura y mirada decidida. “Necesito vivir esto. Necesito que vivamos esto. Juntos. Te haré sentir empatía por las computadoras sucias de todo el mundo”.

Escucha Dirty Computer, de Janelle Monáe:

En este articulo: Janelle Monáe
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