mayo 27, 2019

La caída de la dependencia

Café Tacvba vive una etapa diferente en su carrera. Es autónomo, inteligente y provocador para gritarnos 'Jei Beibi'.

Extraído de RS170, julio 2017.

Café Tacvba vive una etapa diferente en su carrera. Es autónomo, inteligente y provocador para gritarnos ‘Jei Beibi’.

POR Álex Carranco

En un mundo retorcido, no muy diferente al actual, cuando George W. Bush tomaba el poder en Estados Unidos; Carlos Menem hacía lo propio en Argentina; en Brasil se celebraba sus primeras elecciones después de la dictadura; Ted Bundy, el asesino en serie, era electrocutado en la silla eléctrica; la recompensa por tres millones de dólares para asesinar a Salman Rushdie por la publicación de su novela Los versos satánicos seguía vigente; el arte se vestía de negro por la muerte de Salvador Dalí; millones de niños y adolescentes quedaban hipnotizados ante el televisor gracias al estreno de Dragon Ball Z y Los Simpson; las estaciones de radio lanzaban los primeros sencillos de discos como Jaime López (Jaime López), Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio (Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio), Doolittle (Pixies), Steel Wheels (The Rolling Stones), The Stone Roses (The Stone Roses), Flowers in the Dirt (Paul McCartney), Bleach (Nirvana), Technique (New Order), Like a Prayer (Madonna), Dr. Feelgood (Mötley Crüe), Headless Cross (Black Sabbath) y Pretty Hate Machine (NIN), entre tantos y en México corrían los discursos de Carlos Salinas de Gortari con su “política ficción» mientras el Partido de la Revolución Democrática se fundaba y Joaquín Hernández Galicia, “La Quina», era encarcelado. Era 1989, un año con muchos cambios políticos, sociales y culturales para ser noticias en la prensa, radio y televisión donde el internet hacía sus primeras pruebas privadas en nuestro país y obviamente, las redes sociales no existían.

 

Hace 28 años, Rubén Albarrán, Meme del Real, Joselo y Quique Rangel unían su talento musical para tocar en diversos bares para ir dándole forma a lo que actualmente conocemos como Café Tacvba: la banda nacional con mayor creatividad musical.

 

En cada uno de sus discos se reflejan esos detalles en su producción y composición. Su estilo es conocido internacionalmente y al escuchar Café Tacvba [1992], Re [1994], Avalancha de éxitos [1996], Revés/ Yo soy [1999], Cuatro caminos [2003], Sino [2007] y El objeto antes llamado disco [2012] ejemplifican esa cara ante los problemas en México con un optimismo rítmico que fusiona el rock, electro y pop con armonía tradicional mexicana y sudamericana.

 

Hoy, el cuarteto se caracteriza por su carisma y disposición para platicar sobre lo que hay alrededor de Jei Beibi, su más reciente álbum después de cinco años. La elegancia y amabilidad de Quique destaca para recordar lo que atravesaba Café Tacvba un poco antes de este lanzamiento. “En el 2015 todavía teníamos algunos compromisos, consecuencia de haber hecho gira con El objeto llamado disco, sobretodo festivales y algunas presentaciones. A principios de ese año nos habíamos cuestionado si era el momento si queríamos ver la luz de un siguiente disco. No recuerdo si una de las intenciones era que ese año empezáramos a grabar un álbum o a principios de 2016 pero nos hicimos el tiempo para que en septiembre de 2015 empezáramos a trabajar en canciones nuevas. No había –y en realidad nunca hubo cuando tuvimos un contrato discográfico– una presión patente por tiempos, de cuándo teníamos que hacer o entregar un álbum y esto fue una inquietud de empezar a sacar canciones. Trabajamos en ese primer cúmulo de temas, fueron seis, hicimos un demo y seguimos con nuestros compromisos para terminar el año, pensando que teníamos que retomar ese proceso para el 2016. Y lo hicimos hasta julio», mientras que Joselo, enfundado en pantalón y chamarra de mezclilla, complementaba las palabras de su hermano: “Nos sentamos y dijimos: ‘¿Vamos a seguir viviendo de canciones del recuerdo?’. Son dos caminos y tienes que decidir cual camino tomar. Cada uno de nosotros compone de manera individual, tiene ideas que luego se llevan al grupo y de ahí surge todo, entonces empezamos a trabajar en temas, dedicamos todo ese año en hacer un disco que reflejaba el momento que estábamos viviendo. No nos sentimos una banda del recuerdo porque estamos componiendo, tenemos ideas nuevas y ganas de salir».

 

Esa mentalidad de continuar creando los llevó a tomar decisiones importantes para su carrera. Un camino que se dirigía a la independencia. No más contratos con disqueras ni depender de terceros. Café Tacvba, gracias a su experiencia y éxito, ya podía ser una empresa manejada por ellos mismos y Jei Beibi se convirtió en el primer producto de su propio negocio musical. “Nuestra necesidad de convertirnos en una empresa tiene que ver con la forma en que se difunde la música actualmente. El aparato de organización, planeación y financiamiento de las compañías disqueras también se involucran en el managment y es algo que ya no lo vemos; estábamos abiertos a continuar trabajando con nuestra disquera o con alguna otra y no se dio. La forma por la inmediatez de difusión de nuestra música, vimos la oportunidad de no tener que un ‘territorio’ se ponga de acuerdo para liberarla», recalca Quique.

 

De los cuatro integrantes, Meme es el más pensativo, está al pendiente de lo que sucede alrededor y rompe su silencio: “El master del disco es nuestro. Nos hubiera encantado ser dueños de los discos anteriores. Revés es nuestro pero es el único caso –no quiere decir que fue rechazado por la compañía– pero no fue de un interés absoluto como cuando lo sustituimos por lo que ellos estaban esperando. Estamos muy contentos con este álbum también, pero es pensar que lo que haces se queda para ti. No hay mejor herencia».

 

Como cualquier empresa, se debe optimizar cada uno de sus recursos para salir con la música por delante para alcanzar metas y obtener un buen reparto de utilidades. Sin embargo, las crisis existen y es fácil caer en ellas. “Antes había una disquera, infraestructura, presupuestos y todo eso. Ahora estamos en una situación totalmente distinta, estamos solos con un equipo conformado para sostener todo esto. También tenemos que sacar el dinero para hacer un álbum, un disco de calidad. En ese 2016 escogimos cosas muy puntuales como festivales o tocadas que nos daban el dinero para poder invertirlo y es así que surgió el Jei Beibi. Estamos más compenetrados con todo el proceso, con todo lo que implica estar sin una disquera que se ha dedicado a hacer las otras cosas. Nosotros solamente hacíamos el disco, canciones y ahora es algo más completo. La disquera era un todo y uno no sabía qué era ese todo. Necesitas a alguien que diseñe el disco, que revise el papeleo, la editorial, distribución para radio o en plataformas digitales. Hoy en día tenemos un equipo que lo hace o contratamos a alguien. Ahora se automatizó y están estos núcleos por separados y uno va directamente a ellos para requerir sus servicios», aclara Joselo. “Digamos que la tranquilidad o certeza de la gente que nos hace eso no tiene el disco de pop, reggetón o de grandes éxitos en la fila para estar esperando cuando le toque al tuyo o que la distribución de un disco no dependa de que si van a comprar tantas unidades de otro álbum. Son negociaciones que ya no estamos en ellas», dice Quique con una gran sonrisa.

 

La forma de trabajo ha cambiado para tener una visión y control completa de su obra. Saber qué hacer y sorprender a sus seguidores. Tal es el caso cuando se lanzó el sencillo “Un par de lugares» sin ser incluida en el álbum. Rubén, siempre analizando el momento, recuerda cuando nació ese tema. “Fue la primera canción de ese inicial grupo de canciones y se dio la oportunidad de que pudiéramos grabarla con Mick Guzauski [ingeniero que trabajó con Daft Punk y Michael Jackson], entonces unas personas realizaron un seminario de ingenieros. Vendría Mick, harían algunas grabaciones con algún grupo y mientras ellas estarían aprovechando los conocimientos de Mick, nos propusieron que fuéramos el grupo que él grabara. Nos interesó mucho y pensamos que iba a hacer como parte del disco. Sin embargo, cuando ya completamos la colección de canciones, el proceso creativo ya había avanzado a otro momento al que estábamos cuando grabamos ‘Un par de lugares’. Un poco grabar es matar la canción, ya no sigue evolucionando, creciendo, es esa fotografía; entonces fue un poco por eso. Tenemos muchas canciones y ésta tal vez en cuanto a temática, quedó separada. Aunque gracias a ella también decidimos trabajar con Mick en todo el disco y al igual que las otras canciones fue de los temas que abrió el juego de ‘no reglas’ para este álbum».

 

Esta independencia también los lleva a revisar las posibilidades de conquistar territorios fuera de este continente. Sin embargo, bajo este nuevo esquema, toma otro tono al que deben de enfrentarse. “Después de 28 años hay antecedentes afuera, digamos que en EE UU –más allá del público mexicano y latino– nos damos cuenta que los medios norteamericanos saben de nosotros [Rolling Stone EE UU nombró a Re como el Mejor Disco de Rock Latino de la historia], el público no es consciente de eso; en Europa nunca hemos tocado más allá de España e Inglaterra, para el público latino, un pequeño nicho. Todavía no es algo que nos hemos planteado, antes confiábamos en la compañía disquera. Esperábamos que nos sucediera pero nunca pasó, tampoco fue que insistiéramos demasiado. Suficiente tenemos con tocar en México, Sudamérica y EE UU. Pero es una posibilidad, creo que todavía hay ímpetu después de 28 años. Simplemente ganas de conocer otros lugares. Si algo nos ha regalado Café Tacvba es conocer muchas partes que jamás se nos habría ocurrido viajar», afirma Quique.

 

La experiencia se mama en cada paso, hay momentos célebres y otros que nunca merecen ser recordados. El pasar de la vida es cuestión de tiempo y el ver hacia atrás deja aprendizaje. ¿Qué consejo le hubiera gustado escuchar a Café Tacvba cuando apenas iniciaban en este mundo musical? “¡Disfrútalo!», grita Rubén con risas y Joselo continúa, “Personalmente había cosas que no disfrutaba, que me pesaban mucho, que era demasiado racional en cosas. Ahora las veo a la distancia y me digo: ‘Lo hubiera disfrutado, vivido como tal y hubiera sido un poco más ligero todo’, pero eso es algo que no se puede cambiar, el hecho de no haberlo vivido de esa forma tan ligera pude llegar a hacer ciertas cosas que de otra manera no pasaron. A veces me restringía de hacer cosas. En términos de grupo veo es que estuvimos en el lugar  y tiempo correcto; todo confluyó para que esto creciera y pudiera continuar durante 28 años».

 

La política que hacemos juntos

Café Tacvba hace un retrato de lo que se vive en México. No sólo en retomar temas sociales aderezados con melodías, sino también hace esa crítica política exigiendo los derechos de los olvidados. Es así como en el primer tema de Jei Beibi, “1-2-3″, podría ser una canción alegre, bailable pero el significado lírico grita justicia por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa: “Cómo te pido que no seas una más/ De las historias que se cuentan a diario/ No quiero que seas sólo un número más/ Cómo es posible que alguien quiera y pueda desearlo. Un, dos tres, cuéntalos bien/ Y si sigues tal vez llegues a 43/ No te pierdas, te quiero besar/ ¿Dónde vas?, ¿dónde vas?, ¿dónde vas?». El exigir el cambio no es suficiente, se debe iniciar por nosotros mismos. “Algo que ha comentado Rubén y que estoy totalmente de acuerdo», reflexiona Joselo, “es que la gente siempre está esperando que un líder, un presidente o un gobierno cambie las cosas y todos le echamos la culpa a Peña Nieto o a Trump. Y eso no funciona. Tantos gobiernos y formas de política no es lo que funciona. Si queremos el cambio tiene que ser otra cosa. No estar esperando que alguien haga las cosas por nosotros sino nosotros hacerlas en nuestro entorno, en lo más cerca. Cada quien tiene que cambiar en lo individual para que pasen cosas a nivel global. Hay gente que dice que Café Tacvba es muy político o no son políticos… pero si hay un ejemplo que podamos dar a la gente es que somos cuatro personas muy diferentes; con visiones, religiones y políticas distintas, pero hemos logrado llevar esto bien, hemos podido hacer un trabajo durante 28 años y eso es un gran ejemplo. Ojalá que más personas puedan hacer algo así. Claro que tenemos fricciones entre nosotros pero el resultado ahí está. Es positivo».

 

Mientras Joselo terminaba sus palabras, Rubén desprendía un suspiro que lo llevó a repasar en unos segundos lo que tenemos y el miedo que nos da el cambio. “De pronto me viene como una tristeza por nosotros mismos que a veces me parece demasiado difícil que podamos cambiar. Como que somos demasiados comodinos, flojos, conformistas. No nos interesa mucho salir del lugar en el que estamos y eso es clarísimo. Como ejemplo, ¿cuántos años llevamos como mexicanos viviendo una situación que va de mal en peor? Me invitaron acompañar un movimiento llamado Ni un fraude más por las elecciones del estado de México y me expresé con los políticos de que la democracia no existe, por lo menos para mí, que tengo 50 años viviendo en este país, la democracia no existe. Es una palabra falsa, una quimera, nunca la hemos visto en realidad y las cosas cada vez están peor. Si hablas con alguien que tenga cierto nivel siempre te va a decir que hay que respetar las instituciones, pero ¿qué instituciones vamos a respetar? todas nuestras ‘instituciones’ han hecho de lo peor». El semblante de Rubén cambia al hablar de la política nacional, además de reconocido músico es activista que lucha por la igualdad y salud del medio ambiente. “Mi credencial del IFE la quemé hace ocho años. Tenemos que actuar como sociedad pero ya como individuos, yo no veo la intención de cambiar. Nadie queremos cambiar, todos queremos seguir teniendo nuestros aparatos, comer lo que comemos, seguir teniendo las comodidades o no comodidades de este mundo; y es este maldito mundo que no funciona. Entonces, si quisiéramos cambiar tendríamos que tener la consciencia de que este mundo ya valió, tendríamos que inventarnos otro por lo cual éste tendría que desaparecer y si desaparece, muchos vamos a desaparecer porque somos el mundo viejo. Para tener un mundo nuevo se necesitan a los jóvenes. Los jóvenes tal vez sí traen otro chip, tal vez ellos sí puedan –como nosotros también podríamos hacerlo, pero no lo hacemos–, tal vez tienen esa energía de ser jóvenes, ser nuevos». Rubén es apasionado en sus composiciones, en su vida y en lo que cree. Esa pasión se palpa en cada expresión. “Por ejemplo, se dice mucho lo que los narcos piensan: ‘Prefiero vivir tres años como rey a una vida de miseria’ y eso deberíamos de tomarlo, la sociedad civil y decir: ‘Voy a vivir tres años a full como revolucionario y si me matan pues ni pedo’, que vivir esta mierda de vida. Nos la pasamos viendo pendejadas. Nos la pasamos en el tráfico, aspirando contaminantes, bebiendo azúcar y agua muerta. Comiendo alimentos que tienen insecticidas, venenos. Esta vida que nos dimos pensamos que está muy chingona, lujosa y que se ve bien bonita y que brilla», se hace una pausa, su voz baja de volumen y continúa. “En realidad, ¿qué es esto? No sé, me lo pregunto, y llego a esa desesperanza», finaliza mientras sus compañeros guardan silencio. La lluvia ácida cae al atardecer y se asoma un pequeño tiempo para reflexionar.

 

 

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