agosto 23, 2020

La reinvención radical de Julian Casablancas

El cantante de The Strokes habla acerca de la sobriedad, el izquierdismo y el fiero álbum que ha grabado con una banda nueva.

EXTRAÍDO DE RS138, NOVIEMBRE 2014

“Este lugar está muy bien”, dice Julian Casablancas. Es una tarde a finales de verano y el líder de The Strokes, curiosea en una tienda de libros radicales operada exclusivamente por voluntarios, a una cuantas cuadras de su departamento, ubicado en la zona conocida como Lower East Side, en Nueva York. Vemos una rata blanca posada sobre el hombro de la mujer cabellos-de-erizo que preside a un lado de la caja registradora, con Jimmy Cliff sonando en el estéreo. Casablancas revisa una copia de How the World Works, de Noam Chomsky, pero enseguida detecta un libro acerca del CBGB, el legendario antro punk que cerrara sus puertas en 2006. “Estábamos a punto de tocar ‘Modern Age’ por primera vez en nuestra historia cuando el tipo del sonido apagó todo el equipo”, dice haciendo referencia a uno de los primeros conciertos de The Strokes, celebrado en 2000. “Eran unos imbéciles. Vamos, por supuesto que el sitio es legendario, pero yo no derramé lágrimas cuando lo cerraron. Pensé, ‘Lo único que tienen que hacer es abrir otro local en Times Square’”. Los días de The Strokes como grupo de bar no duraron mucho: Un año después de su presentación en el CBGB, el grupo de Casablancas revigorizaría el rock neoyorquino con su debut, Is This It, y pavimentaría el camino para toda una generación rockera, desde The Black Keys hasta The Arctic Monkeys. (“Nos abrieron las puertas porque comenzamos a ser llamados a ciertos clubs y antros por la sola razón de que éramos un grupo de rock garage”, dice Dan Auerbach, de los Keys). Casablancas adquiriría notoriedad como la encarnación impávida y elegantemente intoxicada de lo cool neoyorquino. Sin embargo, actualmente se mantiene sobrio, está casado y es padre de un chico de cuatro años, Cal, y pasa la mayor parte de su tiempo en casa, en el norte del estado de Nueva York. Si se desvela es porque se ha pasado toda la noche garabateando pasajes del libro A People’s History of the United States, de Howard Zinn, o bien revisando sitios izquierdistas en la red, entre ellos Truthout y Truthdig. “Me gusta todo lo que incluya la palabra ‘verdad’”, dice esbozando una sonrisa inteligente.

Así mismo, ha terminado de grabar un nuevo disco solista, Tyranny, lanzado por su propio sello y en el que se hace acompañar por una banda llamada The Voidz. El álbum es muy denso en términos musicales, así como político en el plano de las letras. No se parece en nada a los temas filosos de The Strokes, pero esto parece no molestarle al cantante. “Éste es mi destino, esta grabación es precisamente lo que he querido hacer desde el primer álbum”, dice refiriéndose a su debut como solista, Phrazes for the Young. “Sea como sea, sólo anhelo inspirar algo tan grande (como The Strokes), incluso algo más grande, pero con un significado más profundo, ¿me entiendes? Sobre todo ahora que ya estoy más viejo”.

Ataviado con jeans rotos y chaqueta de mezclilla, Casablancas luce como un tipo accesible y tranquilo. En las charlas se muestra entusiasta y sincero, sosteniendo genialmente su opinión en lo referente a asuntos como la neutralidad en internet y los prejuicios mediáticos. “Últimamente le ha dado por ser afable y desinhibido”, dice el longevo manager de The Strokes, Ryan Gentles. “No estoy hablando acerca del tipo que alguna vez conocí. Me refiero al presente: A un Julián sobrio, maduro, adulto, padre de familia”.

Cuando Casablancas abandona el local se le ocurre arrojar cinco dólares dentro de un jarrón especial para donaciones. Luego sale a la calle. A lo largo de las próximas horas se le acercan un par de fans que lo tratan como si se tratara de un viejo amigo. De pronto, un tipo con una patineta y gorra de beisbol comenta que le encanta el nuevo material que ha creado con The Voidz. “¡Gracias, hermano!”, dice Casablancas. Unos minutos más tarde añade: “Ese tipo lucía muy bien”.

Parte de la mística tempranera de The Strokes proviene del evidente glamour generado por un historial atiborrado de escuelas privadas en el área de Manhattan. Muchas de las primeras historias acerca del grupo señalaban que el padre de Julian, John Casablancas, era el fundador de la monstruosa agencia Elite Model Management, cuya clientela incluía a súper modelos de la talla de Cindy Crawford y Naomi Campbell. Sus padres se divorciaron cuando el cantante tenía ocho años. Su relación con John fue brusca, y Julian ya había comenzado a beber intensamente al entrar a la preparatoria, que poco tiempo después abandonaría para siempre. “Solía ser un tipo tan llamativo y encantador”, dice Casablancas de su padre, quien muriera el año pasado. “Creo que siempre quise estar más cerca de él. Y esto se tradujo en rebeldía adolescente”.

Había más cercanía con su padrastro, el artista y académico Sam Adoquei, quien creció en Ghana y le mostró a Casablancas la música del titán nigeriano del funk, Fela Kuti. Adoquei se ha dedicado a moldear la óptica artística y musical de Casablancas a lo largo de su carrera, incluso ofreciéndole algunas sugerencias en el área de la composición. (Asimismo, Casablancas ha desempeñado un papel en el arte de su padrastro. El libro que Adoquei publicó en 2011, Origin of Inspiration, un tratado que aborda la mejor manera de llevar una vida creativa, está lleno de las ideas que solía poner a prueba con Casablancas. “Cierta vez le dije a Julian que lo escribí porque él se marchó y se volvió un hombre muy ocupado, y el chico con el que compartía mis ideas ya no estaba ahí”, dice Adoquei. Su padrastro continúa escribiéndole observaciones acerca de su trabajo, muchas de ellas despiadadas. “A veces me dice: ‘Puede que esto no te guste’”, explica Adoquei. “Y es que yo soy muy duro con el arte basura”.

Tyranny lo incorpora todo, desde el punk hardcore a los ritmos africanos, pasando por solos de guitarra metalera y voces robóticas. “Nos pusimos a escuchar música del mundo y luego alguna canción de heavy metal, y se nos ocurrió tender un puente para salvar el abismo”, dice Casablancas. Por momentos, el proceso de composición fue muy emotivo: El padre de Julian murió mientras su hijo creaba las canciones que darían forma a Tyranny; el tema de 11 minutos de duración, “Human Sadness”, parece abordar algo de este dolor cuando Casablancas parafrasea al poeta místico Rumi: “Más allá de todas las ideas del bien y el mal existe un campo/Ahí te encontraré”. Según Julian, “Fue muy intenso. Incluso si nunca gozaste de una relación cercana con tu padre, en cuanto todo esto te abandona, el techo se te cae encima”.

Casablancas y The Voidz pasaron más de dos años escribiendo el álbum, grabándolo a lo largo de siete meses en un estudio ubicado en el piso superior de la tienda de libros Strand, en Nueva York, por lo general trabajando de las 7 pm hasta el amanecer. “Me creía una perfeccionista hasta que conocí a Julian”, dice Jale Bercovici, bajista de The Voidz. “Creo que pasamos 20 días buscando un solo tono en los teclados”.

Casablancas peleó para llegar a este punto. Tras el éxito inicial de The Strokes, la alegría juvenil que muchos asociaban con la banda había evolucionado hasta convertirse en un auténtico problema con el alcohol para Casablancas. De pronto ya estaba bebiendo vodka en las mañanas. “Creo que yo era encantador el 10 por ciento del tiempo, cuando el estado alcohólico era idóneo”, dice acerca de la época en la que le gustaba beber. “Uno piensa: ‘Soy osado, estoy loco y sé beber’. Pero lo que en realidad ocurre es esto: ‘No soy capaz de charlar con los demás si no cuento con una confianza estúpidamente falsa e insoportable’. Podrías creer que se trata de un suero de la verdad, pero no es otra cosa que un suero para gente mierda”.

Entonces puso en marcha un largo periodo de recuperación. “Tuve una cruda que duró cinco años. Es decir, literalmente, cuatro años después de haber abandonado la bebida aún no me sentía cien por ciento bien. Aún me sentía un poco crudo, sin ganas de bajar a comprar un emparedado, con una cierta necesidad de permanecer encerrado. Me sentí muy golpeado por la experiencia”.

En 2009 el cantante lanzó su álbum debut como solista, con canciones que compuso en su laptop, encerrado en su departamento. Al mismo tiempo decidió abandonar su rol como líder de The Strokes, cediendo el control en el plano de la composición, “preservando la paz”, como él mismo señala. Los resultados, tal y como pueden ser apreciados tanto en Angles, de 2011, como en Comedown Machine, de 2013, carecían de los ganchos y del impacto emotivo de los primeros tres discos. “Quizá no los aplasté tanto como antes con mi puño de hierro, pero fue a propósito”, dice. “Porque todo eso había generado muchos problemas (con el resto de la banda). Yo no quería pelear ni discutir por algo así. Yo les decía: ‘¿Te agrada más de aquella manera? Perfecto’”.

A lo largo de toda esta ordalía, The Strokes han mantenido su estatus como una adorada y enorme atracción, sobre todo en concierto. Los fans volaron de todo el mundo para verlos tocar su primer concierto en tres años en el Teatro Capitol, en Port Chester, Nueva York, en mayo pasado. “Estuve a punto de llorar”, dice Gentles. “Me he perdido una docena de conciertos de The Strokes a lo largo del tiempo y nunca antes habían sonado tan bien”. Una semana después tocaron en el Baile del Gobernador, en Nueva York, en el escenario principal, ante la audiencia más nutrida de todo el fin de semana. (Una vez terminado el set, la muchedumbre se redujo notablemente y sólo pocos se quedaron a ver a la cabeza de cartel, Jack White).

El mismo día de la visita a la librería, Casablancas se encuentra cenando –una ensalada de aguacate en el mismo restaurante dominicano que eligió para almorzar– y reflexionando acerca de todas esas emociones en conflicto generadas por la banda y su fama sin fisuras.

“Es como para volverte humilde y otorgarle validez a todas esas cosas que tal vez estés haciendo bien”, dice a propósito de The Strokes. “Pero con los actores pasa exactamente lo mismo: Si una cinta se convierte en un éxito taquillero, los actores filmarán 10 películas idénticas más tarde porque suponen que eso es lo que la gente quiere… pero el valor comercial de una cosa no se traduce necesariamente en algo bueno”.

La noche previa al lanzamiento de Tyranny, la banda toca sin anunciarse en un departamento de Brooklyn, cambiando su nombre efímeramente por el de Rawk Hawks. Cuando la gente comienza a esparcir la noticia que anuncia de qué banda se trata realmente, una horda de fans llena el pequeño espacio. Portando una chaqueta demasiado grande de los New York Jets a pesar del alucinante calor, Casablancas ataca el micrófono y aúlla el agresivo material nuevo. El sonido está a años luz de The Strokes, pero las chicas siguen gritando con cada uno de los gestos del cantante y le gente exige un mayor volumen para la voz.

Por ahora Casablancas se embarcará en una gira por las arenas deportivas con su banda original. “Aún me divierte analizar las reacciones de la gente”, dice refiriéndose a los conciertos más recientes de The Strokes. “¿Pero me siento realmente conmovido por ello? No. Por ejemplo, hace poco escuché a una persona tocar el cover de una canción del Top 40 en un bar vacío, como si se la hubiera aprendido dos días antes. Quizá disfrutaba tocarla mucho más de lo que yo disfruto tocar ‘Last Nite’. No pude sino sonreír”.

Escucha Tyranny, de The Voidz con Julian Casablancas:

https://open.spotify.com/album/5LlMvH379KZHgRIL5BrTOg?si=1-LWAk2pRWKdaK21IG0fzg
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