diciembre 26, 2020

Lars Ulrich, baterista de Metallica, cumple 57 años

Lars Ulrich, baterista de Metallica, habla sobre el 'Álbum Negro'.

EXTRAÍDO DE RS109, JUNIO 2012

Se trata de un evento histórico. Cierta tarde reciente, en su estudio al norte de San Francisco, Metallica toca íntegro su álbum más exitoso, Metallica, lanzado en 1991, mejor conocido como El Álbum Negro (The Black Album). Y la banda lo ejecuta en su secuencia clásica, por primera vez en su carrera. Pero también lo tocan al revés, comenzando por el emotivo y ruinoso final “The Struggle Within”, y finalizando con la exultante amenaza de “Enter Sandman”. “En ningún lado está escrito que si tocas un álbum completo tienes que empezar por el principio”, asegura el baterista Lars Ulrich.

¿De quién fue la idea de tocar el Álbum Negro al revés?

Si la idea te gustó, fue mía. Si no te agradó, fue de James (sonríe). Para bien o para mal, yo soy el tipo que se encarga de la lista de canciones a tocar en vivo. Si no funciona, somos libres de cambiarlo todo. Pero me parece que la idea de comenzar con las canciones menos populares, las que se encuentran enterradas en ese álbum, tan sólo para concluir con “Sad But True” y “Enter Sandman”, es una idea ganadora. Terminas con una inyección de dinero, es decir, la canción que abre esa grabación.

El cambio reflejado por ese álbum: Del speed metal a una estructura más sencilla y simple, estableció la pauta para el resto de la carrera de Metallica; una disponibilidad para experimentar que sigue confundiendo a propios y extraños.

Creo firmemente que a nuestros discos los une un hilo muy fino. Las canciones más directas y contundentes ya estaban presentes en nuestro material más tempranero, en temas como “Harvester of Sorrow” o “Ride the Lightning”. Pero decidimos concentrarnos en este estilo porque no teníamos a donde ir. ¿Hacia dónde dirigirse después de “Dyer’s Eve”? No puedes acelerar la marcha. No puedes competir con la furia de un Hetfield que le ladra a sus padres. Con eso cerramos los años ochenta.

Tocamos cierta vez en Toronto con Aerosmith, en el verano de 1990, justo cuando comenzamos a componer para el Black Album. Recuerdo que estaba sentado debajo de un palco con nuestro manager Cliff Burnstein. Me dijo: “The Misfits son una de las más grandes influencias de tu banda – ‘Last Caress’ dura minuto y medio. Pero un tema como ‘Jumpin’ Jack Flash’ forma también parte del imaginario de Metallica. Sólo que no te has dado cuenta”.

Regresé a San Francisco y en las cintas de Kirk encontré un riff (comienza a tararear las líneas de “Enter Sandman”). Toda la canción gira en torno a ese riff. “Enter Sandman” fue una especie de huella. El resto del álbum lo creamos en dos meses.

¿Qué tanto afectará a las nuevas composiciones la decisión de tocar en vivo este álbum clásico?

He estudiado estos temas a lo largo de un mes. Los escucho mientras manejo, me sumerjo en ellos antes de los ensayos: “¿Por qué subimos el tono en esa parte? ¿Por qué repetimos esa parte cuatro veces y no sólo dos? Hoy pensé todo eso de nuevo. Había una parte en “Sad But True”, en la mitad, con un medio coro. Luego regresaba al solo de guitarra y a un puente antes del tercer verso. No puede dejar de pensar: “¿Por qué estructuramos así esa canción? ¿Podríamos tomar ese idea prestada?” Si no puedes plagiarte, ¿qué sentido tienen las cosas? Será interesante ver ­–una vez que llevemos este álbum a la gente que vive en otros países– con qué regresaremos para las sesiones de composición programadas para otoño.

Ustedes tienen una gran cantidad de proyectos, pero al parecer todo esto obstaculiza la creación de nuevos temas.

No quiero ser parte del típico grupo que sólo graba, se va de gira, graba de nuevo y sale otra vez de gira. Diré esto hasta el día de mi muerte: “¿A quién no se le antojaría grabar un disco con Lou Reed?” Son aventuras, territorios desconocidos, lugares en los que tienes que usar algo más que tu mera memoria muscular. Quiero alejarme de ese modelo que dicta que una banda sólo debe existir para grabar un nuevo álbum.

Ahora ya no te concedes años sabáticos. Trabajas todo el tiempo.

Detesto la palabra “trabajo”. Manejar hasta nuestro cuartel general, tocar y sudar –todo esto es muy divertido. Es algo que nos gusta demasiado. Hemos sobrevivido a todas las caídas y todas las trampas, a las locuras que puedes atestiguar en Some Kind of Monster. Todo esto parece haber hallado un ritmo. No se parece nada a lo que hacen Red Hot Chili Peppers. Ellos graban, salen de gira y luego se ausentan durante tres o cuatro años. Ese no es nuestro destino.

¿Cuáles son los fragmentos del Orion Festival de los que eres responsable?

Yo pensé en el nombre (risas). Para mí, la inclusión de los Arctic Monkeys es algo grandioso. Creo que son una banda de metal disfrazada de banda ‘indie’. Si escuchas con atención una canción como “Perhaps Vampires is a Bit Strong But…”, hay algo ahí que suena a Rush. Avenged Sevenfold son gente muy querida. Estuvieron a punto de declinar la oferta. Querían descansar durante el verano. Llamé por teléfono a uno de los chicos y le dije: “Sería muy importante para nosotros”. The Black Angels son lo más cool del mundo. Un amigo me dijo: “Tienes que escucharlos”. Y cuando finalmente lo hice pensé, “Increíble, es como The Doors con algo más 2011”.

¿Hubo alguna banda que te haya dicho: “Gracias, pero si aceptamos, nuestros fans nos asesinarán”?

El problema no es con los grupos. Tiene más que ver con si este festival tiene derecho a existir desde la óptica de los fans. Nosotros lo estamos organizando, así que la gente ha comenzado a encasillarlo. Tenemos que trabajar más duro que otros. Si Radiohead lo hace, todo mundo opina que es algo cool. Si nosotros lo hacemos, es una porquería. Me impresiona que la gente se impresione cuando nos da por hacer algo como el festival. Tiene que ver con nuestro ADN.

La película en 3D es un salto cuántico, incluso para ustedes. Contiene elementos de documental, de ficción y de sus conciertos sobre un escenario demencial.

Es algo a lo que le hemos dado vueltas a lo largo de dos años. Es hora de conferirle dimensiones reales, para sacarlo de nuestras cabezas y llevarlo a las pantallas. No verás a Metallica sobre ese escenario. Estarás sobre el escenario con la banda. En IMAX, James Hetfield mide treinta y ocho pies mientras te escupe. Son dos mil decibeles. Si temblara afuera de la sala, ni cuenta te darías.

Pero algo así no puede durar 100 minutos. Perdería su atractivo. Hay otros elementos ahí –algo íntimo y pequeño, una historia que sigue la misma trayectoria que el concierto. La pregunta es: “¿Cómo entretejer las escenas?”. Es necesario alejarse de pronto del concierto para disfrutar de éste.

Incluso en los conciertos de Metallica, uno tiene que alejarse para orinar o comprar una cerveza.

La idea se remonta a los noventa, cuando las cintas IMAX comenzaron a proyectarse. Nosotros ya habíamos hablado con ellos. Pero en esas fechas, las cámaras IMAX eran casi del tamaño de una casa y sólo capturaban 12 minutos de imágenes. Tenías que parar y recargarlas. Pero tras ver Mission Impossible Ghost Protocol en IMAX, cosa que hice la semana de su estreno, y más tarde, cuando transmitimos el concierto de los Cuatro Grandes (Metallica, Anthrax, Slayer y Megadeth) desde Sofía, Bulgaria, a las salas del mundo en 2010, pues tras todo eso decidimos sellar el contrato.

¿Cómo visualizas el futuro a largo plazo? Hace unos meses celebraron sus primeros 30 años juntos. Otros 30 podría resultar demasiado optimista.

Creo que no nos hemos desafiado lo suficiente. Seguimos hablando del “próximo álbum”. Podemos hacer lo que queramos con nuestra música. “¡Hemos escondido un nuevo CD de Metallica en cada apartado postal de Estados Unidos. Búsquenlo!” Las opciones son ilimitadas. Sólo te ruego que no uses la palabra ‘trabajo’. La joda de las mañanas, la noción de preparar a mis hijos para que vayan a la escuela –eso es trabajo cotidiano. Cuando llego al estudio comienza la diversión.

Escucha el álbum más reciente de Metallica, S&M2:

En este articulo: Metallica
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