julio 21, 2020

Los años dorados de Yusuf Islam

El otrora Cat Stevens todavía lucha con su pasado… y le está ganando.

Extraído de RS141, febrero 2015

Yusuf Islam está bebiendo té en una sala de conferencias del Sony Building en el centro de Manhattan. Su siempre presente guardaespaldas, un tipo fornido de unos dos metros, está sentado en una banca cercana. Yoriyos, hijo de Yusuf, está sentado frente a una laptop. El cabello de Yusuf pinta más canas que nunca, y porta lentes de sol, una camiseta gris y una elegante chaqueta azul. Nunca ha lucido más como un rockstar desde su regreso a la música secular, hace ocho años. Yusuf es relajado y amigable, pero todos los demás parecen un tanto tensos. Su hijo mira ansiosamente sobre la pantalla de la laptop cuando escucha que la conversación versa sobre música, y dos publicistas esperan afuera. Antes de la entrevista, ellos me han pedido ser “prudente” cuando se trata de “religión y controversias pasadas”.

La conversación comienza de manera firme, versando sobre Tell ‘Em I’m Gone, el nuevo LP con sabor R&B de Yusuf, su tercer disco desde 2006. Yusuf se mudó a Dubai en 2010 (“Me gusta que es soleado”), pero viajó a Los Ángeles para editar el disco con Rick Rubin. “Hicimos todo como en una semana”, dice Yusuf. “Un par de canciones fueron tomas únicas. No me gusta estar en los estudios. Hubo un par de veces en las que él quería revisar algunas partes, y yo le dije: ‘Ya lo hice, Rick. No quiero volver a hacerlo’”.

Escuchar a Bob Dylan por primera vez le cambió la vida. Georgiou, de 18 años, comenzó a tocar en varias cafeterías londinenses bajo el nombre de Cat Stevens, mientras escribía futuros clásicos como “First Cut Is the Deepest”. En 1968 sufrió tuberculosis y eso casi acaba con su vida, pero su carrera repuntó en 1970 cuando “Father and Son” y “Wild World” llegaron a la radio. Era la época del cantautor sensible, y Stevens encajaba perfectamente junto con James Taylor y Carly Simon.

Incluso cuando se convirtió en una superestrella, Stevens tuvo dificultades para disfrutarlo, y la tuberculosis fue parte de ello. “Es una enfermedad muy triste”, dice. “Consumí LSD unas cuantas veces, pero me alejé de la vida de rockstar porque estaba preocupado por mi salud. Me hice vegetariano y llevaba siempre conmigo una maleta llena de vitaminas y bebidas especiales”.

Todo cambió un día de 1976 cuando Stevens fue a nadar al océano cercano a Malibú. Mientras volvía a la costa, se dio cuenta de que la corriente arreciaba, y después de luchar contra ella, estuvo a punto de ahogarse. “No tenía fuerza”, dice Yusuf. “Sólo había un lugar al cual ir: Con Dios. Nunca dudé de su existencia, pero nunca había pedido su ayuda porque todo parecía ir bien en mi vida. Esto era una cuestión de vida o muerte”.

Prometió dar su vida entera y alabar a Dios si lo salvaba, y, repentinamente, una ola lo empujó a la orilla. Poco tiempo después, su hermano David le dio una copia del Corán. “Esto fue antes de que el Islam estuviera en todos los encabezados”, dice Yusuf. “La revolución iraní ni siquiera había llegado. Sentí como que estaba develando un increíble e inmenso secreto”.

Dos años después, Cat Stevens se convirtió en Yusuf Islam. Se dedicó a Alá, decidiendo que todas las formas de música iban en contra de la fe. Rechazó un contrato disquero y vendió todas sus guitarras. Su único ingreso provenía de sus lanzamientos anteriores, pero cedió las regalías de todas las canciones que consideró en contra de Dios: “Todo lo que apoyaba el amor antes del matrimonio o que era demasiado sexual fue recortado”. Eso ascendía a 40% de su catálogo. Yusuf se concentró en su creciente familia, una serie de escuelas musulmanas que fundó en Inglaterra y Small Kindness, una fundación que creó para asistir a las víctimas de la guerra y el hambre en el Tercer Mundo.

Al pasar de los años, los hijos de Yusuf intentaron en vano que volviera a tocar la guitarra. Entonces, unos cuantos meses después del 11 de septiembre de 2001, Yusuf se encontró tomando una guitarra acústica que su hijo había llevado a casa. Era tarde y su familia dormía. “Pensé: ‘Intentémoslo’”, dice. “Comencé a buscar el fa, y lo encontré. No recuerdo cuáles canciones toqué, pero al terminar, estaba llorando”.

Yusuf no sabía si volver a tocar, pero la guerra en Afganistán repuntaba y otro conflicto amenazaba Irak. Yusuf dice que el mundo necesitaba ver al menos a un musulmán anti-violencia en la televisión. “Había tanto antagonismo en el mundo”, dice. “Muchos musulmanes se me han acercado para estrechar mi mano y decir: ‘¡Gracias!’. Represento la manera en la que quieren ser percibidos. Una gran parte del punto medio se olvida al presenciar sólo los extremos”.

Yusuf comenzó a presentarse en Europa y ofreció unos cuantos shows en EE UU. No se enfrentó a una gran audiencia sino hasta que Jon Stewart lo invitó a presentarse en el Rally to Restore Sanity and/or Fear de 2010. Yusuf participó en un fragmento gracioso –interpretó “Peace Train” mientras Ozzy Osbourne tocó “Crazy Train”–, lo que también reencendió la controversia que había rondado a Yusuf durante un cuarto de siglo.

Después de que el Ayatollah Khomeini declarara un edicto contra el autor Salman Rushdie en 1989, Yusuf declaró ante una audiencia de la Kingston University en Londres que “[Rushdie] debe morir. El Corán es muy claro: Si alguien difama al profeta, debe morir”. Más tarde, Yusuf se retractó, pero el asunto seguía vigente. Cuando Rushdie escuchó que Yusuf había bromeado junto a Osbourne en televisión, llamó inmediatamente a Stewart. “Me parece muy claro que [Yusuf] se desplaza por dos mundos de una manera difícil”, dijo Stewart más tarde. No hubiera hecho [el sketch] de haber sabido eso… La muerte como castigo a la libertad de expresión es un no absoluto”.

Todavía es un asunto difícil para Yusuf Islam. Cuando toco el tema, su hijo mira hacia arriba, claramente preocupado. “La gente necesita superarlo”, dice Yusuf, claramente fastidiado. “Fue hace 25 años. Tengo canas ahora. Por favor. Fui lo suficientemente tonto como para intentar ser honesto y compartir mi posición. En lo que a mí respecta, esto no debería ser lo único en mi vida”.

Parece que no hablará más del tema, y Yoriyos luce aliviado. Pero Yusuf no puede evitarlo. “Soy un firme creyente en la ley”, dice. “Nunca apoyé el edicto [contra Rushdie]. Pero a la gente no le gusta escuchar eso porque siguen diciendo que yo creo en la ley de la blasfemia. Todo lo que digo es, ¿cómo puedes negar el tercer mandamiento? Es un principio islámico: Debes seguir la ley del lugar en el que resides”.

Respuestas como esas impiden que Rushdie y sus numerosos seguidores sean incapaces de perdonar a Yusuf, y él sabe que su rivalidad nunca terminará. “Así es la vida”, dice. “No quiero meterme en líos, pero si miras a cualquier mensajero, siempre habrá un antagonista”.

Los boletos para los conciertos de Yusuf leen “Yusuf/Cat Stevens”, haciendo una concesión para los fans de sus discos clásicos, un esfuerzo por parte de un hombre que ha dejado atrás el pasado. “Cuando has corrido por mucho tiempo, te das cuenta de que has ido demasiado lejos”, dice. “Llega el momento de decir: ‘Un momento. Perdí el camino’”.

Escucha Tell ‘Em I’m Gone, de Yusuf/ Cat Stevens:

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