enero 25, 2021

Cómo nació el otro rock en español

En Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, Perú, Bolivia y Venezuela.

Es inevitable. De la misma manera que la gente piensa en “Dust In The Wind” de Kansas cuando escucha el término “rock clásico”, que se tiende a pensar solamente en Argentina o España cuando se habla de “rock en español”. Se olvida que, como todo movimiento cultural, el rock se extendió con la velocidad de un incendio desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego adquiriendo distintos matices, instrumentos, acentos, técnicas, sueños y dramas sociales, cotidianos o generacionales.

Hay denominadores comunes cuando se trata de observar la situación social en la que el rock hizo su aparición en diversos países del área: la marginación, desempleo, analfabetismo y opresión social. En los años cincuenta y sesenta, la sociedades latinas tenían mucho más en común con los negros de las plantaciones algodoneras del sur estadounidense que con los artistas “beat” de Nueva York, los cantantes country de Nashville o los glamorosos genios británicos.

Debemos sumar el calor de La Guerra Fría, que tuvo en América Latina sus escenarios más tórridos dada la paranoia y el conservadurismo del gobierno norteamericano, que siempre consideró al subcontinente “su patio trasero”. De ahí que apoyara con singular alegría la instauración de regímenes de brutalidad simiesca que veían en todo aquello que no entendían (entre muchas cosas el rock) como sinónimo de conjura y revolución.

Los gobiernos militares fueron “el chile de todos los moles” en la zona. Por ejemplo, Colombia tuvo cuatro Presidentes y un Golpe Militar en tan sólo 13 años; Uruguay no se andaba con cuentos y fue gobernado por una Junta Militar de 1952 a 1967; Paraguay merece un monumento por haber aguantado a Alfredo Stroessner desde 1954 hasta 1989; en 12 años, de 1956 a 1968, Perú tuvo a cuatro presidentes, todos Generales, pero como eran tan bestias en 1968 se impuso… Sí… Una Junta Militar; Venezuela tuvo cinco gobernantes en 12 años y en el mismo lapso, Bolivia tuvo cinco Presidentes, uno de ellos con el sonoro nombre de Mamerto Urriolagoitia (que no tiene nada que ver con nuestra historia).

En este panorama resulta hasta milagroso que hayan surgido movimientos, ya no digamos musicales, sino que la gente se hubiera reunido siquiera en eventos sociales. Todo inició en 1957, fecha en que llega a Sudamérica una película seminal: Blackboard Jungle. Para los países que nos importan, la cinta se estrenó en el Teatro Cid de Bogotá, Colombia, aunque existen registros de que la película fue proyectada en Barranquilla y Cali con anterioridad, registrándose los inevitables destrozos por parte del público. Esta fecha marca el nacimiento del rock colombiano.

Fue toda una revelación: comenzaron a organizarse los primeros grupos como Los Teenagers, Los Daro Boys, Los Black Stars o Los Golden Boys, quienes mezclaron el incipiente rock con la música tropical, que era lo que tenía éxito en las estaciones radiales. Un hito del rock colombiano significó en 1962 la presentación de Bill Haley & the Comets en el Teatro Colombia.

A Chile el rock llega ligeramente después en la figura de un joven de origen austriaco que se hacía llamar Peter Rock, quien en 1959 graba un sencillo con los temas “Baby I Don’t Care” y “Something Happened”. Nace así el movimiento chileno bautizado como “La Nueva Ola”, con cantantes que doblan sus nombres al inglés y reproducen éxitos probados en Estados Unidos. El primer grupo reconocido en esas tierras australes es The Ramblers. Para la Copa del Mundo Chile 1962, se da el caso de que la canción oficial es “El rock del Mundial” interpretado por estos últimos.

Por extraño que parezca, el primer disco de rock producido en América Latina proviene de Bolivia. Era un sencillo grabado en La Paz por un trío que se hacía llamar The Fabulous Monteros García, conformado por Luis y Víctor Monteros García, cantante y guitarrista el primero, baterista su hermano. Se completaban con un contrabajista gringo de apellido Hayes. Eran un trío, dice la leyenda urbana, debido a que no encontraban más músicos que se les quisieran unir porque nadie entendía la música que estaban tocando. En el lado A había una interpretación de “Blue Suede Shoes”, la canción que Carl Perkins había publicado a comienzos de 1956 y la cara B era “Good Rocking Tonight”, un tema de Roy Brown de 1947. Por extraño que parezca, The Fabulous Monteros García grababa los mismos temas que en ese momento grababa Elvis Presley. Podríamos decir que se adelantaron a su tiempo.

A Perú, Paraguay y la Republica Oriental del Uruguay (tal es su nombre oficial), el rock llega ya entrada la década de los años
sesenta en plena explosión de la ola inglesa. Este último es un caso aparte. Ahí la tradición instrumental derivada del tango y el jazz era poderosa. La explosión del rock no encontró a jovencitos dispuestos a aprender a tocar, se topó con músicos ya fogueados en sus instrumentos. Desarrolló líneas estilísticas propias y tuvo como sus principales representantes a Los Shakers; cuya formación jazzística les facilitó componer sus propios temas dentro de la estética beatle. Incluso de se dieron el lujo de crear la alternativa uruguaya al Stg Peppe’s Lonely Hearts Club Band. Su disco se llamó La conferencia secreta del Toto’s Bar, donde por primera vez el tango se encuentra con el rock en una melodía (“Más largo que el ciruela”), que incluye una parte de bandoneón.

Junto a Los Shakers, destacan dentro del legado del rock uruguayo bandas como Los Delfines, Los Gatos, Días de Blues, la inmensa figura de Leo Antúnez –quien musicalmente se anticipó a la aparición de Patti Smith– o El Kinto, que integraron los sonidos afrouruguayos al rock, rubricando el nacimiento de lo que en adelante sería denominado “candombe beat”.

Bajo la dictadura de Stroessner, en Paraguay no había lugar para el rock. Los grupos aparecieron después de 1965 y en su mayoría interpretaban covers de las canciones de moda, eran más que nada un movimiento underground, porque tocaban en algunos locales esporádicos, salas de cine y hasta en la calle.

Como señal de rebeldía y repudio a la opresión política, usaban el pelo largo y vestimenta de cuero. Casi todos, según la información de Yeis kon publicada en Internet, estaban inspirados en el rock anglosajón y argentino. Los grupos más destacados y rastreables obedecían a nombres como La banda de la luz cósmica, El Trío Acústico de Gladys, Mugre, Ataúd y Los Pioneros y padres del rock paraguayo, Los Búfalos.

Fue tan tardía y reprimida la aparición del rock paraguayo, que hasta 1968 se realizó el Primer Festival Beat de la Canción en el desaparecido Estadio Comuneros de Asunción.

Los inicios del rock peruano están en Los Incas Modernos y Los Sunset, dos importantes bandas de 1963 que tuvieron la iniciativa de ser las primeras en grabar rock en Lima. Sin embargo, fueron Los Saicos, aparecidos en 1964, una de las primeras bandas en Sudamérica que escribió sus propias canciones en español. Su mayor éxito se llama “Demolición”.

Bandas muy importantes fueron Los Shain’s, también formados en 1964 e influenciados por bandas como The Ventures, propias de un estilo surf rock estadounidense, para luego pasar a un estilo más psicodélico y Los York’s, quienes eran influenciados por bandas británicas como The Rolling Stones y The Kinks.

En 1968 se instauró en Perú una dictadura militar encabezada por el General Juan Velasco Alvarado. Los argumentos centrales de su discurso remarcaban su carácter “nacionalista” y “antiimperialista”: lo yanqui era malo. 

Todo esto quedó expresado con la cancelación del concierto de Carlos Santana en 1969, cuando éste se encontraba ya en el aeropuerto, el show se iba a realizar en el Estadio de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El Gobierno no halló excusa mejor para evitar el espectáculo, que la posesión de marihuana sumado a los disturbios creados por estudiantes de izquierda de la Universidad San Marcos.

Colombia vive un boom similar aunque más modesto: Los héroes locales fueron grupos como Los Pelukas, Los Tornados, The Speakers, Los Ampex, Los Streaks, Los Flippers en Bogotá, y Los Yetis provenientes de Medellín. Todos ellos influenciados por los grupos británicos y que no sobrevivirían al cambio de década. Se extinguieron como un puño al abrirse una mano.

Chile no tuvo mejor suerte. Gracias a “La Nueva Ola” y su canción del Mundial se dieron a conocer grandes intérpretes chilenos, tales como Danny Chilean, Luis Dimas, Gloria Benavides y Osvaldo Díaz. Desafortunadamente y al igual que en Colombia, la carencia de identidad terminó por acabarlos. Hacia finales de los años sesenta el rock en Chile toma una conducta más rebelde, lo que dio como consecuencia que el dulce rock de “La Nueva Ola”, pasara a la rebelde y muy tardía psicodelia.

Desconocidos, olvidados, menospreciados, algunos de ellos torturados o desaparecidos por las militares gorilescos de sus respectivas juntas militares, todos los músicos y bandas de Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, Perú, Venezuela y Bolivia merecen ser reconocidos. Y la mejor manera de rendirles tributo, es volviéndolos a escuchar… Ahora con oídos renovados.

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