junio 18, 2021

#Pride: En Phoebe Bridgers reside la fuerza de la vulnerabilidad

La cantautora llegó para redefinir el concepto del artista independiente, y a su paso, portar el estandarte de los lamentos de toda una generación.

Phoebe Bridgers lleva más de siete años en la industria de la música, sin embargo, su trayectoria es proporcional al tiempo que ha sido considerada como un artista nuevo. Tal vez se deba a que su obra llegó como un soplo de aire fresco entre otros géneros musicales más populares, pero esto le ha permitido elevar su apuesta de convertirse en una de las nuevas cantautoras predilectas de la actual década.

Nacida en Pasadena, Phoebe Bridgers parecía ser lo contrario a una artista local del lugar que la vio crecer; su fascinación por temas como la muerte, trauma y pérdida contrastan con las soleadas costas de California. Con tan solo 12 años de edad, Bridgers ya tocaba la guitarra y cantaba sus propias canciones, y conforme se adentraba a la adolescencia, su crecimiento escénico se fue expandiendo al grado de presentarse en pequeñas avenidas de la localidad. 

Sin embargo, al principio de su carrera, Phoebe no hacía todo el trabajo por sí sola. Mientras dividía su educación entre una preparatoria ordinaria y una escuela de artes, Bridgers también participaba en dos pequeños proyectos, Einstein’s Dirty Secret y Sloppy Jane, una banda de punk donde tocaba el bajo y escribía canciones con ayuda de la cámara de su computadora para recordar los acordes. 

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El llamativo currículum de Phoebe, y la experiencia que había adquirido con años de práctica, le hicieron merecedora de un lugar en Berklee, que de inmediato abandonaría debido a que vivió lo que definió como un «tedioso proceso» durante la orientación del curso. Bridgers regresó a California y las oportunidades volvieron a surgir una vez más, y en 2014 publicó su primer EP, Killer, el cual salió a través de la disquera del músico Ryan Adams. El material la colocó en el radar y en 2016 se sumó a la gira de Julien Baker por la Costa Este como telonera. 

2017 fue el año en el que todo cambió para Phoebe Bridgers, misma época en la que ya había hecho amistad con uno de los ídolos de su adolescencia, Conor Oberst, vocalista de Bright Eyes. Bridgers salió de gira con Oberst y meses más tarde firmó con la disquera independiente Dead Oceans, a través de la cual lanzó Stranger in the Alps, su álbum debut y con el cual recibió mayor reconocimiento. 

Con la llegada de Stranger in the Alps, Phoebe Bridgers pasó de ser una estrella en ascenso local a convertirse en una promesa de la música para otros artistas más populares. El disco ha sido elogiado como uno de los mejores debuts de los últimos años, Bridgers llegó a ser comparada con quien ella ha denominado su mayor influencia como cantautora, Elliot Smith. El disco conservaba los tintes folk de su primer lanzamiento y una narrativa poética dentro de la letra de las canciones que se convirtió en el sello personal de Phoebe. 

A pesar de que Phoebe apenas se encontraba disfrutando los frutos de su ópera prima, no dudó en ningún momento la posibilidad de compartir música nueva, un año después de Stranger in the Alps se unió con Julien Baker y Lucy Dacus para formar Boygenius y publicar el EP homónimo de la banda. El proyecto no llegó de un lugar inesperado, pero cautivó a una nueva audiencia y a los seguidores de las tres cantautoras, donde cada una de ellas se alternaba entre las voces principales y las armonías en los temas. 

Bajo una dinámica similar, Phoebe volvió a ponerse en contacto con alguien de su pasado, Conor Oberst y ella formaron un nuevo proyecto llamado Better Oblivion Community Center, que también lanzó un material homónimo. A diferencia de Boygenius, la dupla de Bridgers y Oberst unió una brecha generacional que era evidente por el hecho de que en un principio ella creció con su música. Eventualmente, los colaboradores frecuentes en la carrera de Phoebe volvieron a unirse, pero esta vez para su segundo álbum de estudio. 

El castigo de Phoebe Bridgers

Punisher llegó en medio de una pandemia mundial, el segundo álbum de Phoebe Bridgers apenas tiene un año desde su lanzamiento, pero parece que ha pasado una eternidad desde su publicación. Es complicado determinar si el éxito que ha tenido su disco más reciente fue debido a la época en la que se estrenó, pero de lo que no hay duda es el ingenio detrás de su proceso de realización. 

En su momento, Phoebe describió el contenido de Punisher como un «llanto y una sensación de adormecimiento, dando a entender que una vez más eran temas que venían de un lugar muy personal, a pesar de mencionar otras influencias como pódcasts sobre asesino seriales que escuchaba diariamente mientras trabajaba en el disco». Además, el título del álbum volvió a hacer referencia a la admiración de Bridgers por Smith, ya que la canción que le da nombre al material está inspirada en una conversación ficticia que la cantautora habría tenido con el músico de haberlo conocido.  

A diferencia de sus otros lanzamientos, la promoción de Punisher alcanzó otros niveles que Phoebe no había explorado, presentándose en los principales programas de entrevistas de Estados Unidos y dando presentaciones para recaudar fondos y apoyar a las avenidas independientes. El disco llegó a las manos de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación y fue nominada en la entrega de los Premios Grammy del presente año en tres categorías: Mejor Artista Nuevo, Mejor Canción Rock y Mejor Interpretación Rock.

Un complejo de salvadora

Por si no es algo evidente en la temática de sus canciones, Phoebe ha hablado de manera explícita sobre la importancia de la salud mental, mostrando su empatía adquirida a través de su batalla personal con depresión clínica y ansiedad. Sin embargo, Bridgers no solo se limita a emitir un discurso, ya que en numerosas ocasiones ha participado en eventos de recaudación de fondos para fundaciones que buscan crear conciencia sobre el estigma que hay en torno a estas enfermedades. 

Bridgers también es una ávida defensora de los derechos de la comunidad LGBT+. Iniciando su trayectoria artística dejó en claro que se identifica como una mujer bisexual, algo que incluso ha explorado en algunas de sus canciones y a través de sus plataformas. Por ende, también ha manifestado sus inconformidades con asuntos gubernamentales que defienden ideologías opositoras a estas; el año pasado, como celebración por la derrota de Donald Trump, Phoebe lanzó un cover de «Iris», original de Goo Goo Dolls, en compañía de Maggie Rogers, cuyas ganancias fueron donadas a una fundación que se encarga de promover elecciones justas.

Sin embargo, a pesar de que Phoebe es conocida por ser una mujer de convicciones fuertes y admirada por su talento, la cantautora también ha sido víctima de las prácticas misóginas dentro de la industria. Tiempo después de haber colaborado con Ryan Adams, Bridgers y otras ex parejas sentimentales del músico compartieron testimonios donde expresaban que en más de una ocasión había hecho uso de su influencia para abusar emocionalmente de sus colegas mujeres, orillándolas a relacionarse con él a cambio de fama e impulsar sus carreras como artistas.

Después, Bridgers volvió a compartir su apoyo como muestra de sororidad, pero en esta ocasión fue con las víctimas de Marilyn Manson. Phoebe publicó una serie de tuits en los que escribió la experiencia de visitar la casa del músico cuando era una adolescente y ser testigo de que este tenía una habitación donde insinuó que era para abusar sexualmente de otras personas.

Por otro lado, a pesar de que Phoebe Bridgers no está envuelta en controversias que no impliquen la justicia social, a principios de este año fue la protagonista de una discusión en Twitter acerca de la forma en la que estrelló su guitarra durante su presentación en Saturday Night Live. David Crosby fue la primera persona en demostrar su desagrado en una serie de tuits donde también le insultaba por la forma que sostuvo el instrumento. Bridgers tomó el asunto como algo bizarro y prefirió sacar ventaja del revuelo causado, al final donó la guitarra y se recaudaron más de 2 millones de pesos que fueron donados a fundaciones LGBT+.

A pesar de que la creciente fama de Phoebe Bridgers no ha sido del agrado de todos, ella se encuentra explorando nuevas facetas en su carrera. La apertura de su sello discográfico, Saddest Factory, le ha permitido extender la mano a otros artistas en ascenso como Claud y MUNA. Bridgers aún no es una artista consumada, pero está dispuesta a creer en las nuevas propuestas como ella alguna vez lo fue. 

Mientras las creaciones de Bridgers son un reflejo personal bastante vulnerable e íntimo, su vida pública reafirma que no está dispuesta a ceder ante la presión, dando como resultado un equilibrio muy poco antes visto y del que podemos esperar mucho más en el futuro.

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