julio 20, 2020

Santana: El camino luminoso de un mexicano universal

Carlos Santana ha logrado convertirse en el artista más prolífero e influyente en el rock y la música latina, un idealista defensor de las causas justas. Una figura máxima y constante de América Latina.

Extraído de RS142, marzo 2015

Fue un pionero, casi accidentalmente, al ser parte del cartel de Woodstock hace 46 años –cuando era un grupo relativamente desconocido– gracias al apoyo de Bill Graham, propietario de los famosos clubes Fillmore. Así, Santana pudo participar en un festival que haría historia y marcaría pautas hoy totalmente asimiladas.

Todavía no sacaba su primer disco y ya estaba enfrente de cientos de miles de personas tocando temas como “Black Magic Woman” o “Soul Sacrifice”, que hoy en día siguen en su setlist. Sin duda, ese festival fue un parte aguas en su carrera. 46 años después, se ha vuelto un tema de fábulas, casi sinónimo de un colectivo juvenil de escépticos y audaces soñadores cuyo cuestionamiento al establishment y cuyas aspiraciones, en ocasiones idílicas pero sinceras, ayudaron a transformar a su país e influenciar al resto del mundo. “Woodstock fue la puerta más grande e importante, la cual tuvimos el placer de poder atravesar”, comenta Carlos.

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Carlos había dejado atrás su país. México lo vio nacer, pero a muy temprana edad emigró y probó suerte en Estados Unidos; estaba convencido de que la música que quería hacer no tenía cabida en su país en ese momento. Las estaciones de radio estadunidenses que escuchaba le mostraban algo diferente. Tuvo la suerte de arribar al lugar indicado en un momento crucial en la historia de la música.

Carlos se fue de México muy joven, su padre comentó que él no quería irse en un principio e incluso se quedó un tiempo más que el resto de la familia, pero se lo llevaron casi por la fuerza después de una gran labor de convencimiento por parte de sus padres y con mucha nostalgia por parte del joven Carlos. Aún guarda gratos recuerdos de esos años en su país, mismos que aún son fuente de inspiración.

“Siempre tengo presentes los colores y sabores de mi tierra, pero más que nada, los ojos de la gente. Me identifico con esa gente; los nahuales, los chichimecas, huicholes, tarahumaras, totonacas, con las etnias de mi país. Tenemos una clínica en Autlán, Jalisco, donde nací. Me identifico con la simpleza y el honor que tienen todos ellos. México es como un pastel de tres pisos: blancos, mestizos y el mero mero mexicano; aunque me identifico con todos, siento una conexión más intensa con los últimos, con el pueblo”.

El romance que unió la música latina que él tocaba con el blues tuvo un inicio. “Cuando estaba en Tijuana, sonaba mucho algo que se llamaba la nueva música tropical, grupos como Lobo y Melón o de Pérez Prado estaban en su apogeo. Por otro lado, conocí a un gran músico, Javier Bátiz, a él le gustaba el blues y así descubrí a John Lee Hooker, B.B. King, Lightnin’ Hopkins, Jimmy Reed y agarré el amor por esa música. Ahora tengo una relación muy personal con grandes figuras como Buddy Guy y B.B. King, quienes me dicen: ‘Eres uno de nosotros’ y les estoy muy agradecido, fueron mi inspiración y ahora me respetan y aceptan como suyo”.

El próximo año, Carlos cumplirá 50 años de haber formado The Santana Blues Band, su primera banda: “Ha sido una vida muy larga, llena de bendiciones y milagros, gracias a Dios todo lo que me he propuesto lo he hecho”. Aparece en su vida Bill Graham, los conciertos en el Fillmore y, por supuesto, el festival más importante. Woodstock  fue sólo el inicio, inmediatamente después, un contrato con una compañía y acto seguido, tres discos épicos (Santana, Abraxas y Santana III), lo cual será un punto importante para una noticia que nos reveló y de la cual hablaremos más adelante.

“Mi madre me dijo unas palabras que se quedaron como un tatuaje en mi mente: ‘Carlos, que no se te olvide esto, tú eres lo que eres por Dios y tienes lo que tienes por la gente’. A los 67 años tengo muchos bríos y mucha energía, no sé si hayan escuchado a mi banda en vivo, pero no hay otro grupo de los que estuvimos en Woodstock que se pueda parar tan firme en un escenario y con tanta energía hoy en día”. Y eso es cierto, desde que apareció su álbum debut en 1969, Santana no ha dejado de hacer música. Nunca han pasado más de cuatro años (y esto recientemente, entre 2006 y 2010) sin grabar algún disco, la mayoría de ellos con destacados resultados tanto en ventas como en popularidad. Además de no parar de hacer presentaciones en todo el orbe. Tanto con su banda como en plan solista, Carlos Santana es una máquina y trata de permear esto a quien lo acompañe. “Siempre cambio músicos porque yo requiero que pongan el 150% de su energía, no sólo el 100%, constantemente estoy renovando al grupo”.

Corazón es el nombre de su nuevo disco, y sin duda es el más cercano a nuestro país que ha grabado en toda su carrera. “Sí, es el disco más cercano, una voz interna me dijo que este disco lo debía de dirigir a la lengua hispana, unirme con los hermanos que pueden ayudarme a compartir con el mundo su talento”, dice convencido. Desde Supernatural de 1999, sus discos son normalmente acompañados de invitados especiales, tal es el caso de Rob Thomas en “Smooth”, o de Michelle Branch en “I’m Feeling You”.

Ahora están con él una colección de famosos artistas de todos los países latinoamericanos: Diego Torres, Juanes, Lila Downs, Nina Pastori, Samuel Rosa, Soledad, Romeo Santos y Gloria Estefan, entre otros. Pero, ¿con qué banda nacional le gustaría tocar? “Últimamente no he estado en contacto con lo que pasa en México, pero una banda que me inspira para hacer algo con ellos es Molotov. Hablan y son sinceros en lo que hacen. Musicalmente, me encantaría hacer un intercambio de energía con ellos”.

El disco ha sido un éxito, “le estoy agradecido a Dios, tengo cinco nominaciones a los premios Billboard por este nuevo álbum”. También Rolling Stone México lo eligió como uno de los mejores discos de 2014.

Corazón cuenta con la participación de Salvador Santana, su hijo, con quien se completa la quinta generación de Santanas que han estado en la música (desde su bisabuelo). “Para nosotros no es un trabajo, es una manera de vivir, a mi hijo lo veo tocar y tiene su propia identidad, le gustan muchas cosas, pero me encanta que siga con su visión, es un gran tecladista”. La presentación del álbum fue en la Arena Vicente Fernández, en Guadalajara, y Carlos se trajo a todos los invitados para participar en ese concierto único. Una reunión previa en Puerto Vallarta y la Rivera Nayarit fueron el preámbulo perfecto para esta puesta en escena que quedó grabada en audio y video: Corazón Live From México, Live it To Believe It.

Ahora viene la oportunidad de ver a Santana y la gira de su álbum en el festival Cumbre Tajín, un evento lleno de música, misticismo, magia y cultura, muy parecido a la personalidad de Carlos. “Me emociona mucho tocar en ese festival porque ¡soy un león! Con todo respeto para las bandas que van a estar en el evento, cuando oigan el sonido y la frecuencia que tenemos, verán que es otra cosa”, comenta emocionado, “Traigo todo conmigo, represento una música mundial, no sólo de un país.

El impacto que tiene la banda no lo han oído nunca, nuevamente tenemos mucha fibra, mucho vigor, mucha energía, los vamos a sorprender”. Su esposa, Cindy Blackman Santana, no viene a México porque está de gira con Lenny Kravitz, y su hijo Salvador tampoco lo acompañará. Además de su participación en Cumbre Tajín, hará una presentación en la Ciudad de México en el Palacio de los Deportes, junto a Journey.

Nos dio la primicia: “Ahora que vayamos a México vamos a tocar con Gregg Rolie (teclados) y Neal Schon (guitarra, quien también forma parte de Journey), músicos que tocaron conmigo en los inicios». Rolie estuvo desde el inicio en Santana, Abraxas, Santana III y Caravanserai, figurando en la mayoría de los éxitos clave del grupo, mientras que Schon estuvo del Santana III hasta Caravanserai, ya que unos años después, en 1973, formaría Journey. “Queremos llamarlo el Santana IV, ya que no llegamos a grabarlo entonces, ahora nos abrazamos, hay mucha comunicación y queremos llegar juntos a ese lugar”.

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Momentos antes había citado a Bátiz cuando hablaba de sus inicios, él va a tocar el mismo día en Cumbre Tajín, hace tiempo que no se ven y que no tocan juntos. “Desde finales de los años noventa, en la Ciudad de México, Javier me invitó a que tocara con él, será muy bueno ver si podemos tocar otra vez juntos, darnos un abrazo y hacer a un lado el miedo del pasado y el miedo del futuro. Solamente lo quiero abrazar, que haya armonía y unión, y complementar. La conexión entre nosotros es de espíritu, más que de técnica, los dos abrazamos completamente el concepto del espíritu. Por eso estamos donde estamos”.

Santana es un personaje universal, conocido en todo el mundo, un representante mexicano en todas partes a donde va. “Mi nombre es muy reconocido, soy muy afortunado, me conocen igual que a Michael Jackson o Bob Marley, en cualquier lugar al que voy, no soy turista, soy parte de la familia, en Europa o en África, gracias a Dios, me reconocen, me aprecian y me dan mucho respeto y es un honor, es algo muy grande. Soy sincero y real, tengo consistencia en el tiempo de hacer lo que hago, lo hago de corazón y para complacer a la gente, estoy en un lugar privilegiado”.

Santana siempre ha sido un luchador por las causas justas, desprendido y preocupado por quienes más lo necesitan. Recordemos que fue parte de los primeros conciertos benéficos masivos; en 1972 participó en un concierto de apoyo por el terremoto de Nicaragua, también formó parte del célebre Live Aid, en el Blues for Salvador de 1987 para apoyar a ese país centroamericano, y su nombre siempre ha estado ligado a ONGs como Amnistía Internacional, Greenpeace, Childreach, Rainforest Action, y varias más.

Por eso creó la fundación Milagro, un proyecto familiar donde ha producido desde tequila, ropa, instrumentos musicales, hasta la salsa Supernatural. “Aprendí mucho en San Francisco, me alié con César Chávez y Dolores Huerta en causas nobles. Me identifico con Martin Luther King y Mahatma Gandhi por un lado y en otro, el musical, con Tito Puente y B.B. King. Aprendí a unificar las dos dimensiones para servir a la gente. Gracias a Dios mucha gente se alía conmigo, con sus negocios de zapatos, ropa, tequila, etc. y todo ese dinero va para ayudar a niños en México y en todo el mundo, buscamos que los niños tengan ropa, zapatos, libros y tengan una oportunidad para poder lograr sus sueños. La gente puede aliarse conmigo con una sonrisa sincera en el corazón, y compartiendo los tacos y los frijoles en donde estén; hoy tuve una reunión con un multimillonario de la industria de la ropa que quiere aliarse conmigo y todo el dinero y la energía irá dirigida a todos los niños del mundo, todo lo que se recaude, es para educar, curar y para tratar el labio leporino, que los pequeños de escasos recursos puedan tener apoyo médico y sean curados, que la falta de posibilidades no sea un impedimento para ellos. Me encanta estar al servicio de Dios, no solamente con la música. Algunos se preguntarán: ‘¿Cuánto es suficiente?’ ‘¿cuánto se necesita?’. Aprendí desde pequeño que todo sabe mejor cuando lo compartes, hasta la mariguana [risas]. Cuando la gente comparte, la vida le da mucho más, cuando se alían conmigo, venden más y eso lo usamos para ayudar a quienes más lo necesitan. Mi nombre tiene honor y tiene velocidad espiritual para poder triunfar y tener éxito. En este mundo se necesita mucha pasión, mucha fe y muchas ganas, sin ganas no se puede hacer nada”.

La vida de Carlos Santana fue publicada en una autobiografía que apareció el año pasado, The Universal Tone, libro que fue tomando forma de diversas maneras, como casi todas las autobiografías lo hacen. “Entre giras, la fui armando poco a poco, lo he planeado toda mi vida, lo he escrito en diferentes lugares y épocas. Para mí, lo más importante con este libro es rendirle el homenaje que merecen mi madre y mi padre, dos personas de mucho honor y dignidad, mi padre me enseñó la música”. El padre de Carlos, de nombre José, llegó a Estados Unidos en 1962, dos de sus hijos se dedicaron a la música: Carlos, obviamente, y Jorge, quien formara parte del grupo Malo. En 1961 su padre compró una guitarra eléctrica y se la dio a Carlos, inmediatamente sustituyó el violín y así nació su afición por un instrumento que se convirtió en su medio de expresión e inseparable compañero por el resto de su vida.

“Mi madre (Josefina) me decía: ‘Somos pobres, pero no somos sucios, ¡así que a limpiar todo mundo!’. Si me veía sentado me decía: ‘¿tú qué estás haciendo?’, pues nada, ‘¡yo se que no estás haciendo nada, haz algo!’. Mi madre fue responsable de todo, ella nos sacó de Autlán, luego de Tijuana y me sacó de muchos líos. Siempre conté con sus rezos, y sus consejos siempre me han guiado a ser un hombre de honor. Y sus rezos funcionaron, porque hoy en día puedo jactarme de ser un hombre cabal. Ya no vivo en Hawaii, ahora estoy en Las Vegas, una ciudad que está llena de personas a quienes llamo ‘armas de compasión’, aquí hay mucha gente que vive alrededor de la ciudad que siempre está dispuesta a arremangarse y le mete mucha espalda a servir a la gente, no todo es como pintan a Las Vegas, como la ciudad del pecado y el entretenimiento, hay mucha gente aquí dedicada a servir a sus semejantes, estoy rodeado de gente sin miedo. Las Vegas es lo que era en otros tiempos Tijuana, Acapulco o la Habana, en los años treinta, cuarenta y cincuenta toda la gente famosa y adinerada se iba a estos lugares, ahí iba el turismo más grande del mundo, muchos famosos”.

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En varias ocasiones ha mencionado que concuerda con las palabras del gran Miles Davis “Just pray and play”: “Sí, aún lo hago, él todavía viene y me visita en mis sueños, fuimos muy amigos, en ocasiones me llamaba a las tres o cuatro de la mañana y aunque no tenía relaciones con mucha gente, no sé por qué, conmigo sí, tenía fe en mí, me educaba. Siempre he estado rodeado de gente que me adopta como si fuera un huérfano, Miles, Clive Davis y varios más, he aprendido demasiado de mucha gente. Me preguntan cuál es mi secreto, qué es eso que tengo para estar vigente por tantos años. Para mí es cosa de identificarse, como decía Bruce Lee: ‘Ser como el agua’, el agua es una nube, o un océano, o un lago o el té, la cosa es ser flexible, estar atento, presente con amor para complementar, nunca competir ni comparar, solamente complementar”.

Después de revisar los casi 30 discos de Santana que tengo, las revistas y fotografías en las que aparece, en ninguna lo encontré sin su característico bigote, salvo por una de su pubertad, donde por obvias razones no aparece. ¿Nunca te has quitado el bigote? “¡No, nunca!, pero un día de estos me lo voy a quitar, algún día me voy a sorprender a mí mismo y a la gente [risas]… A Carlos Santana no le gusta decirle a la gente lo que tiene qué hacer o cómo hacerlo, ni cuándo. Pero si los invito a que reconozcan su propia divinidad, su propia luz y, más que nada, que los que vengan a vernos al concierto, tu corazón va a estar complacido, porque no hay muchas bandas como mi banda, porque tenemos esa frecuencia que logra que la gente se acuerde de una canción que estaba perdida adentro de ellos mismos. Si vienen a ver a Santana, les vamos a cambiar la vida. Ven con más claridad lo que ellos tienen qué hacer, cómo hacerlo y para quién hacerlo. Porque todos estamos aquí para elevar, transformar, iluminarnos los unos a los otros, la música de Santana no nada más es sexo y bailar, es música para iluminar”, finaliza el guitarrista.

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