enero 26, 2021

La situación política y social en tiempos del rock argentino

A partir del golpe militar que derrocara al presidente electo Juan Domingo Perón en 1955 y hasta el –es de esperar que definitivo– retorno de la democracia en 1983, Argentina atravesó por una serie de dictaduras militares, alternadas con algunos breves períodos democráticos (generalmente con el peronismo proscripto), que marcarían a fuego las características del rock argentino (o rock nacional), como una música de resistencia cultural.

El período formativo de esta música estuvo contextuado por una situación política y social marcadamente adversa para las expresiones artísticas, que sin embargo, encontraron la manera de florecer, creando manifestaciones perdurables no sólo en el  rock, sino también en la plástica y la literatura. Primero, entre 1955 y 1958 con la llamada “Revolución Libertadora” (a la que la jerga popular rebautizó “fusiladora”). Luego con los gobiernos de Arturo Frondizi y Arturo Illia (civiles severamente condicionados por los militares); especialmente a partir de la asunción en 1966 de la “Revolución Argentina” de Juan Carlos Onganía, un general nacionalista y ultracatólico que se haría (tristemente) famoso por “la noche de los bastones largos”, cuando intervino la Universidad pública desatando una violenta represión sobre el movimiento estudiantil. Onganía también censuró abundantes películas, obras teatrales y musicales, libros y revistas, y en general, toda expresión que estuviera asociada a una idea de cambio o renovación.

En consecuencia, los principales reductos de las vanguardias artísticas, como el Teatro Payró, el Instituto Di Tella (que agrupaba las nuevas tendencias en el ámbito de la plástica y el diseño) y la famosa Cueva de la calle Pueyrredón. Donde se reunían los músicos que generaron el impulso inicial del rock argentino, fueron objeto de numerosas “razzias” (redadas) policiales. Una de las costumbres de la policía de Onganía era detener a los jóvenes pelilargos por “averiguación de antecedentes” y someterlos a un corte de pelo forzado en la comisaría. Este hecho quedaría inmortalizado en el tema de Pedro y Pablo, “Yo vivo en una ciudad” (1969), cuando dice “yo adoro a mi ciudad… Aunque guadañen mi pelo a la fuerza, en un ‘coiffeur’ de seccional”.

Esta situación determinó que el movimiento de rock argentino tuviera un carácter underground y contestatario desde sus comienzos, a partir de los esfuerzos iniciales de gente como Javier Martínez, Litto Nebbia, Tanguito, Moris, Pajarito Zaguri, Miguel Abuelo y otros bohemios (o “náufragos”, como se llamaban por entonces), que solían reunirse en La Cueva o el bar La Perla de Once. Después del auge a mediados de los años sesenta de La escala musical en TV, y los programas radiales Modart en la noche y Música con Ton, Son y Williams (auspiciados por dos sastrerías rivales que competían entre sí por los favores del público joven). Ya en la segunda mitad de la década, y coincidiendo con el endurecimiento de la represión llevado a cabo por Onganía, el rock –que a partir de 1967 comienza a ser llamado “música beat”– se recluye en pequeños teatros, sótanos y bares, y se encuentra casi totalmente ausente de los medios de comunicación masivos.

Hacia 1968, el movimiento empieza a generar sus propios medios de comunicación, como el sello Mandioca (primer discográfica independiente dedicada al rock) y la revista Pinap, en la que convivían los incipientes rockeros con representantes de la música pop “comercial” del período. Recién en 1969, con el Festival Pinap –primer festival de rock masivo al aire libre, organizado por la revista homónima– , y al año siguiente, con el  Festival B.A.Rock, creado por la revista Pelo (que a diferencia de su antecesora, Pinap, ya estaba íntegramente dedicada al rock). Este movimiento musical y generacional consigue asomar a la superficie, mostrando que realmente podía conseguir un alcance masivo.

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