septiembre 21, 2021

Toronto crea una versión híbrida de su legendario festival a manera de salvavidas en estos tiempos

Mitad presencial, mitad digital. Los organizadores decidieron hacer una mezcla de experiencias con resultados medianos y blandos que no ofrecieron todas las alternativas al público expectante.

Una edición más del Festival Internacional de Cine de Toronto ha concluido. A diferencia de la versión celebrada el año pasado, los directivos decidieron realizar un evento híbrido en el cual se acentuó mucho más en los distintos eventos principales realizados en la entidad.

De acuerdo a los organizadores, esta versión estaría dedicada a los habitantes de la entidad y voluntarios que durante años han respaldado el evento. Quienes realizamos la cobertura desde casa, a través de una plataforma que nos ofrecía un menú de diferentes películas apenas ordenadas, tuvimos que conformarnos con los títulos permitidos por los productores de las mismas y aquellos que podrían verse en nuestro territorio sin restricción alguna. Todo esto pendiente de los derechos de venta de la película en el país en cuestión.

A pesar de que algunos festivales pusieron el claro ejemplo de ofrecer a todos los medios de comunicación las mismas posibilidades de visionados, el TIFF mantuvo restricciones con respecto a ciertas producciones, por lo cual no tuvimos la oportunidad de ver títulos como Spencer de Pablo Larraín, Last Night In Soho de Edgar Wright y por supuesto Dune de Denis Villeneuve entre otras.

De cualquier manera, se proyectaron en la plataforma remota algunas películas de interés. Aquí mis impresiones de algunos de los títulos más sugerentes presentados en esta visión.

Drive My Car. Coescrita y dirigida por el japonés Ryusuke Hamaguchi. Probablemente mi película favorita vista en el TIFF. El título fue estrenado en la pasada edición del Festival de Cannes dentro de la Competencia Oficial, donde obtuvo el reconocimiento a Mejor Guión. Es una hermosa alegoría basada en el Tío Vania de Chéjov pero ahora transportada al Japón contemporáneo, en donde personajes comunes y corrientes transitan en automóviles disertando sobre el sentido de la vida.

La acción se centra en la historia de un director de teatro intentando montar la icónica en donde paradójicamente la ficción se confunde con la realidad. Seguramente llegará a México a través de un festival de cine nacional o alguna muestra cinematográfica. Realmente es imperdible.

Jagged de Alison Klayman. Los fans de Alanis Morissette no deben de preocuparse, pues HBO Max ha adquirido los derechos para transmitir el controvertido documental que dio de que hablar en el TIFF. El núcleo de la película es la creación del mítico álbum Jagged Little Pill, lanzado en 1995, convirtiéndose en uno de los discos más importantes de las últimas décadas, tanto en ventas como en recepción de críticos y seguidores.

La polémica se suscitó cuando Morissette descalificó el documental después de verlo, argumentando que la directora se habría aprovechado de su estado de vulnerabilidad en el momento de la entrevista para cambiar el rumbo de la producción. Ustedes decidirán cuando lo vean próximamente en la plataforma.

La Civil: la película mexicana que enamoró al Festival de Cannes

La Civil de Teodora Mihai. Es la coproducción México-Rumania que se presentó en el Festival de Cannes y que provocó una ovación de pie de parte del público al trabajo de la primera actriz Arcelia Ramírez. Este drama, basado someramente en la vida de la activista Miriam Martínez, es un crudo retrato del día a día en la impunidad que se vive en este país. Arcelia caracteriza a Cielo, la madre que busca a su hija, con una compasión y audacia que sólo su talento y pericia le permiten hacer con una precisión casi matemática.

La película nunca cae en la manipulación ni la sensiblería a pesar de lo frágil y áspero de la temática y esto se debe principalmente al trabajo de la actriz. Seguramente el título dará mucho de que hablar ahora que llegue a México. Esta película la pude ver en la programación de Industry Selects.

Benediction de Terence Davies. Incluso para el estándar que maneja este prolífico director británico en sus trabajos, su última película sobresale del resto de su filmografía. Es un particular biopic del poeta Siegfried Sasson, cuyo mediano reconocimiento a pesar de su talento fue causa de que vivió los principios del siglo pasado ensombrecidos por la Gran Guerra y la persecución a los homosexuales.

Es evidente que la vida de Sasson funge como espejo del mismo Davies. La final batalla del hombre en busca de la redención a través de la religión católica es devastadora. Les advierto que se trata de una película sumamente triste y melancólica. Grandes actuaciones de Jack Lowden y Peter Capaldi, ambos caracterizando a Sasson en distintos periodos de su vida.

The Survivor de Barry Levinson. El incansable realizador, quien ronda los ochenta años y ha sido responsable de títulos como Diner, Rain Man, Wag The Dog (Mi favorita de su filmografía) y Good Morning Vietnam entre otros títulos, regresa con este título que narra la historia poco conocida de Harry Haft (un espléndido Ben Foster) boxeador sobreviviente de Auschwitz  gracias a su capacidad para entretener y divertir a los nazis a través de los encuentros boxísticos que se organizaban en el campo de concentración. Posteriormente Haft emigra a los Estados Unidos, donde tiene que reinventarse otra vez como deportista.

Si bien la película tiene una estructura poco convencional al mezclar los tiempos, al final nos deja la sensación de haber sido testigos de una de esas producciones clásicas centradas en un personaje heroico. Foster cambia de apariencia bajando extremadamente de peso para las secuencias de la guerra, mientras que se reconstruye para presentar al boxeador polaco en su etapa en los Estados Unidos. Finalmente es en este posterior periodo cuando sucede lo más interesante de la película al ver al protagonista atormentado por los fantasmas que en algún momento creyó haber dejado atrás.

En este articulo: IG,Toronto
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