enero 22, 2021

Un rebelde del rock muy carismático

“Tengo un don de Dios fantástico que es mi voz. Es un regalazo del Jefe de Jefes –claro, sin blasfemar contra los Tigres del Norte¬–”, palabras del talentoso Johnny Laboriel en una plática llena de recuerdos

Después de medio siglo, cientos de bandas y grabaciones, miles de conciertos y millones de notas lanzadas al aire para impactar el tímpano de cuatro generaciones, solamente ha habido un cantante con la fuerza, timbre de voz, potencia escénica y carisma para trascender durante las cinco décadas que abarca nuestra historia.

De voz y aspecto diferente –aunque todo mundo jura que es negro, él dice que es café– ha interpretado algunos de los clásicos más grandes y recordados de nuestro rocanrolero cancionero nacional. Lo de Rebelde del Rock lo sigue ostentando en su forma de pensar y de enfrentarse a un medio del espectáculo que él ha dominado, pero que sigue siendo manipulado y corrupto.

Johnny Laboriel nace el 9 de julio de 1942 en una de las familias de mayor prosapia musical de nuestro país. Es hermano de Ela, una gran cantante de jazz y pop –además de ser parte del equipo de la organización de Avándaro–, y Abraham, uno de los bajistas de jazz y músico de sesión más reconocidos del mundo. Pero el único que tuvo un don natural fue Johnny. ““En ese tiempo siempre fui utilizado, porque yo lo único que quería era cantar”, recuerda Johnny.

Laboriel crece –como persona y como artista– en una era que hoy, con la opacidad que acarrea tiempo y nuestra tendencia a crear mitos, se recuerda con nostalgia casi idílica, pero que vive problemas y situaciones que aún hoy se condenarían. En los años cincuenta, cuando la juventud descubre una identidad alejada de la de sus padres gracias a las películas de James Dean y al rock & roll de Elvis, se convierte en una capa social –antes considerada como de adultos imperfectos y como paso entre la niñez y la madurez– que reclama su sitio, su voz y su valor. Y la única forma era la que imponían los ídolos que llegan a través de la industria del entretenimiento americano. Johnny recuerda: “Yo fui pandillero. Cuando fui a ver una película de Marlon Brando, saliendo del cine, desconté a uno. Era lo que se reflejaba en esa época en las películas de Elvis Presley y James Dean.  Eso es lo que había, pandillerismo, ser un rebelde contra el status quo”.

Johnny comenta que la puerta del rocanrol se le abre cuando gana un concurso de aficionados en Radio Éxitos. “Me inscribí y gané de calle. Sin exagerar, canté más de mil veces la canción ‘Only You’, de Los Platters y ‘Tutti Frutti’ de Little Richard. Después comenzaron unas audiciones. Yo iba a entrar a un grupo llamado Los Black Jeans, donde luego entraría Cesar Costa, pero los vi con muchos billetes. Como que no me acomodé porque yo era de clase media bajísima y me quedé en un grupo que se llamaba Los Reyes del Rock y posteriormente, Jesús Martínez Palillo, en el Teatro Folis, nos bautizó como Los Rebeldes del Rock. Ahí inició toda mi gracia y mi desgracia”.

La voz de Johnny pronto llena con su potencia y melodía las estaciones de radio, programas de televisión de la época, además de los conciertos en directo que ofrecían en teatros, auditorios y localidades de toda la república. “Hicimos la Caravana Corona, donde recorríamos toda la república y había un camión que se llamaba el camión A Go-Go y el camión de las estrellas. En el A Go-Go íbamos Angélica María, Enrique Guzmán, César Costa, Manolo Muñoz, Leda Moreno, Las Hnas. Jiménez, Los Rebeldes, Los Locos del Ritmo. Todo lo hicimos así porque éramos una familia. Y todos éramos explotados, porque no nos interesaba el billete”.

El primer gran cambio de era del rocanrol se avecinaba, guiado por las ganancias y la mercadotecnia. De los originales rocanroleros se pasaba a los solistas-baladistas. Los cantantes insignias de los grupos abandonaban el juego en equipo y se convertían en los grandes personalistas. Adivina quién fue el único que no traicionó su corazón: “Por no obedecer a Paco de la Barrera, de Discos Orfeón, estoy tan flojo de billetes. Paco me dijo: ‘Johnny ya es la hora de los solistas’. Y le dije: ‘¡No! Yo quiero a mis Rebeldes. Nunca en la vida me voy a separar de ellos’. Yo no quise obedecer. Tanto presionó de la Barrera que nos dijo: ‘Vamos a ponerle violines a los Rebeldes’. Ya habían preparado ‘Mi pueblo’ con violines. Era una trampa para lanzar a Jonny Laboriel como solista. No lo acepté porque siempre le fui fiel a los Rebeldes. Hasta la fecha, sigo siendo el negrito de los Rebeldes, aunque soy café. Yo fui primerísimo que todos y ahora me dicen que yo soy de la época de Enrique Guzmán, de la época de Alberto Vázquez y eso fue por el simple hecho de no haberme salido a tiempo, ahora yo soy de la época de ellos”.

En este punto Johnny, sin perder su sentido del humor, enfoca la mirada en el vacío y continua vertiendo sus memorias musicales con un tono cercano a la denuncia: “No aportaron nada. Paul Anka les dio de comer a todos. César Costa tiene puras de Paul Anka. Lanzaron a Enrique y a César como una competencia, como Erasmo Catarino y Raúl. Ahora los que se hacen llamar Los Cuatro Grandes del Rocanrol de la época de oro, se están peleando porque “yo soy mejor que tú”. El que se debería enojar es Paul Anka, porque ellos los imitan [Laboriel parodiando a Anka: ‘Enrique Guzmán, te hiciste millonario copiando mis canciones y mi voz’]. Ese es el nombre que se deberían poner: Los imitadores del rocanrol. Todos éramos imitadores de los mismos, entonces no tenemos porqué pelearnos. Había una discoteca allá en las calles de Puebla y Orizaba y la manejaba Tony Figueroa y tenía todos los discos y ahí íbamos a buscar qué canciones copiar. Pero todo lo acaparó Discos Orfeón. Fueron los que acapararon todo el rocanrol”.

Pero el Johnny de “Melodía de amor» y “Hiedra venenosa» tuvo oscuras épocas donde el rock se manifestaba no en la música sino en los abusos y trasgresiones. “Estuve muchos años en drogas. Usé de todo. Cuando estaba en El Señorial, Flavio decía: ‘Vengan a ver el show tridimensional de Johnny Laboriel: mota, coca y alcohol’. Me di cuenta que era ya un entretenedor. Y si a eso le sumas que te das cuenta que te han estado usando, explotando la realidad empeora. El artista se vuelve víctima de sus propias creaciones. Yo por tener el miedo a no gustar, al rechazo, caí en eso. Yo no estoy en contra de las drogas, es más, ¡vivan las drogas! Con lo que no estoy de acuerdo es que no podamos manejar las emociones. El día que puedas manejar tus emociones, te pueden ofrecer coca, mota y alcohol y no dañarte. Pero como no te encuentras, te buscas en las pastas, la mota y el alcohol. Cuando no te conoces a ti mismo, de cualquier cosa te agarras. Me liberé de muchas cosas de mí mismo, pero yo no sabía. Yo estuve en Huautla, con mamá Sabina. Así le decíamos –Johnny hace una pausa para respirar profundamente y comienza a sollozar–  la amé con toda mi alma. Y crees que te encuentras con los hongos, pero no son los hongos, eres tú”.

Y concluye con su genuino tono: “Johnny Laboriel ha sobrevivido, a pesar de todo lo que ha perdido. Imagínate haber grabado ‘La Tómbola’ con Plastilina Mosh. Es una bendición. Hay chavos que me dicen que soy el Número uno y que me quieren. Es algo fantástico.  Doy gracias a Dios que no soy una nostalgia. Y eso de ser nostalgia y tener un hermano muy reconocido y un sobrino que toca con Paul McCartney, como que no hace sentido”.

Escucha 15 grandes éxitos:

En este articulo:
https://bit.ly/35NuWfi

Te puede interesar

Video